Disfrutando a la contra
ConciertosCanela Party

Disfrutando a la contra

9 / 10
David Pérez — 05-09-2026
Fecha — 29 agosto, 2026
Fotografía — JM Grimaldi

Con Palestina aún muy presente (banderas en los escenarios y mensajes made in Canela en las pantallas como “Free Palestine, Lebanon, Congo, Sudan, Sahara Occidental…”) y sin olvidar muchas de las injusticias que dividen y minan la convivencia interesadamente, seguimos encontrando cada agosto nuestro pequeño oasis de paz, diversión y resistencia sonora en el Recinto Ferial de Torremolinos, donde se volvió a asentar Canela Party, nuestra aldea Gala particular con gente llegada de diferentes puntos de España para seguir disfrutando a la contra, unidos y revueltos, con la música, la imaginación y el humor como únicas armas arrojadizas. Así, con proclamas en los escenarios Fistro y Jarl (Chiquito siempre ángel de la guarda) que nunca le pierden la cara a la realidad (“Gentrifica tu culo, no mi barrio” o “Menos zonas VIP y más zonas verdes”), ni olvidan la cercanía (“Sin que sirva de precedente: feliz cumpleaños, Esteban, de parte de tu colega Marco”), ni el eco y recuerdo de los verdaderos héroes eternos (“Menos latte macchiato, más Franco Battiato”), casi 17.000 personas repartidas en tres días, volvimos a vivir y demostrar que Canela Party is different, flotando por los aires junto a cañonazos de confeti, música y disfraces de todos los colores.

Jueves, 27 de agosto

Este año tocaba apretarse el cinturón y recortar jornada, el miércoles gratuito, para no perder el latido y sello propio de la autogestión, por lo que pasamos de cuatro días a tres que teníamos que exprimir al máximo, ¡a ello vamos!
El pistoletazo de salida en el escenario Fistro lo dan los barceloneses Me and The Bees, surfeando el aún sol de justicia que nos cae encima con sus refrescantes armonías vocales y chispeantes guitarras noventeras. De clásicos afilados como “The Only One”, a la melancolía luminosa que irradia su último trabajo hasta la fecha, “Siempre igual” (25), con dardos ganadores al lado izquierdo del pecho como “Llorería”, “Nostalgia” o “Ni tan mal”; pasando por la doliente y liberadora “Así son las cosas y así se la hemos contado”, con el grito a los cuatro vientos por todas y todos los presentes de “Fue maltrato!, ¡fue maltrato!”, o la también muy coreada “Tú no”, bajo el primer cañonazo de confeti del festival con el atardecer ya sonriendo.

La sorpresa más grata de la jornada inaugural nos la brinda el sexteto londinense Man/Woman/Chainsaw en el escenario Jarl, con el guitarrista Billy Ward y la bajista Vera Leppänen al mando, más el plus de Clio Harwood al violín, que nos envuelve y atrapa cada vez que aparece. Desgranan su notable debut “Cannonball” (26), montándonos en una montaña rusa en la que suben y bajan las pulsaciones a su antojo con temas como la embriagadora “Something Else to give”, “Only girl” o el refugio y clímax de una “Nosedive” en la que nos habríamos quedado a vivir hasta la próxima edición.

Teníamos muchas ganas de disfrutar en vivo de la magnífica y marciana locura “The New Sound” (24), estreno en solitario de Geordie Greep, pieza clave de los no menos extraterrestres y geniales Black Midi. Como si Frank Zappa llegara con traje y alma crooner acompañado de una little big band de relumbrón en un platillo volante sonoro inclasificable, sudando psicodelia, soul, latin/free jazz y tormenta rítmica a cada paso. Es cierto que hubo momentos de spoken word del bueno de Geordie que se hicieron un poco bola, pero el virtuosismo y la pasión descarnada sobre las tablas no dejó de arder de principio a fin, ya fuera con los ritmos latinos de “Terra” o en ese subidón final de “Blues” que casi nos revienta el pecho, pasando por el adictivo centrifugado sonoro de “Holy, Holy”, provocando el primer gran temblor de tierra del jueves.

