Extremoduro
Conciertos / Extremoduro

Extremoduro

6 / 10
Carlos Álvarez — 17-05-2008
Empresa — Last Tour
Sala — Palacio de Deportes / Santander
Fotógrafo — Ernesto Castañeda

Suenan los primeros acordes de “Deltoya”, y de inmediato el público estalla en un éxtasis colectivo. Así arranca el primer concierto de la nueva gira de los que inventaron lo del rock transgresivo. Llevan varios años sin pisar un escenario y el público les echa de menos: hace días que se colgó el cartel de “no hay entradas”, y en la puerta bastantes buscan desesperados algún reventa. La excusa de este retorno es la presentación de su nuevo disco, “La ley innata”, aún inédito, y cuya presencia en el repertorio fue meramente testimonial. Aparte de eso, casi nada ha cambiado, como si nunca hubieran parado de tocar. Para bien y para mal. Extremoduro siempre ha levantado pasiones encontradas. Aparecieron en el momento en que el rock urbano pasó a ser conocido como rock kalimotxero, pero no creo que sea justo culparles por lo que han perpetrado algunos de sus imitadores. Su rock duro de inspiración progresiva y la poesía cabreada con la que Roberto Iniesta cuenta historias de amor, droga y marginalidad se han convertido en un estilo en sí mismos. Se les puede acusar de crear sonidos que no buscan la sofisticación (ni falta que les hace: ellos encarnan el orgullo de la periferia, de las provincias, del cinturón industrial, del mundo rural) o de haber caído en la repetición de una serie de recursos un tanto limitados, pero muy pocos pueden ofrecer un concierto completo como una colección de himnos encadenados: “Pepe Botika”, “So payaso”, “Jesucristo García”, “Ama, ama y ensancha el alma”, “Salir”… Con un material así entre manos, es natural que se presenten desde un status de grandes estrellas, con un show de dos horas y media cargado de exhibicionismo rock (carreras, solos de guitarra subidos encima de los monitores, invitaciones a que el público coreara las letras…). Lo que parece que tampoco ha cambiado es su afición a los excesos. Si bien en la primera parte de la actuación todo fue bastante correcto –las únicas pegas, el sonido chungo y la actitud distante de la banda-, a partir del primer descanso (“Volvemos en un cuarto de hora. Vosotros ya sabéis para qué”, se despedían cómplices) el grupo empezó a tocar de forma cada vez más torpe, y por momentos el desfase entre el guitarrista Iñaki Uoho y el resto de músicos fue más que evidente. La parte final de la actuación, ya sin Robe en el escenario y con el grupo perdiendo definitivamente su norte, creo que nos lo debían haber ahorrado. Sobre el balance de la noche… ¿Cómo era eso del vaso medio lleno o medio vacío?

2 comentarios
  1. Kudos! What a neat way of thkining about it.

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