Body Transmission
DiscosMaquina.

Body Transmission

7 / 10
Fran González — 24-07-2026
Empresa — Fuzz Club
Género — Dance Rock

En honor a la verdad, la electrónica lleva décadas haciéndole ojitos al rock (y viceversa). Desde los sesenteros ritmos de la era Motorik hasta el auge del industrial gótico en los noventa o el dance-rock dosmilero, hablamos de dos filosofías estrechamente afines y condenadas a entenderse. Una herencia que los lisboetas MAQUINA. han sabido entender brillantemente en su joven pero definido marchamo, ahora perfeccionado con gusto y pericia en este segundo largo, “BODY TRANSMISSION” (26).

Si con “PRATA” (24) el trío encontraba su razón de ser en la combustión espontánea y en el dilatado músculo de la improvisación, aquí sorprende descubrir a una banda mucho más consciente de sus herramientas y de cómo dosificarlas con minuciosa síntesis. Por supuesto, no hablamos de una fórmula necesariamente más domesticada (pues todo lo que sucede a lo largo de estos cuarenta minutos está, desde luego, destinado a convertir la escucha en una experiencia puramente física), pero sí de un ejercicio de depuración que tiene más claro a dónde dirigirnos (con excepciones como "collapsing", que remiten fugazmente al placer de dejar que una idea se desarrolle sin prisas).

Ya desde "dança", reforzada por la bienvenida presencia de Dame Area y esa Silvia Konstance cantando en portugués, el conjunto luso nos deja claro su intencional propósito de abolir cualquier atisbo de reposo. Sobre un palpitante y machacón latido de signo krautrock, las guitarras abandonan su vocación melódica para entregarse a la percusión y al bajo de cuerda gorda, responsables estos de continuar dibujando ese mismo patrón de inercia hipnótica en piezas subsiguientes como "4-to-the-floor", "pressure/pleasure" o "step on me”. Riffs mínimos, ritmos obsesivos y una arquitectura sonora que renuncia deliberadamente al clímax tradicional para mantener al oyente en un estado de desquiciante y fragoroso trance (“simulation”).

Endurecen el gesto en "bizarro", dándonos la que tal vez sea la mueca más metalera del compacto, y nos recuerdan desde “agony” que ni su vocación club ni la fuerza centrífuga de su pulsión menoscaban ese contestatario dolo en el que palabra y ruido se ponen a la misma altura (“False speech is belief, is distraction to deceive”). Son, en efecto, resultados directos de ese oscuro y opresivo paisaje de acero, sudor y hormigón en el que sus ideas, dos caras indisociables de una misma moneda, terminan confluyendo en una abrasiva ceremonia.

Halison (el motor), Mendy (la transmisión) y João (la fuerza motriz) ponen en circulación una energía tan sincronizada como contagiosa que nos dejará en más de una ocasión al borde del colapso y de la vértebra rota. Los tres, engranajes de este artefacto de violencia casi ritual, firman aquí un disco de rock concebido para sonar en un club y un disco de techno pensado para avivar pogos.

 

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