Tocaba bajar las pulsaciones (que no la intensidad emocional) con la esperada artista francesa Melody Prochet y sus Melody's Echo Chamber, que nos envolvieron desde el primer parpadeo bajo una onírica psicodelia y luminosa bruma pop que se te quedaba pegada como salitre a la piel. Recorrieron los surcos de su último “Unclouded” (25) en la primera fase del concierto, en la que brilló hasta cegarnos la “Eyes Closed” de apertura, pero pronto sentimos que los seductores cantos de sirena de Melody Prochet se escuchaban más bajos de lo deseable y nos desenganchamos del show por momentos, hasta llegar a temas más industriales y oscuros como “Crystallized” o la épica lisergia explosiva de una “Pêcheuse de lune” con la que volvimos a montarnos en su nave espacial. De su debut homónimo de 2012 lucieron piezas resplandecientes y vibrantes, como la espectral ensoñación de “Quand Vas Tu Rentrer?” o una contundente “Some Time Alone, Alone” como una de las cumbres del set, rematado con otra joya de la corona, una emocionantísima “I Follow You” que erizó hasta la legua de los que no paraban de hablar (ojalá, con amor, que algún día se le caiga al suelo). Terminaron por fundir la noche en el vaivén de guitarras de “Shirim”, con la voz de Prochet danzando mar adentro y ardiendo “como esa mariposa que se abrasa en la luz”, despidiéndose y marchándose del escenario mientras la banda exprimía sus instrumentos sobre las tablas.

Y si el jueves era día fuerte, una de las actuaciones más ansiadas llegaba con los británicos Basement, con el público en el bolsillo antes de comenzar con la fulgurante “Time Waster”, tema que abre su flamante y esperadísima vuelta, “WIRED” (26), del que enlazan dos bombas seguidas más, la muy grunge “Deadweight” y la más melódica “The Way I Feel”, más la titular y una magnética “Head Alight” en la recta final. Pero la indiscutible cima de post-harcore melódico con garra punk y alma emo llega cuando se sumergen en su segundo trabajo, “Colourmeinkindness” (11), con la llameante “Whole” y el previo himno de la banda que deja uno de los momentos imborrables de la edición, un “Covet” coreada por todos junto a un Andrew Fisher que termina de quemar sus cuerdas vocales y fundirse con el resto de la banda. Traca de cierre con las contradicciones y bipolaridad con espinas del amor en “Promise Everything”, envolviéndonos en un nuevo enjambre sonoro que deja marca.

Si este año hubo mala suerte por las numerosas cancelaciones de bandas (por motivos ajenos al festival) como Skegss, The Beths, DITZ y Getdown Services, suplidas brillantemente por los organizadores con Chalk, Geordie Greep, MAQUINA. y Prostitute, la bola de partido más complicada de salvar se antojaba la de los neozelandeses Unknown Mortal Orchestra, uno de los grandes reclamos del cartel de este año, que suspendieron a ultimísima hora su gira europea por una emergencia médica. La organización volvió a agitar la varita y se sacó de la chistera a Friko, joven banda de Chicago que aparecieron en escena con su segundo álbum bajo el brazo y la difícil tarea de suplir a los que quizás fueran el plato principal de la jornada… Primeros acordes y estrofas de la descomunal “Guess”, aceleran y nos vuelan la cabeza. Sin lugar a dudas, la revelación de este año, interpretando cada tema con una sensibilidad y desgarro apabullante, como si fuera la última noche en la Tierra. Una base rítmica que hace que se tambaleen los cimientos de Torremolinos y un huracán de guitarras constante, más esa lágrima de fuego en la garganta de Niko Kapetan que poseen pocos y que se acerca y recuerda a la cruda vulnerabilidad de Conor Oberst y a la teatralidad descarnada de Isaac Wood (¡qué buena su vuelta! ¿nos lo traemos al próximo Canela?). Continúan por las carreteras secundarias y principales de su último trabajo, “Something Worth Waiting For” (26), del que interpretan seis de sus nueve canciones, destacando (además de “Guess”) una “Still Around” ultra pegadiza y a tumba abierta, y la titular, con giros mil y casi de cierre, “Something Worth Waiting For”. Y si ya nos habían cautivado, se marcan una versión ganadora del “Ceremony” de New Order que deja huella y el fin de fiesta perfecto con “Get Numb To It!”, paradiña de Niko incluida tras tragar confeti (literal).

