Concluimos nuestro repaso a los estudios del mundo poniendo el foco en Estados Unidos, Europa continental, Asia y el Pacífico. Tras años de cierres continuados, el panorama se despeja…


La gentrificación galopante que afecta a los centros históricos de las grandes ciudades, especialmente en el mundo anglosajón, y el inevitable paso del tiempo, se han cobrado su peaje; pero, en el otro lado de la balanza, grupos empresariales e individuos apuestan por revitalizar viejos espacios que parecían condenados. La época negra de cierres en masa parece haber quedado atrás, según más y más músicos y productores han asumido que, por muchas razones, un estudio doméstico jamás podrá reemplazar uno profesional.

Pese al declive de Nueva York, Estados Unidos sigue contando con innumerables estudios. No puede ser de otra manera por la formidable tradición técnica y musical del inmenso país donde se inventaron el blues y rock and roll. Europa continental (en especial Francia, pero también Bélgica y Alemania) mantiene cierto peso y Asia y la zona del Pacífico se reivindican.

The Hit Factory

Entre 1980 y 2008  ocho de cada diez estudios de Nueva York cerraron sus puertas. El mítico de Columbia en la calle 30, donde se grabaron joyas inmortales del jazz y la producción del primer Dylan, inauguró la sucesión de bajas en 1981. The Hit Factory (Stevie Wonder, John Lennon, Bruce Springsteen), inaugurado en 1968, pasó a mejor vida en 2005. La sangría ha llegado hasta anteayer, con el cese de operaciones de Magic Shop, uno de los últimos históricos y favorito de Bowie, entre cuyas paredes concluyó Blackstar (Columbia Records, 2016). El encarecimiento de Manhattan y la reducción del negocio musical a una fracción de lo que llegó a ser, sobre todo en cuanto a ventas, han hecho inviable seguir adelante a muchos estudios de la ciudad que fue, junto a Londres y Los Angeles, meca mundial de la grabación desde los años cincuenta.

Por todo el país

Resiste, sin embargo, Electric Lady (ver en este mismo reportaje), histórico donde han grabado últimamente Parquet Courts o St Vincent, atraídos por su leyenda y prestaciones. Además, The Power Station, originalmente abiertos en 1977 y favoritos de Dylan, Springsteen o Madonna, han sido sorprendentemente reflotados hace apenas un año, bajo su nombre original (durante años fueron Avatar Studios). En efecto, The Power Station retornaron a la actividad en 2017 gracias a un grupo de inversores apoyados por las autoridades locales. El proyecto para mantenerlos operativos al menos una década ha costado unos veinticinco millones de dólares. Iniciativa impensable hace sólo unos pocos años. Es un caso similar al de Sound City en Van Nuys, Los Angeles, que fue reabierto a principios de 2017 por la hija del cofundador Tom Skeeter, con parte de su mítico equipo vintage, aunque lejos de su era de esplendor en los setenta. Parece que el nostálgico documental de Dave Grohl tuvo su efecto catártico.

Estudios Power Station

Pese a las dolorosas bajas, la oferta en el gigante norteamericano sigue siendo inabarcable: además de los mencionados neoyorquinos, otros clásicos que han sobrevivido son Westlake y Clear Lake en Los Angeles, Ocean Way Nashville localizados en una iglesia neogótica y Blackbird, en la misma ciudad y The Parlor en Nueva Orleans. Otros muchos han crecido en importancia. Por ejemplo, los renacidos Pachyderm (en este mismo reportaje) o Tarbox Road; localizado desde hace veinte años en la minúscula población de Cassadaga, estado de Nueva York y propiedad del productor Dave Fridmann. En él han grabado recientemente Mogwai, MGMT y nuestros Vetusta Morla. El papel de los músicos reconvertidos a técnicos se ha hecho esencial, pero también hay técnicos de vocación. Dos ejemplos ideales son los de Nicolas Vernhes, francés que vive en Estados Unidos desde los doce años y dirige Rare Book Room en Brooklyn, vecindario con cada vez más peso en el ecosistema de la grabación. Vernhes es el responsable del sonido de The War on Drugs o Deerhunter. Y otro magnífico ejemplo de ello es John Congleton, propietario de Elmwood Recordings en Dallas, Texas. Congleton ha grabado a gente tan diversa como los británicos Wild Beasts, Swans o Spoon.

