“Me siento identificado con Billie Eilish, salvando las enormes distancias”
Entrevistas / Vicente Navarro

“Me siento identificado con Billie Eilish, salvando las enormes distancias”

Pablo Tocino — 13-01-2023
Fotografía — Archivo

“Casi tierra” (El Tragaluz, 19) además de ser un gran debut, es un trabajo que se editó poco antes de la pandemia y que tuvo su repercusión durante la primera etapa de ésta. Por ello, Vicente Navarro afronta con “Las Manos” (El Tragaluz, 22) un el reto de  ser un “segundo debut”  en condiciones mucho más normales.

“Las Manos”, de nuevo en el sello El Tragaluz, es un trabajo a la altura de “Casi tierra” (para algunos incluso lo superará), fruto de una cocción que Navarro ha querido hacer a su ritmo, y de la que nos habla en esta entrevista, en la que también hay espacio para Yung Beef, Kanye West y por supuesto su compañera de sello (y, Benidorm Fest mediante, posible Eurovisiva) Karmento.

Vicente Navarro presentará “Las Manos” el 8 de febrero en Sala Sol de Madrid y el 3 de marzo en Sala Wolf de Barcelona, junto a más fechas por confirmar en otras ciudades. (Puedes adquirir tus entradas al final de la entrevista)

¿Estás contento con el recibimiento que va teniendo “Las Manos”?
A nivel de recepción crítica ha sido muy bueno. Yo estaba haciendo lo que consideraba que era el siguiente paso, pero no sabía muy bien cómo se iba a recibir, y parece que se está recibiendo bien. Ahora lo que estoy intentando es expandirlo y que llegue cada vez a más gente.

En una entrevista con El Ojo Crítico, comentabas que habías seleccionado muy bien las canciones “para no cantaros ni una palabra que no sea verdad”. Tanto en lo mainstream como en lo underground diría que están un poco en lo contrario, en ritmos de producir cosas continuamente para poder intentar ser relevante. No sé qué opinas tú, entiendo que no te identificas mucho con eso.
Yo he sido siempre muy popero, escuchaba de adolescente mucha música comercial, sé cómo funciona el sistema. Y tampoco quiero trabajar aparte, pero... sí que es verdad que no quería cantar nada que cuando me subiera al escenario no me tocara. El escenario está para que me pasen cosas a mí y poder reflejarlas en los demás, no está para que sea una anécdota, para ir a un concierto y que poco después se te olvide. Del primer disco he aprendido a conocerme y reconocer con qué cosas conecto más, en ese aspecto creo que he crecido artísticamente.

"Soy muy cuidadoso con el trabajo y muy meticuloso, no hay nada gratuito, está todo como muy medido"

Me gustó una anécdota que comentabas sobre una profesora tuya, que te dijo que en la vida solo nos preocupaban dos o tres cosas. Visitándonos con trajes distintos, pero las mismas obsesiones o las mismas carencias.
Sí, es que algo que se me quedó muy dentro en esa clase. Y yo a veces tengo la sensación de que estoy hablando siempre de lo mismo, creo que nos pasa a muchos artistas. Y es eso, que en mi caso creo que la ausencia es un tema recurrente.

Fíjate, no sé de que irá “En el río”, pero a mí lo que me recordaba era a una ausencia de una relación paternofilial.
Pues tiene sentido y está guay que lo veas así, porque al final es un abandono. “En el río” es una despedida entre dos personas, donde una se va y otra se queda. De alguna manera es similar a “La Fuente”, yo es que lo visualizo en imágenes, y si en “La Fuente” lo veo en la puerta, y la fuente es una metáfora, en “En el río” era igual, como que una persona se queda en la orilla y la otra se va. ¿Sabes que empezó como una carta? “En el río”. Era una carta de un amigo, me la pasó y cogí de ahí algunos versos, y a partir de ahí desarrollé.

“Marchar”, la colaboración con Rodrigo Cuevas, ha acabado fuera del tracklist. ¿Por qué?
Claro, es que a ver, yo me impuse algunas reglas de cara a este disco y su sonido, y cuando trabajé con él todavía no lo había hecho. Por ejemplo, el sonido de sintetizadores no lo quería usar en el álbum, y en “Marchar” sí que estaba, entonces quedó más como una canción de transición entre el mundo del primer disco y el segundo. También ocurrió con la canción con Karmento, que no entraba en la energía de “Las Manos”.