En nuestra lista teníamos apuntados a fuego a Maruja, que firmaron uno de mis discos internacionales favoritos del pasado año, su debut “Pain To Power” (25), del que tocan cinco de sus ocho piezas, y que no pudimos ver en el pasado Canela por ser la única baja de la edición. El cuarteto de Manchester salen a por todas y nos pasan por encima con una “Bloodsport” directa a la yugular, con el fraseo, spoken words, gritos y rapeo venenoso de Harry Wilkinson al frente, una guitarra afilada en segundo plano que viene y va, una base rítmica demoledora y el saxo de azufre de Joe Carroll que serpentea a sus anchas y deja quemaduras en cada pista. De la altamente incendiaria “Break the Tension” a una “Saoirse” en la que cogemos un poco de aire, pasando por los más de diez catárticos minutos de “Born to Die” y los otros diez finales de la poseída “Look Down On Us”. Post-punk que bebe del espíritu de resistencia, furia política e intensidad visceral de IDLES, además de nutrirse del free jazz, el rap, el punk y el noise-rock en llamas, hermanándose con bandas como Deadletter, Squid, Black Midi o Shame. Con sus dos primeros EPs completan el show, de “Knocknarea” (23) eligen la tormenta de “Thunder”, y de “Connla’s Well” (24) rescatan la posesión desenfrenada de “Zeitgeist” y “The Invisible Man”.

Estamos ya para el arrastre, pero un cambio de horario (se retrasó el vuelo de Prostitute) nos resucita de la mano de Baiuca y un penúltimo baile bajo una bola de espejos que gira a ritmo de folktrónica de raíces gallegas, con Alejandro Guillán a los mandos de la nave espacial, flauta y gaita, la percusión ancestral de Xosé Lois Romero, la cantante y compositora gallega Antía Muiño y las indispensables voces de las pandereteiras Alejandra y Andrea Montero. De “Morriña” a los ritmos tribales de “Veleno”, hasta llegar al cierre de confeti de “Ribeirana”

Nos queda un hilo de energía y la ráfaga de hardcore a todo gas de los australianos Speed termina por zarandear la madrugada y generar el último gran pogo de la jornada, seguidos del explosivo noise-rock arabe y post-punk experimental de los neoyorquinos Prostitute, con el frontman Moe Kazra liderando el proyecto, rezumando magnetismo y teatralidad en cada interpretación. Repasan su único álbum hasta la fecha, el interesante y conceptual “Attempted Martyr” (25), disco que narra el ascenso y la caída de un fanático.

Cabe señalar que algunos carajotes (que se podían quedar en sus casas o en otro planeta) tiraron vasos al escenario… La organización lo denunció rápidamente y además aparecieron mensajes marca de la casa al día siguiente en las pantallas: “Tira besos al aire y no vasos”. Yeah.

Mannequin Pussy

Viernes, 28 de agosto

“Explícame qué puedo hacer / si ya estoy viendo amanecer / y no he dormido nada / mirándote la cara…”. Si el día anterior solo tocaron dos bandas nacionales, hoy gana el producto de cercanía y calidad por goleada. El sol aprieta al público valiente que crece y crece en el escenario Fistro, pero poco importa el calor o el frío, “si es contigo / estaré bien aunque me caiga un rayo”. La tarde tiene uno de los mejores inicios que recuerdo en el Canela Party con el envolvente e hipnótico shoegaze interestelar de la banda valenciana Gazella. El quinteto crea sofisticadas atmósferas que no nos dejan tocar el suelo, enredaderas luminosas de guitarras y sintes que trepan hacia el cielo de Torremolinos y desprenden una brisa fresca que huele a jazmín y verano interminable. Recorren surcos de sus dos notabilísimos largos hasta la fecha, el homónimo “Gazella” (23) y “Vías” (25), más un par de espléndidos sencillos del EP “Vías B”, una “Velcro” inicial en la que ya perdemos la cabeza, el corazón y el sombrero (“Ya no me acuerdo de donde te has ido, / pero si vuelves te estaré esperando”), y la no menos hechizante “Komorebi”. La voz de Irene Ricart ha reemplazado el gran vacío que dejó Raquel Palomino el pasado año y la banda sigue brillando en un show construido, en su grueso, por canciones de su primer disco, del que siguen atravesándonos a la primera pistas como “Azul (ctrl z)”, “Sol Menor” o la laberíntica “Espiral” en la que caemos y no podemos ni queremos salir. Y del segundo trabajo son dos certeros zarpazos los que nos hacen levitar sin que apenas nos demos cuenta: “Kim y Jimmy”, con Irene Ricart y Lluisen Capafons taladrándonos el corazón con esa pregunta en bucle, “¿Dónde te has ido?”, y la explosión final en la que la banda al completo queman las naves y se funden en una; más el colofón con una maravillosa “Un lugar” que no deja de crecer y crecer en directo, con las guitarras de Alba Raja y Adrián Camáñez (poseído por Nels Cline) al rojo vivo.

