El nuevo disco homónimo de Weezer tiene como título espiritual Black Album” (Crush/Atlantic, 19) y es el número trece de su carrera. Está claro que los californianos no son supersticiosos, y bien que hacen, ya que se encuentran en un momento de máxima popularidad. Ahora bien, los haters se multiplican y les acechan como nunca. Hablamos con Brian Bell, guitarrista titular desde 1993, sobre la esquizofrenia que Weezer produce entre la crítica y entre sus seguidores. Weezer son cabezas de cartel del Bilbao BBK Live (Kobetamendi, Bilbao; 13 julio).

“Nuestra meta, desde el principio, ha sido sonar comerciales, lo hemos perseguido siempre”.

La historia reciente de Weezerr ha sido, para unos cuantos, la de un amor truncado. Tras los merecidos elogios que recibieron “Everything Will Be Alright In The End” (14) y “White Album” (2016), dos muestras de power pop pluscuamperfecto, el grupo está siendo víctima de una injusta caza de brujas que se ha cebado con tres discos que, si bien no se encuentran entre lo mejor de su carrera, son trabajos dignos y coherentes con su trayectoria, tanto en la forma como en el contenido. Eso sí, “Pacific Daydream” (17), la colección de versiones Teal Album (19) y el reciente Black Album” ha llevado a Weezer a su nivel más alto de popularidad. ¿Algo estarán haciendo bien, no? Bell, que ya gasta cincuenta años, habla sin tapujos sobre esa supuesta baja forma creativa, su giro comercial y los fans enfadados. “Somos muy conscientes de esa polémica. Piensa que hasta Saturday Night Live hizo un sketch hace unos meses sobre la controversia y los enfrentamientos que nuestros álbumes provocan entre los fans (lo puedes ver bajo estas lineas) (NdR). Es realmente curioso que nuestros seguidores se dediquen a hacer críticas negativas de los discos. No sé qué puedo hacer ante eso, lo que sí te puedo decir es que la música que hacemos es buena y que tiene valor. A esa gente le diría que no les olvidamos y que aun sabemos hacer el power pop que les gusta, así que volveremos a hacerlo en algún momento”. Bell rompe el mito reciente de los Weezer vendidos para conseguir la fama, algo que, ojo, han estado buscando desde el minuto uno de su carrera. “Nuestra meta, desde el principio, ha sido sonar comerciales, lo hemos perseguido siempre. Nos gusta que nuestras canciones suenen en la radio y que lleguen al máximo número de oyentes. De ahí que lo hayamos hecho de forma inconsciente: lo tenemos dentro desde los inicios. Es más, te diré que cuando hicimos ‘Pinkerton’ para nosotros era un álbum comercial. La respuesta concreta es que no hemos dado un giro comercial en los últimos discos, por la razón que te decía, hemos seguido el instinto de siempre”. El espigado guitarrista de Weezer, sin acritud y con espíritu reflexivo, se atreve a lanzar una teoría sobre el porqué de la decepción de muchos fans con la última etapa de la banda. “Mi teoría que es que muchos de ellos crecieron con nosotros y representamos una parte nostálgica de su vida. Son fans que quieren revivir esa sensación y que también quieren que lo hagamos nosotros en cada disco. Como banda evolucionamos y nos movemos con los tiempos: queremos retarnos a nosotros mismos, no queremos repetirnos… Y algunos fans reaccionan mal ante ello”.

Black Album” combina un puñado de buenas canciones de pop preciosista y vitaminado, ‘Byzantine’, ‘High As A Kite’ y ‘The Prince Who Wanted Everything’, con experimentos los fallidos de’ Can’t Knock The Hustle’ y sus toques latinos o los arreglos electrónicos de ‘Zombie Bastards’. “Somos una banda que siempre ha combinado lo mejor y lo peor del rock”, comenta entre carcajadas Bell al otro lado del teléfono. Esto me lleva a preguntarle sobre el eterno chiste con gracia que a veces parece estar protagonizando el grupo. “Ser un chiste está en nuestro ADN. Hicimos el disco de versiones de manera sincera y la gente se lo tomó como un chiste. Nos suele pasar mucho: cuando hacemos algo en serio se recibe con risas, y cuando hacemos algo irónico se lo toman en serio. Creo que el secreto de nuestro éxito es que mucha gente interpreta de forma diferente nuestras verdaderas intenciones”.