Las letras vuelven a ser un punto fuerte en este disco. “No sé si maldecir / o estar agradecido / por todo lo vivido”, cantas por ejemplo en “José”, uno de los grandes temas del disco. No sé si esa canción es especialmente importante para ti.
Sí, el disco trata el tema de la pérdida, y “José” surgió de una pequeña relación, y la sensación era de que tenías y no tenías algo, y cuando termina pues era una mezcla de sentimientos: no lo tengo, pero al mismo tiempo me ha llegado, al mismo tiempo no sé si quiero tenerlo, etcétera. Se mezclaron las semillas de esa pequeña relación muy intensa, con ese momento de dualidad, de tengo a alguien pero no lo tengo, está como perdido, y también me estoy perdiendo yo. Es una contradicción, eso de “entre la paz y lo que arde”.

¿Es un guiño a “Lo que arde” elegir esa frase?
[Risas] No, pero el otro día estaba hablando con una persona y le dije que tenía que verla, esa y “Retrato de una mujer en llamas”. Estoy un poco preparando el espectáculo y tengo una relación ahora con los fuegos, vi un documental sobre los incendios de Portugal hace unos años, y me estoy sintiendo muy identificado con esas imágenes de la naturaleza tan bestias. El fuego es la pasión, y la paz implica un poco todo lo contrario, ¿no? Quizás bajar la pasión y meter un poco de cerebro. Otra vez la dualidad.

En una entrevista en Jenesaispop, hablando del título del disco, decías que te gustaban mucho las manos, y que quizás influía el simbolismo que tienen con el trabajo duro. “Las Manos” es un disco muy trabajado, y no sé cómo te ves a ti mismo, pero desde luego pareces una persona muy trabajadora y centrada en la música sin más artificios.
Cuando estás en un sello independiente y estás trabajando desde muy abajo aunque tengas recorrido, tienes que confiar en las canciones, que es lo que muchas veces se nos olvida. Yo he hecho todo lo que he podido, ahora les toca hablar a ellas. Ahora toca que cuando la gente escuche las canciones se las quiera volver a escuchar. Es verdad que yo soy muy cuidadoso con el trabajo y muy meticuloso, no hay nada gratuito, está todo como muy medido. Es complicado también por eso, acabé muy cansado. También es que, ¿sabes qué pienso? Si no me muero joven, ¿cuántos discos podré hacer en mi vida? ¿Siete? ¿Cinco? No lo sé, pero es lo que voy a dejar, y quiero sentirme orgulloso de ellos aunque haya fallos o errores, que formen parte del proceso, que sean un recordatorio de cómo fueron las cosas ahí. También me ha ayudado muchísimo el trabajo de toda la gente que ha formado parte de este disco: El Tragaluz por supuesto; el productor, que es Damian Schwartz; el guitarrista principal que es Roberto Monteiro; Pablo Cáceres toca el ronroco en “Camposanto”; Carlos Font que está en la parte de diseño; la fotografía del ramo es de Robert Bartolop... Todos ellos han trabajado mucho.

Me han llamado “el James Blake español” o algo así, y yo “bueno, ojalá”

“La soledad da sueño” tiene una cercanía al trap, y además tú has dicho en entrevistas que escuchas trap, lo que me ha parecido curioso. ¿Qué artistas te gustan más?
Yo escuchaba mucho en una época a Yung Beef, también me parece muy interesante ahora lo que hace Morad, que no es trap en sí porque ha derivado un poco, pero sí. Y también la sonoridad del reggaeton o del hip-hop, la energía en sí. Escucho mucho Kanye West, o incluso a Aron, el de “Élite” [sonríe]. No sé, creo que el trap ha tenido una presencia tremenda en los últimos años en la música de nuestro país, y no quería que lo que hice con “Toro” en el anterior disco se perdiera, sino al contrario, ir más allá.