El listón está muy alto nada más empezar y apremia un pogo tempranero en el escenario Jarl… Dicho y hecho, fácil nos lo ponen los madrileños Fuet! con una balacera hardcore punk que pocas bandas pueden imitar, con Rubén Armisén desgañitándose y estirando sus cuerdas vocales al máximo. Repasan su aplaudido debut de principio a fin, atronando y haciendo temblar cada palmo del recinto con hits furiosos como “KITKAT”, “Green Lights” o “THINK THINK THINK”, y echando más y más madera con artefactos inflamables que formaron parte de su EP homónimo, “Fuet!” (20), como “252” y “Mexican flags”. Locura y catarsis colectiva que lleva a gran parte del público a sentarse en varias filas en el suelo e imitar el “remo vikingo”, ritual que la selección de fútbol de Noruega y sus aficionados popularizaron durante el pasado Mundial. En la traca final nos arrojan su último sencillo hasta la fecha, “Roll With It”, y una “Becoming A Ghost” de despedida que nos revienta en la cara sin que nos dé tiempo a parpadear.

La eclecticidad sonora del viernes sigue creciendo y enriqueciéndose con proyecto dispares y sobresalientes en cada uno de sus géneros, y si ya disfrutamos en ediciones anteriores de propuestas flamencas y mutantes top, como la puesta de largo festivalera del imprescindible “Tercer cielo” (22) de Rocío Márquez y Bronquio, o el debut del superproyecto Frente Abierto, este año es el turno de otra de las voces y creadoras flamencas del momento, Ángeles Toledano. La seguíamos antes de que diera el espaldarazo definitivo, primero con ese mágico proyecto basado en “El poema del cante jondo” de Lorca con el que giró y lanzó junto a Víctor Cabezuelo, Gloria Maurel y Javier Martín, “Tengo tres estrellas y veinte cruces” (23); y luego con su sobresaliente debut en solitario, “Sangre sucia” (24), un disco que ha ido creciendo y mutando en directo hasta llegar al día de hoy, acompañada solo por el toque de Benito Bernal, unos sintes que ella misma maneja y sus palmas. El show mismo se va transformando, quitándose y poniéndose pieles naturales y sintetizadas, intercalando interpretaciones más desnudas, clásicas y flamencas, con otras que van ganando en experimentación y subiendo la dosis electrónica. Y en el centro de todo una voz con sensibilidad y poderío a raudales, que domina la tradición y abraza su contemporaneidad con valentía por Soleá, Seguiriya, Bulerías, Alegrías, Jaleos Extremeños, Toná Campesina, Sevillanas o Rumbas con la misma maestría y pellizco. De blanco y con una gran bata de cola, rodeada por una escenografía de luces futuristas y manos blancas tocando palmas como palomas de libertad y lunares que eclipsan a la luna cuando Ángeles manda, disfrutamos de temas como “Nada ha pasado, pero todo es distinto” y esas otras coplillas por bulerías de “Nocturna Manzana” que ilumina el caminar de este Canela y abre senda para el próximo, pasando por “Mamá, tenías razón” (siempre la tienen), la celebrada “X Las Niñas” o una “Araora” enmarañada en sonidos espectrales, humo y luces rojas que habría hecho aullar al mismísimo David Lynch. Se arranca con Benito por sevillanas y se baja del escenario para que la feria flamenca de Toledano nunca se olvide en Canela Party, bailando con el público y volviendo a las tablas para rematar la fiesta por rumbas y fandangos.