 

Discografía Completa:

Weezer (“Blue Album”, 94)
Simbiosis perfecta entre indie rock y power pop. Producido por el líder de The Cars Rick Ocasek, Weezer debutaron con un álbum que, gracias a singles imbatibles como Buddy Holly, Undone o Say Ain’t So devino un clásico instantáneo.

Pinkerton (96)
El álbum que vino tras la resaca del éxito. Originalmente fue recibido con tibieza cuando no rechazo. Con el tiempo, y muy justamente, se convertiría en un disco de culto, trabajo reverenciado por la generación emo.

Weezer (“Green Album”, 01)
Cinco año después y superada la depresión del poco éxito comercial de Pinkerton, Weezer reaparecían con un disco que es un monumento al pop más radiante. Media hora de melodías totales como Don’t Let Go, Photograph o Island In The Sun.

Maladroit (02)
Rivers Cuomo siempre se había confesado fan del metal y Maladroit es el primer disco en el que el líder de Weezer evidencia su pasión por los riffs lacerantes.

Make Believe (05)
Primer medio pinchazo en la discografía de los norteamericanos. Pese a tener a Rick Rubin a los mandos, un disco irregular salvado por temas como Beverly Hills, Perfect Situation o We Are All On Drugs.

Weezer (“Red Album”, 08)
Nueva entrega en su saga cromática (repitiendo experiencia con Rick Rubin). Rivers Cuomo saca a relucir su manual de creación de éxitos irrefutables y, propulsado por singles como Troublemaker, The Greatest Man That Ever Lived y Pork And Beans, se marca un disco de pop apabullante.

Raditude (09)
Pese a encomendarse a un equipo de productores que reunía a lo mejor de lo mejor: Dr. Luke, Jacknife Lee, Polow da Don y Butch Walker, el séptimo álbum de Weezer es un sí pero no. Como siempre pero menos inspirados.

Hurley (10)
Weezer tocaron fondo con Hurley, disco desconcertante ya desde su portada: un primerísimo plano de Jorge Garcia, actor que daba vida al entrañable personaje de Hugo “Hurley” Reyes en la serie Perdidos. Su peor disco.

Death To False Metal (10)
Descrito per Rivers Cuomo como el complemento perfecto del (imperfecto) Hurley, Death To False Metal es el álbum que reúne las rarezas y inéditos desde sus inicios hasta ese 2010. Eso que se suele decir de para fans y completistas.

Everything Will Be Alright In The End (14)
Veinte años después de publicar su primer disco, Weezer vuelven a trabajar con Rick Ocasek. La magia surge efecto y amplían su nómina de hitazos con, entre otros, Back To The Shack, Cleopatra o Da Vinci.

Weezer (“White Album”, 16)
Puede que no disfrute de la popularidad de sus primeras entregas pero el álbum blanco de Weezer compite por ser su mejor disco. Obra maestra que encuentra su inspiración en la vida en una ciudad como Los Angeles, este es su particular Pet Sounds.

Pacific Daydream (17)
Disco a rebufo de su extraordinario predecesor, Pacific Daydream entra en la categoría de esos discos de Weezer que tienen tres temas sublimes: Mexican Fender, Beach Boys y Happy Hour y siete más que nadie pedirá en sus conciertos.

Weezer (“Teal Album”, 19)
Y cuando nos esperábamos un nuevo disco de estudio, Weezer se descuelgan con un disco de versiones. Un repertorio justito y poco original, pero suficientemente entretenido como para alegrarte una tarde.

Weezer (“Black Album”, 19)
Les han caído palos por todos lados, pero que no os embauquen: el disco negro de Weezer, facturado bajo el asesoramiento y guía de Dave Sitek de TV On The Radio, no está tan mal. Un bien de nota media y a disfrutar de títulos como Can’t Knock The Hustle, High As A Kite, Living In L.A. o The Prince Who Wanted Everything.