Veteranos como Don Zientara, artífice del sonido asilvestrado del punk de Washington D.C., siguen al pie del cañón. Su estudio In Ear de Arlington, Virginia, abierto a finales de los setenta, es pionero de la filosofía de los estudios más pequeños y asequibles. Avast! Studios, en Seattle, también han sobrevivido a las turbulencias tras casi treinta años de actividad y discos de Soundgarden, The Shins, Band of Horses o Fleet Foxes. Muchos negocios han ajustado las tarifas a los nuevos tiempos, redimensionándose. Algunos ejemplos: Cacophony Recorders en Austin (Texas), donde el ingeniero Erik Wofford no ha habilitado un control aislado del resto para mejorar la comunicación con los músicos y donde ha grabado desde M Ward hasta nuestros Disco Las Palmeras!; Sonic Ranch, también en Texas, a 48 kilómetros de la frontera con México, propiedad de Tony Rancich y donde han grabado de Parquet Courts a Animal Collective o Yeah Yeah Yeahs.

Echo Mountain, emplazado en una vieja y preciosa iglesia de las montañas de Carolina del Norte, y favorito de Band of Horses o The War On Drugs; o el modesto pero auténtico Rancho de La Luna, en Joshua Tree, California. Éste ha sido esencial para Queens of the Stone Age, Arctic Monkeys y The Afghan Whigs en su resurrección. Propiedad del guitarrista de Eagles of Death Metal, David Catching, su socio y cofundador Fred Drake falleció en 2002, es un ejemplo perfecto de cómo algunos músicos han puesto en marcha estudios modestos pero distintivos por sus prestaciones y localización, en este caso una zona desértica alejada de todo. Lo mismo que han hecho en Chicago Jeff Tweedy y Wilco con The Loft, accesible desde hace tiempo a todo tipo de artistas, de Mavis Staples a LowSoma Studio, propiedad del Tortoise John McEntire, se ha trasladado de Chicago a Nevada City, en California, donde sigue ofreciendo su equipo y filosofía vintage.

La mística de la vieja Europa

Pero ya es hora de cruzar el charco: Francia es probablemente el país de Europa continental que cuenta con estudios más potentes en cuanto a impacto global: destacan Black Box, de los pocos que pueden rivalizar en equipo y backline con los mejores británicos o norteamericanos; y  La Fabrique, en St Remy, donde han  grabado figuras como Morrissey y Nick Cave. Ambos se han ganado un prestigio internacional y reciben a artistas consagrados. La ventaja, además de salir de los entornos habituales, suele ser la tranquilidad. En Bruselas también se han revitalizado, tras fuertes altibajos, los Jet, vestigio de los años dorados de la chanson. Músicos como Dominique A son habituales de la casa y siguen aprovechando su mística en grabaciones y masterizaciones.

Hablando de Francia, no han faltado los casos en que se ha producido el efecto llamada inverso al de los artistas españoles o europeos que peregrinaron a Reino Unido o Nueva York: la banda de Liverpool Echo and The Bunnymen grabó su obra maestra Ocean Rain (Sine Records, 1984) en el superviviente estudio parisino des Dames, buscando la sombra del atormentado cantautor belga Jacques Brel y el halo de romanticismo de la ciudad de la luz. Bowie inmortalizó tres discos fundamentales en el fascinante Berlín occidental de la Guerra Fría, isla de la República Federal Alemana dentro de la Alemania comunista, cuyo extraordinario y único ambiente cultural a finales de los 70 y primeros 80 atrajo después a gente como Nick Cave o diversos mancunianos de la era Manchester. Los Hansa Studios de Berlín se convirtieron en referencia planetaria. Pese a las dificultades, su prestigio ha llegado hasta nuestros días, gracias a la mística de las grabaciones de Bowie, Nick Cave o U2, entre una legión de incondicionales.