Seguimos (como recuerdan las pantallas) con “100% disfrutación, 0% solapación”, y ya dijimos que los canadienses METZ son hijos predilectos de Málaga y Torremolinos (han tocado cuatro veces en el Canela) y que su líder Alex Edkins desayuna un día sí y otro también espetos en Toronto. Es ya parte de la familia Canela y era de recibo que el bueno de Alex presentara su proyecto en solitario Weird Nightmare en su segundo hogar. Viene con un muy buen segundo disco recién salido del horno bajo el brazo, “Hoopla” (26), más melódico y soleado aún que su antecesor, menos punk y más power pop afilado en vena. Y eso nos regala en un concierto que disfrutamos de principio a fin, de la genial “Headful of Rain” inicial a la supermelódica y pegadiza “Might See You There”, pasando por hits de su debut homónimo de 2022 como “Lusitania”, “Searching for You” y una espléndida versión del “Trouble Comes Running” de Spoon que aún saboreamos. ¡Qué no le falten nunca sardinas ni camperos a Alex Edkins!

Y llegó otro de los bolazos de esta edición con Mannequin Pussy y una Marisa Dabice (del susurro más dulce al alarido más ensordecedor en un segundo) como diva punk y líder total de la jornada. Se dirige al público en “fluido” español a lo largo todo el show y rebosa carisma, simpatía, discurso y rock ‘n’ roll actitud sobre las tablas, haciendo que el temblor de tierra se sienta por toda la Costa del Sol; flanqueada por una banda que suena tan afilada y contundente que no salta el escenario Fistro por los aires de puro milagro. Mención especial para esa base rítmica endiablada que rezuma clase y flow por los cuatro costaos, con su bajista Colins “Bear” Regisford por encima del bien y el mal. El cuarteto de Filadelfia recorre sus cuatro largos, haciendo especial parada en su último artefacto incendiario, “I Got Heaven” (24), del que suenan especialmente vibrantes, magnéticas y rompedoras piezas como la seductora “Softly” inicial o una “I Got Heaven” que funde con “Of Her” y no deja títere con cabeza. De su debut homónimo de 2014 la elegida es “Pissdrinker”, oscura, rocosa y hechizante, precedida antes por el único tema que tocan de “Patience” (19), una “Drunk II” tan luminosa y adictiva que nos aferramos a ella con uñas y dientes para que no termine jamás o que se acabe el mundo tras ella. Pero no se acaba y en la recta final nos aplastan con una “Everything” a quemarropa, que habría hecho salir por patas y temblando a los mismísimos Deafheaven si hubieran estado presentes. Nos rematan con la no menos abrasiva “OK? OK! OK? OK!”, nos dan un pequeño falso respiro en una “Romantic” llena de recovecos emocionales, matices sonoros y espinas, y terminan de reventar la jornada con una “Loud Bark” en la que hasta la luna recibe una dentellada de Marisa Dabice, con la banda al completo ardiendo y renaciendo en el escenario. “Not a single motherfucker who has tried to lock me up / Could get the collar round my neck / Or find one that's big enough…”. No, juegan en otra liga y nadie puede ponerle a Marisa un collar en el cuello.

Hemos pasado solo poco más del ecuador y ya hemos tocado y roto techo, así que irremediablemente toca perder altura y guardar un poco de energía para disfrutar de las subidas y bajadas hasta el final. Primero pasamos por el escenario Jarl y la tormenta hardcore melódica con nervio brit-pop, latido post-punk y atmósferas shoegaze cae de la mano de los británicos High Vis y su frontman Graham Sayle como punta de lanza. Del “Drop Me Up” inicial a “Walking Wires” o “Altitude”, hasta llegar a “Trauma Bonds” como himno final. Conciencia de clase y alma combativa hasta el último suspiro.

Y ahora toca Triángulo de la Bermudas nacional en el que nos perderemos irremediablemente. La Paloma reman a la contra desde el comienzo, parando y repitiendo “Intacto” por problemas técnicos, pero luego levantan vuelo y demuestran que están más que rodados, con un buen arsenal de hits indie-pop-rock y guitarras al poder como gasolina y fuego. Las piezas de su primer largo “Todavía no” (23) y los dos Ases del EP “Una idea, pero es triste” (21) son las que siguen marcando la diferencia y calando a la primera, coreadas por fans y profanos: De “Sigo aquí” a “Algo ha cambiado”, pasando por “La edad que tengo”, “Bravo Murillo” o esos “Palos” que siempre abren y sanan heridas como colofón perfecto.

