Alizzz, el hombre ‘sin cara’ de las millones de escuchas
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Alizzz, el hombre ‘sin cara’ de las millones de escuchas

Yeray S. Iborra — 29-10-2020

Cada proyecto cerrado en su Ableton se traduce en millones de escuchas. Alizzz lleva años produciendo. Muchísimo a C. Tangana. Pero también a Becky G, o Aitana. Pero hasta hace nada, costaba ponerle cara. Y eso es raro en su tiempo, donde la imagen pesa tanto o más que la música. Desde septiembre, eso ha cambiado. Sobre todo tras “El encuentro” junto a Amaia, pop óptimo.

¿Vale más una imagen que mil melodías? En 2020, la respuesta es rotunda: sí. Pero siempre hay excepciones. Una de las más notables es la de Cristian Quirante (Sant Boi, Barcelona). ¿Así no? Alizzz. ¿Así tampoco? Bien, el responsable de casi todo lo que se ha bailado y venerado en el último lustro de C. Tangana. Pero también de Becky G, Aitana o Paloma Mami. El productor latino más respetado de su generación y, hasta ahora, un escudero de lujo pero un rostro desconocido; un rarito de su generación, en que muchas veces pesan más los “likes” que los temas.

Hace justo un año, cuando la pandemia todavía no había puesto en jaque cualquier evento en directo, Abaixadors 10 (Barcelona) acogía un sugerente debate bajo el paraguas del Movistar Roster Day: ¿Se ha comido la imagen a la música, o la imagen es una oportunidad más profunda para comunicar para los artistas?

El debate se desarrolló, micro en mano y culo en unas escalinatas, en una mesa redonda que contó con periodistas, publicistas, realizadores y fotógrafos. El moderador del acto, Frankie Pizá, director creativo de Primavera Sound problematizaba la cuestión de la siguiente forma: Kanye West y su paradoja. Creciente interés por su Instagram pero cada vez más soporífera carrera musical. Jesus Is King (19), por ejemplo.

Hubo algo que generó consenso: la comunicación 360º, enseñarlo casi todo y en casi todos los canales, es algo que pesa hoy día. Los hay que desarrollan carreras al margen, que no tienen siquiera Instagram y cuentan con seguidores, pero son los menos de las nuevas ornadas. De todo hay en la viña del Señor. Pero, por haber, también los hay con más ‘posts’ que buenas canciones.

De hecho, muchas veces una canción prende la chispa. Y de ahí crecen los seguidores, y la presencia en redes. Y la atención mediática. Otras, son los concursos los que auspician las carreras. Cuesta pensar en algún ejemplo de artista de la actual generación que no sea Alizzz que haya coleccionado tantos hits sin tirar abusivamente de imagen pública. Su top ten de Spotify, canciones donde ha brindado las bases, cuenta con más de 250 millones de reproducciones (solo “Booty”, por ejemplo, con Becky G, más de 125 millones); hasta hace nada, e igual ahora –de momento– tampoco, no lo pararía nadie por la calle. Pero eso puede cambiar.

Y es que no ha sido hasta la publicación de “Todo me sabe a poco” en septiembre, y sobre todo del salvoconducto emocional y accesible que es “El encuentro” –junto a Amaia– que muchas personas han puesto cara al productor barcelonés.

“Todo me sabe a poco” ha sido el primer tema de Alizzz como vocalista, productor y… Auténtico protagonista. Nadie más que él. Pero, ¿por qué ahora? Así lo contaba para Los 40: “Empecé con todo este proyecto sin querer, sin buscarlo para nada, después de un ‘crack’ mental serio hace como un año. Dejé todo de lado y me puse a escribir para mí porque era lo que me pedía la cabeza”.

Antes de eso, Alizzz ya había cambiado el pop. Y “sin rostro”. Lo último, lo más comentado, la electrónica cañí y avanzada de “Demasiadas mujeres”, con voz de C. Tangana. Todavía más atrás: “Pa’ llamar tu atención” o “No te debí besar”. Pelotazos incuestionables. El barcelonés lleva más de un lustro marcando el paso de lo que debe ser la música “mainstream”, subvirtiendo géneros y cruzando calles sin mirar.

Su hermandad con C. Tangana ha sido demoledora. Desde que se conocieron en un San Isidro madrileño han sido imparables. Fue en un concierto en Las Vistillas, hace años, de grupos como Agorazein (el colectivo de Pucho) o Erik Urano; era un momento en que el término trap todavía era efervescente. Cristian y Antón empezaron a llamarse por su nombre. Echaron horas hablando, sobre todo de la idea de cómo el primero quería llevar al pop todo aquel frenesí urbano. Y pusieron las bases para “Antes de morirme” (Rosalía). El resto es historia.