Bowie en los estudios Hansa

Más recientemente, a Morrissey le ha dado por grabar en Forum Music Village de Roma, el estudio fundado por el legendario (y ya octogenario) compositor de bandas sonoras de películas Ennio Morricone, entre otros, en 1969: la mística sigue pesando mucho todavía para los de determinadas generaciones.

En Dublín (Irlanda) siguen operativos los legendarios Windmill Lane, inaugurados en 1978 por el ingeniero y productor Brian Masterson, y donde U2 grabaron sus primeras canciones. El edificio original, totalmente cubierto de graffittis de fans de la banda irlandesa, fue demolido hace un par de años, una constante en el mundo anglosajón poco dado a sentimentalismos, aunque el estudio ya se había mudado en el 88 a una planta eléctrica de estilo art deco. Fueron propiedad de Van Morrison durante unos pocos años, y en los últimos tiempos han sido refugio de Lady Gaga, Glen Hansard y Ed Sheeran.

Pacífico, Caribe y más allá

La escena australiana no se ha visto ajena a la irresistible presión inmobiliaria que ha sufrido el mundo anglosajón: sus históricos Albert Studios de Sydney, lugar sagrado para el rock donde AC/DC grabaron sus míticas primeras canciones a mediados de los años 70, cayeron en 2015 para ser transformados en apartamentos de lujo. Una historia trágicamente similar a la de otros muchos espacios míticos de Reino Unido, como el club Haçienda de Manchester, y que a punto estuvo de replicarse en Londres con los estudios Abbey Road.

Las cosas no han sido fáciles tampoco en las localizaciones caribeñas que prosperaron en los setenta y ochenta, debido a la caída del negocio, pero también a factores inesperados. Compass Point Studios, en Nassau (Bahamas), donde grabó gente tan increíblemente diversa como Grace Jones, AC/DC, Roxy Music, U2, Dire Straits, Judas Priest, Björk o el mismo Bowie, cerraron en 2010. Terry Manning, el hombre que lo había adquirido en los primeros 90 a su creador Chris Blackwell, fundador de Island Records, alegó que no fueron razones económicas, sino que el ambiente de la ciudad era cada vez más hostil. Algo aún peor le sucedió a los AIR  Studios de la isla británica de Montserrat, en las Antillas, abiertos en 1977 y utilizados por The Police, Lou Reed o Black Sabbath, entre otros muchos. Fueron destruidos por un devastador huracán en 1989, y sus ruinas, inquietantes testigos de toda una época de esplendor y derroche, siguen allí. Los AIR originales de Londres, fundados por George Martin, cerraron en 1991, pero sus sucesores, AIR Lyndhurst Hall, se mantienen para trabajos de postproducción de cine y videojuegos. Volviendo al Caribe, los Blue Wave de Barbados, donde Happy Mondays arruinaron a Factory Records con su infausto Yes, Please (Elektra Records, 1992) parecen seguir operativos a nivel muy local.

Pero la globalización también ha deparado alguna sorpresa agradable, como el éxito de los residenciales Karma, localizados en Bang Saray, Tailandia, muy cerca de las playas paradisiacas de Pattaya. Pete Doherty, Carl Barat y The Libertines han sido clientes habituales, así como talento local y, hasta cierto punto sorprendentemente, artistas rusos.

Otros estudios históricos asiáticos que continúan en activo son los Onkio Haus, que se mantienen en pie en el barrio céntrico de Ginza, Tokio (Japón), desde su apertura en diciembre de 1974. Su mayor gloria es, además de contar con un piano Steinway fabricado en Hamburgo en 1973 con el que se han grabado incontables piezas, y con el que se registró el tema principal de Ryuchi Sakamoto para la película protagonizada por David Bowie Feliz Navidad Mr. Lawrence, de 1983. Hoy también se dedican a la postproducción de vídeo.

A continuación, nos detenemos algo más en siete de ellos, por su representatividad o excelencia: de nuevo, ni están todos ni lo pretendemos, porque sería misión imposible. Una cosa está clara: Tras años de fuertes turbulencias, la era del estudio de grabación sigue vigente. Y parece que seguirá siendo así mientras existan artistas que, a pesar de todo, quieran grabar su música en las mejores condiciones para que ésta supere el implacable test del tiempo.

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