La siguiente banda viene al Canela a por todas y más, Rufus T. Firefly, disfrazados aunque toquen un día antes del gran pitote y bien cómodos, con batas, pijamas y babuchas de todos los colores (las de unicornio de Manola se llevan el primer premio). Además, tan lisérgicos, espaciales y únicos como siempre, se marcan un set diferente para la ocasión, más instrumental y con introducciones y finales extendidos que nos hacen imposible tocar el suelo. Redespegamos con “El Coro del Amanecer” y el baile atmosférico de sintetizadores psicodélicos, con Julia Martín-Maestro como latido de la banda a la batería, continúa con cuatro compañeras más de surcos de “Todas las Cosas Buenas” (25): la titular, con esa embestida inicial y teclados que ya nos dan una vida extra, la brisa sinuosa y seductora de “Trueno Azul”, la rave alienígena de “Dron sobrevolando Castilla-La Mancha” y “El Principio de Todo”, con Julia marcándonos el rumbo hacia la luz para “salir de la oscuridad,” y Víctor haciéndonos flotar sobre su fraseo y teclados multicolores junto a toda la banda. Sabemos con quiénes podemos contar cuando se hace largo el invierno y Rufus siempre están ahí (también en verano) para echarnos una mano con “Sé dónde van los patos cuando se congela el lago”, más resplandeciente, funky y bailable que nunca. “No duerme nadie esta noche…”, apoteosis en el cierre con una “Río Wolf” bellísima y crepuscular, con Víctor y Julia fundiendo amaneceres y anocheceres en un solo final para el recuerdo. Y entre el caos de un mundo cada vez más distorsionado, se abre paso de nuevo la música, como en un sueño, y “en la noche más oscura mi guitarra resplandecía, / aplastaba mil fascistas con la espada de la justicia”. Nos vamos con “He soñado que tocaba en Triángulo de Amor Bizarro”, una de las bandas que debería tocar siempre en el Canela… ¡Y los Rufus también!

Se cierra el Triángulo de la Bermudas nacional con los valencianos Mala Gestión en estado de gracia y plena forma, con el público al completo conectado en cada hit incontestable y gamberro. Fuego y “Dios me tiró un Ducados Rubio” seguida de “Skol” y el Canela patas arriba. Hacen especial parada en su último y aclamado “Hacemos lo que podemos” (26), de la pegadiza titular, a seguir derrochando humor y estribillos (“Ni tú ni Nadie” in the air) en “Ex-Ex (pareja)”, hasta el acabose del pogo-rave cañí final con The Prodigy sobrevolándonos, “Sandalias del PSOE” junto a Las Petunias y la esperada “Noche de Casino” (This Gambling Man).

Pasan las tres de la mañana y el trío lisboeta MAQUINA. resucita hasta a los muertos en pocos segundos. Su genuina fórmula endiablada de oscuro techno-rock-industrial nos taladra el pecho y empuja a un trance del que es imposible salir. Vienen con flamante trabajo (y bajista) bajo el brazo, “Body Transmission” (26), con bucles de riffs más rocosos y cortantes, más un extra de base rítmica y electrónica oscura y martilleante marca de la casa. Nos zarandean y hacen que tiemble la madrugada bajo una apocalíptica bola de espejos al ritmo del nuevo material: “Dança”, “Agony” o “Pressure/Pleasure” y la tierra arde bajo nuestros pies. De su anterior disco, “Prata” (24), las llamaradas y el olor a azufre lo ponen con “Desterro”, “Kontakte” y “Denial”, todas envolventes, sudorosas y altamente adictivas. Hasta con una versión “maquinada” de la “Macarena” se atreven, coreografía incluida. Genios y figuras.

Deafheaven

Sábado, 29 de agosto

El gran pitote comienza y si no vas disfrazado te arrepentirás. Y sí, la música es lo primero, pero no disfrutarás del todo de este festival único en su especie. Y como siempre la locura, el surrealismo, la genialidad y el buen rollo se dan la mano en esta jornada final de Canela Party, en la que desfilan e interactúan en completa armonía los personajes más variopintos: del elenco casi al completo de “La Vida de Brian” a José Luis López Vázquez encerrado en “La cabina”, pasando por varios personajes del Street Fighter dándolo todo en el “bonus del coche”. También te puede encontrar a Javier Bardem, con el mismo outfit que animaba a la selección en el Mundial, o al Tom Cruise de “Nacido el 4 de julio” tras volver de Vietnam en silla de ruedas (terminará levantado por el público en medio de un concierto). Dicen que siempre hay músicos famosos que se quedan con las ganas de entrar en el cartel del Canela, este año uno de ellos fue David Byrne (por partida doble) quien estuvo entre el público con el traje gris extra XL del “Stop Making Sense”. Y la magia la puso nuestro añorado Juan Tamariz haciendo juegos de cartas y tocando el violín invisible. Todo es posible en Canela Party y debes verlo para creerlo.