“El pop es una manera de expresarse que tiene la capacidad de conectar con todo el mundo. Dentro de esa premisa cabe toda la experimentación del mundo”, asentía Quirante sobre qué era para él eso del pop en una entrevista para MondoSonoro.

Alizzz alcanzó velocidad de crucero, muy muy alta, pero siguió en segundo plano. En un gesto todavía más invisible, más profundo industrialmente, pero con peso específico para reforzar su extensión en la escena, en 2019 arrancó Whoa Records, un sello junto a Warner Records Spain, cajón de lo más destacable de la música latina maridada con pop, electrónica o R’n’B. Paula Cendejas, Coral Casino o Robie. Con Cendejas compartió un tema bajo su nombre, “Otro lugar”. Pero a diferencia de los temas aparecidos desde este septiembre, Alizzz no ponía la cara todavía. Seguía un pasito a la sombra. Hizo algo parecido en “Desclasificados” (20), un padrinaje a seis artistas emergentes. Un EP colaborativo durante el encierro donde ‘regaló’ sus bases.

El camino hacia el pop de Alizzz ha sido casi más lento que el de consolidar un proyecto con visibilidad.

Su debut, “Neon Lights” (12), una suerte de dance destruido, casi vaporoso, bass y de teclados maximalistas era todo menos lo que hoy entendemos por Alizzz. Ahí, antes que Dj y productor, era ingeniero de telecos. Incluso guitarra en algunas bandas (muy fan de Oasis y con nombre inspirado en Alice In Chains). De hecho, la vuelta a la guitarra ha sido clave para su incursión solista reciente: “Es el instrumento con el que compuse mis primeras canciones, cuando tenía unos catorce años. La había dejado muy abandonada. Componer así es diferente que con el ordenador y de repente todo me sonaba fresco, aunque luego le metiese mil procesos digitales a todo”, decía en Los 40.

“Loud”, también del año 2012, le empezó a ubicar internacionalmente, mucho más espacioso y accesible en la música. Ya en 2013 firmaba con Mad Decent, sello de Diplo, para quien publicó “Sunshine”, y donde se empiezan a entender las líneas maestras de su electrónica: UK garage o bass, pero tratado de forma amable, limada, a veces clubera, otras directamente pop. Caerían unos cuantos singles más hasta el pelotazo de Rosalía con C. Tangana cuatro años después.

No sería aventurado decir que Alizzz se ha inventado el nuevo pop en español. Es meridiano, al menos, que ha sido de los que más ha contribuido. Para llegar a ese concepto flexible y líquido se ha percatado de que la vanguardia en el siglo XXI, en la hiperconexión, era realmente mirar sin descaro a lo popular. Sea lo que sea eso. El barcelonés ha ido desprejuiciando sus beats con el tiempo, añadiendo ritmos caribeños, flamencos y lo que hiciese falta.

A estas alturas, Alizzz ha trascendido como productor. No le sobran piropos ni méritos. Ni trabajo. Pero como nombre propio, todavía está por ver qué recibimiento tienen sus siguientes pasos. Tanto “Todo me sabe a poco” como “El encuentro” han encontrado el apoyo de los streams y la crítica. No será difícil que caigan unos cuantos temas más inmaculados.

Lo de la imagen, está por ver cómo lo defiende un tipo contrageneracional en ese sentido. Un tipo que tuvo antes las canciones que la estética y los seguidores (ni 40.000 en Instagram, una cifra “modesta” para como van los contadores en redes, y para la gente con la que se codea y con la que publica), y que anda a la búsqueda de su identidad mediática ahora, tras años de carrera entre bambalinas.

Hasta hace unas semanas, el buscador de Youtube únicamente ofrecía por “Alizzz” su cara en algunos vídeos-tutoriales sobre cómo producir.

“Todo me sabe a poco” lo cambia todo. En ella ha jugado con el lo-fi, el neo-noir y lo emotivo en las imágenes, a tono con la letra. A tono con el Cristian Quirante más reflexivo: amante de la montaña y la tranquilidad. Y “El encuentro” apuesta por la reconstrucción de un fiestión-amoroso, hortera y poligonero con Amaia, no ha hecho más que confirmarle como nombre propio. Esta última, más entendible en la línea del Quirante amante de Eric Cartman de “South Park” (algo más estratega).

“Creo que la fugacidad recae sobre aquellos artistas que no tienen identidad. Los artistas que aportan algo relevante a la cultura permanecen en el tiempo, y eso vale para el pop o cualquier género. Todos recordamos y damos valor a artistas pop de los setentas-ochentas-noventas-dosmiles y pasará lo mismo para los artistas de nuestra época”, decía en esta revista. En lo identitario, él ya tiene mucho: beats y melodías que valen millones. Y fondo en el discurso. Ahora solo es probar qué gafas noventeras quedan mejor en cada videoclip.

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