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Weezer Black Album

Ahora lo tengo claro: Rivers Cuomo lleva un tiempo vacilándonos mientras se parte de risa. Sólo así puede explicarse el periplo seguido por Weezer después de firmar el más que decente Weezer” (Atlantic, 16) –aka White Album– hace ya tres años. Desde entonces, el grupo ha mostrado una incontinencia creativa que incluye aquel “Pacific Daydream” (Atlantic, 17) en el que jugaban a ser Maroon 5 (el peor trabajo de toda su carrera), un anecdótico disco de versiones fusiladas sin esfuerzo a modo de karaoke, Weezer” (Atlantic, 19) –aka Teal Album–, y ahora el presente “Weezer” (Atlantic, 19) –aka Black Album– con el que se confirma el desastre.

Diez nuevos temas que se abren con esa bochornosa pachanga que es “Can’t Knock The Hustle” y su insufrible estribillo en castellano, en lo que es toda una declaración de intenciones de cara al cachondeo sonoro que vendrá a continuación. Un festival de fuegos artificiales y exuberancias que incluye la facilona “Zombie Bastards”, el electro-pop insufrible de “Living in L.A” y “I’m Just Being Honest”, la melosa “High As A Kite”, “Byzantine”, o la épica exagerada y artificiosa de “California Snow” como cierre del invento y remarcando el peor sabor de boca posible. Una clara sobreproducción empasta directamente con las propias composiciones, hasta multiplicar exponencialmente el nivel de excesos horteras. Dadas las circunstancias, el ramalazo a lo Paul McCartney de “Piece Of Cake” y la (relativa) animosidad de “Too Many Thoughts In My Head” se imponen como lo más decente del lote, además de una convincente “The Prince Who Wanted Everything”. Con apenas cuarenta minutos, Weezer (Atlantic, 19) –aka Black Album– parece alargarse hasta el infinito, y sugiere la categórica defunción del grupo. A día de hoy, Weezer son una mera caricatura de sí mismos. Una imitación barata, vulgar y virada hacia un pop tan inofensivo como desagradablemente pegajoso. Los tipos que en los noventa dejaron obras tan imprescindibles como Weezer (Geffen, 94) –aka Blue Album– o “Pinkerton” (Geffen, 96) son ahora un grupo del montón, carente de intensidad e incapaz de generar sentimiento alguno en el oyente.

El power-pop y el indie-pop de guitarras de antaño han desparecido completamente, y sólo queda la duda de si éste será uno de los elepés más pretenciosos que verán la luz esta temporada o, por el contrario, el cuarteto ya no se toma a sí mismo demasiado en serio. Eso explicaría que gestionasen sus visitas al estudio en busca de una diversión que, en cualquier caso, no son capaces de contagiar a sus seguidores. Por si fuera poco, los californianos han anunciado (sin fecha concreta) la próxima publicación de dos nuevas referencias tituladas “Van Weezer” y “Okay Human”, por lo que parece que la guasa tendrá nuevos capítulos. Y la broma en cuestión cada vez tiene menos gracia.

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