La música comienza y las bandas también se apuntan a la fiesta, con Amor Líquido inaugurando el día grande en el escenario Fistro disfrazadas de “fiesta de pijamas” y, en la pantalla, junto al nombre del grupo la frase: “A ver si me despierto”. De nuevo el sol pega de lo lindo, pero un gran número de seguidoras y seguidores no deja de cantar de la primera a la última canción que lanzan a los cuatro vientos la banda. Ráfaga fresca de pegadizo pop-punk con mordida propia y combativo. De “Guárdame un sitio” a “A ver quién miente más”, pasando por el pellizco en el pecho de “Tus manos” y los dos bombazos finales, “Mírame”, con confeti incluido, y “Marimacho”.

Los disfraces y la diversión siguen su curso, y el murciano joseluis y toda su banda toman la delantera sobre los escenarios, reencarnados en Jarl de Elvis Presley, con rótulo luminoso en la gran pantalla del escenario: JOSELVIS. Presentan su debut “Por Ahora Para Siempre” (25) y “pienso en ti varias veces al día, / veinte más de las que debería…”, comienzan a corazón abierto con “Fortuna”, pasando por una “Guapo” que rematan a lo Rey del Rock y se despiden con una cada vez más actual “Miedo de un País” y la doliente y bellísima “Navajas de Albacete”, con gente entre el público disfrazados justo de ese tema, cantando a viva voz cada estrofa.

La ferocidad sonora sube y revienta con los barceloneses Sandré, con Rosa Pagés dejándose la piel en cada salvaje interpretación, fundiéndose en cada embestida con una banda que no hace prisioneros. Punk a quemarropa con cumbres explosivas como “Perro” y el “Cabeça” de su último disco, “Paciencia infinita” (26), interpretado (como firmaron en el estudio) a tumba abierta junto a Miguelito García, que cerrará el festival con sus Cervatana. Cogemos aire, seguimos haciendo juegos de magia y recordando en cada cambio de escenario que “Tamariz vive” y, ya situados en Jarl, nos convence y cautiva el directo de la alienígena (disfraz) brasileña Karen Dió, pero no tanto el sonido que la acompaña. Su actitud y presencia suman, saltos, bailes y patadas al aire mil, disparando punk rock-pop a diestro y siniestro desde las iniciales “Euphoria” y “Free Yourself”, pasando por la muy pegadiza “Stupid” y la “Sick Ride” final, con The Offspring bajo las alas. Volando cambiamos de focos y seguimos con los californianos Wavves, disfrazados de Kiss de andar por casa, que nos invitan a coger olas a base de luminoso surf-punk y, aunque no terminan de convencernos, sí que disfrutamos de temas como “King of the Beach”, “Tarantula”, “Nine is God” o el “Green Eyes” de cierre.

En las tres actuaciones siguientes encontramos a los grandes reclamos de la jornada. Primero un trío de magos (a lo Merlín) para la ocasión, los neoyorkinos Nation of Language. Y la cosa comienza seria, el vocalista y guitarrista Ian Devaney, la teclista Aidan Noell y el bajista Alex MacKay despliegan su mágico, luminoso y personalísimo conjuro de pop sintetizado, new wave y post-punk en el que caemos embrujados desde la maravillosa “This Fractured Mind” inicial. Le siguen dos masterpieces más, “September Again” y “Sole Obsession”, siempre envolventes y bailables, que impactan en el centro de la diana de la emoción de la noche, haciendo que el trance colectivo sea ya completo y no haya alma entre el público que quiera despertar. La conexión y el disfrute que transmite el trío es total y, por unos instantes, entre los aromas y colores mil que despliegan con la hipnótica “In Your Head” o con la melancólica y sanadora “Inept Apollo”, intentando reducir esos kilómetros que separan a dos corazones rotos, sentimos que sí, esta vez sí, este puede ser un verano eterno. Por si acaso, la magia definitiva la ponen con una “The Wall & I” que querríamos que nunca dejara de sonar y una hermosísima “Across That Fine Line” final que para el tiempo, mientras bailamos bajo la lluvia de confeti más alucinante de este Canela Party 2026. En mi top personal de esta edición junto a Mannequin Pussy.