En reseñas del disco y en entrevistas se menciona mucho a PinkPantheress, y esa influencia está, pero fíjate que yo veo otras. El final de “Los mayos” por ejemplo, con esa mezcla de sensualidad, delicadeza y misterio, me lleva mucho a James Blake.
Eso me lo han dicho. Me han llamado “el James Blake español” o algo así, y yo “bueno, ojalá” [risas]. Es un artista que escucho mucho, y es verdad que “Los mayos” empieza como una canción muy sencilla con guitarra y tal, pero a medida que va hacia el final se vuelve muy onírico. Viene como esa especie de niebla. Siendo una canción tan bonita, la puse al final porque tenía ese corte a la mitad, después del estribillo, en lugar de tener otros dos estribillos. Además enlaza mucho con “Los Juncos”, que es el primer tema del disco, y me gustaba eso, el poder dejar con ganas de más. En general es que me gustan los discos cortos; tiene que haber una energía extra en los discos largos, o la persona se va a quedar a medias, va a ser un poco goteo. Me gusta verlo como que te estoy contando una historia que dura media hora, y quieres volver a empezar.

Y luego lo que veo es una mezcla de la electrónica con el folklore, desde un punto incluso no ya andaluz sino andalusí, tipo Le Parody, por ejemplo en “La Fuente”.
Total. “La Fuente” venía yo ahora escuchándola y decía “qué árabe es esto”. Es verdad lo que dices, porque respecto al primer disco aquí hay más escalas, me baja un poco a tierra, y claro, a los que sois de Andalucía os toca más. Al fin y al cabo, a mí que soy de Ciudad Real me pilla relativamente cerca, supongo que por eso también me sale tanto.

Esto más que un parecido diría que es una coincidencia o incluso una chorrada mía, pero es que se me viene a la cabeza cuando la escucho: la melodía del estribillo de “Camposanto” me recuerda a “hostage”, una canción del primer EP de Billie Eilish.
Esa no la conozco, ¿a ver? [la busca y se la pone]. Sí, te entiendo. Pues mira, ésta no lo había escuchado, pero me gusta mucho ella, y es verdad que cuando empezó a sacar singles del segundo disco me pilló componiendo. El segundo disco en sí me gustó muchísimo, y me pilló en el proceso mental de buscar la sonoridad de “Las Manos”. Y me siento identificado un poco con ella... salvando las enormes distancias, pero en el sentido de que sacó singles que tenían sentido cuando sacó todo el disco entero. Pensó en su disco muy como obra, en general, y me siento identificado en eso de “creéis que está desperdigado esto, pero luego veréis que no”.

Te quería preguntar también por tu compañera de sello Karmento, que está ahora a tope con el Benidorm Fest con su canción “Quiero y duelo”. No sé cómo has vivido junto a ella este proceso, y qué ves que puede significar para ella, el público que quizás ahora la empiece a conocer, etcétera.
¿Sabes que yo me iba a presentar al Benidorm Fest con “Camposanto”? Creo incluso que hubiese funcionado, pero al final el máster no estaba acabado como lo quería para entregarlo en la fecha, y pensé que si lo entregaba así ya tendría que ser así cerrado... por ejemplo no tenía campanas, que para mí es algo que redondea la canción. Así que decidí que mejor en otro momento. En cuanto a Karmento, sí, ya más que compi de sello somos amigos. Cuando hicimos el tema juntos fue un proceso muy bonito, de juntarnos modo clásico como artistas, muy paulatinamente ir viendo sobre qué nos apetecía hablar e ir construyéndolo. Cuando le cogieron el tema en Benidorm, lo primero que le dije fue “no entres en las redes” [risas]. Pero es una tía adulta y con mucha cabeza, y lo está disfrutando un montón.

Fíjate, yo pensaba que se iba a llevar más hate, pero lo que veo es que, incluso a quienes no ven el tema para Eurovisión o directamente no les gusta, no la están atacando, ni mucho menos.
Yo creo que es porque cuando eres un músico currante y la gente ve o intuye que hay mucho trabajo detrás, lo respeta. Karmento lleva mucho tiempo en esto, la canción está muy trabajada, está pensada, la letra es buena... Puede no encajar o no gustar, pero poco haterismo puede haber ahí. También te digo que no todo es “Fuego” en Eurovisión, mira Salvador Sobral. Es lo que decía al principio, que hay que darle valor a las canciones.

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