Seguimos en las alturas con una función de circo inolvidable de la mano de los incombustibles e infalibles Carolina Durante, que se llevan el premio de calle al mejor disfraz de bandas (payasos, forzudos, animales enjaulados y un hombre palomita que termina volando sobre el público y que es imposible quitarse de la cabeza), más una currada escenografía para la ocasión, incluida la carpa roja y blanca y la salida a las tablas con el “Había una vez un circo” de Gaby, Fofó y Miliki atronando de fondo. Se han convertido en la indiscutible banda de su generación y la tromba de hits que nos vuelve a caer encima parece no tener fin, cantados y bailados por el público al completo que abarrota el escenario, del “Joderse la vida” inicial, al “Normal” y “Hamburguesas” de despedida. Y hablando del tema de cierre de Carolina, cabe destacar que, un trío de fans de la banda iban disfrazados de esas tres “cosas preciosas” que dice la canción que hay fuera: una iba de “Hamburguesa”, otra de “Fútbol” (balón) y otro de “Madre”. Genios.

Si Amenra se llevaron el esperado cañonazo de confeti negro el pasado año, esta vez les toca a los californianos Deafheaven, que se marcan el concierto más oscuro y radical de la edición, haciendo las delicias de los fans y que algún despistado/despistada hasta pierda el disfraz del susto al salir corriendo. Una apisonadora sonora que nos aplasta y hace flotar al mismo tiempo, cóctel de black metal y shoegaze del que, si entras, no puedes salir… y cuando lo consigas, será con quemaduras y cicatrices. “Incidental I”, “Doberman” y “Magnolia” y ya estamos hechos añicos.

Recuperamos los oídos, pero no bajamos la intensidad con los también estadounidenses Upchuck, firmando uno de los shows más combativos y políticos del día, con Kaila “KT” Thompson rapeando fuego en cada interpretación, desde el escenario y entre el público. Pura combustión instantánea con lo mejor de su arsenal, de “Freaky” a “Facecard” o “Upchuck”. Otro de los directos que dejan marca.

Recta final con un hilo de energía y la primera parada es con Las Petunias y su punk-pop a discreción. Ya disfrutamos de las madrileñas este verano en el Bilbao BBK Live y hoy también reparten cera de la buena en Torremolinos, comenzando con versión del “Si quieres” de Cariño y exprimiendo después su afilado debut, “Creo que soy de porcelana” (24), del que suenan especialmente magnéticas y explosivas “Shhh!”, “B0mb4” y la siempre ganadora “Marcelo Criminal”. De Jarl a Fistro y nos espera el dúo de Belfast Chalk (en formato trío para el directo junto a un batería) para ofrecernos un penúltimo baile a base de post-punk industrial con una buena dosis de techno-dance oscuro. Con “Get Fucked” nos resucitan, pero el cansancio ya aprieta y, como cantó Mala Gestión, “hacemos lo que podemos” para resistir y disfrutar del trance colectivo al que nos arrastran los irlandeses.

Eran la guinda/bomba perfecta, pero los cuerpos tras ya casi tres días de Canela están en las últimas, y les toca salir a escena rozando las cuatro y media de la mañana… Pese a todo, Cervatana, con nuestro carismático Miguelito García al frente, salen a por todas, con disfraz y presentación para el recuerdo a lo Matrix, con Elena Gog contoneándose y esquivando las balas. También los pudimos ver el pasado julio en el BBK y lo pusieron patas arriba, como hoy hacen para cerrar otro Canela sobresaliente. Cada vez suenan mejor y el show es más absorbente, compacto y contundente. La rave es total y recorremos cada uno de los capítulos de su debut homónimo, para terminar por estremecernos con “La Flor” y, por más que huimos de “La bomba”, somos y pulsamos el detonador. Aún sigue y seguirá apareciendo confeti hasta donde menos te lo esperas. Pues eso, ¡larga vida a los festivales independientes!

 

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