“La Big Band es como tocar subidos en una locomotora”
EntrevistasTravellin' Brothers

“La Big Band es como tocar subidos en una locomotora”

Sergio Iglesias — 27-05-2026

Después de más de dos décadas de carretera, casi 1.400 conciertos y una trayectoria construida desde la independencia absoluta, Travellin’ Brothers vuelven a lo grande.

“Back In Business” no es solo el regreso de su formato Big Band, es también una reivindicación de su manera de entender la música: colectiva, orgánica, ambiciosa y profundamente viva. La banda de Leioa recupera esta amplia formación, revisitando parte de su repertorio con nuevos arreglos, nuevos matices y una evidente madurez musical, e incluyendo para la ocasión versiones de temas clásicos que han sido referentes para ellos. Blues, soul, gospel, jazz y rock and roll se cruzan en un disco que sigue manteniendo intacta la esencia de una banda que lleva más de veinte años construyendo su propio sonido.

El sábado 25 de julio Travellin' Brothers actuará en el arenal bilbaíno en la quinta edición del Bilbao Blues Festival, y el domingo 30 de agosto lo hará en Logroño en la décima edición de MUWI La Rioja Music Fest.

Aitor Cañibano nos responde a las siguientes preguntas:

Después de tantos años de carrera, ¿por qué decidís recuperar ahora la Big Band en “Back in business”?
Pues mira, como bien sabes, nosotros ya tuvimos una etapa Big Band allá por 2011. Grabamos aquel primer disco en directo a una sola toma, luego hicimos un EP navideño y todavía quedaron restos de aquella etapa en "Magnolia Route". Durante unos años convivieron el sexteto y la Big Band y fue una experiencia increíble. Musicalmente era una maravilla. Nos abrió muchísimas puertas, nos permitió llegar a otro tipo de festivales, a públicos distintos, salirnos un poco del circuito más puramente blues o de música negra. Y tocar con una Big Band… eso es otra historia. El sonido te eleva muchísimo.
Pero claro, logísticamente era una locura. Para una banda independiente como nosotros, mover toda esa maquinaria durante años supone muchísimo trabajo, muchísima responsabilidad y muchísimo desgaste. Llegó un momento en que el peso logístico acabó imponiéndose al disfrute musical y poco a poco la fuimos aparcando. Nunca la cerramos del todo, porque siempre quedaba esa espinita ahí…

Una espinita que reaparece ahora…
Sí. También ocurrió una cosa importante: nuestro último disco, “Coming Home”, salió justo al terminar la pandemia, y sentimos que no tuvo la vida que merecía. No pudimos hacer una gira de presentación normal, todo estaba todavía arrancando muy poco a poco y nos quedó la sensación de que esas canciones tenían mucho más recorrido. Entonces pensamos: “Vamos a darles una segunda oportunidad”. Y claro, teniendo a Alain Sancho en la banda… pues era inevitable plantearse algo grande. Alain es un mago de los arreglos y empezamos a imaginar cómo sonarían esas canciones llevadas al formato Big Band.
Además, diez años después también sentimos que somos mejores músicos. Tenemos un sonido más sólido, más compacto, más maduro. Creíamos, honestamente, que podíamos hacer una Big Band todavía mejor de la que hicimos entonces.

Da la sensación de que este proyecto tiene algo de celebración, pero también de revancha personal.
Totalmente. Había una parte de celebración, claro, pero también de “vamos a hacerlo como realmente queríamos hacerlo”. La primera vez fue casi un salto sin red. Nunca habíamos hecho algo así y salió muy bien, pero ahora llegamos con 23 años de experiencia y casi 1.400 conciertos encima. Eso cambia muchísimo las cosas. Ahora sabemos mucho mejor quiénes somos y qué queremos hacer.

“Ahora sabemos mucho mejor quiénes somos y qué queremos hacer”

Para afrontar una locura así también ayuda llevar toda la vida juntos, ¿no?
Claro. Somos una familia… y no hablo sólo de familia de sangre, que también lo somos varios de nosotros, hablo de la familia que hemos construido como banda. Esto exige muchísimo esfuerzo, y hay que estar dispuesto a arrimar el hombro constantemente. Yo puedo lanzar la idea, pero luego hay que recogerla entre todos, y sabemos perfectamente lo que viene ahora: volver a enfrentarnos a toda esa “tortura” logística, porque mover una Big Band siendo una banda independiente significa multiplicar todo: técnicos, viajes, escenarios, sonido, coordinación…Pero, precisamente, el hecho de llevar tantos años juntos y conocernos tan bien es lo que hace posible que podamos plantearnos retos así y llevarlos adelante.

¿Qué canciones crees que más han ganado con los arreglos Big Band?
Yo creo sinceramente que todas. Todas han crecido y todas han adquirido una segunda dimensión. Hay temas más soul, otros más blues, otros más gospel… y cada uno ha encontrado su sitio dentro del formato. Por ejemplo, “Si tuviera un día”, que ya era una canción especial para nosotros, ahora tiene otro vuelo completamente distinto. Y luego, tocar eso en directo con toda la sección de metales empujándote detrás… es un gozo absoluto.

También habéis incluido versiones. ¿Qué tenían que tener estos temas para encajar en este universo de la Big Band?
Precisamente buscábamos canciones que no estuvieran demasiado asociadas al formato Big Band para poder aportar algo nuevo. Sabemos perfectamente que no vamos a hacer “Let The Good Times Roll” mejor que que B.B. King, ni “Higher & Higher” mejor que Jackie Wilson. Eso sería absurdo. Así que, nuestra intención nunca es competir con los originales, sino desde el máximo respeto y admiración, llevar a nuestro terreno esos temas que tanto nos gustan, manteniendo un pie en la raíz, y el otro en los tiempos contemporáneos, filtrándolas a través de nuestra personalidad. Porque al final nosotros tenemos un sonido propio, que es el resultado del estilo particular de cada uno de nosotros.

Vuestro estilo precisamente se caracteriza por eso: absorber muchísimas influencias y convertirlas en algo propio.
Sí, totalmente. Nosotros bebemos de toda la música de raíz americana: blues, soul, jazz, gospel, funk, rock and roll…y luego todo eso pasa por la batidora Travellin’ Brothers. Cada uno de nosotros tiene sus pequeñas obsesiones musicales: uno tira más al jazz, otro al soul, otro al funk… y ahí está la magia. Esa mezcla es nuestra identidad.

Hablábamos antes de Alain Sancho, que es quien se ha encargado de los arreglos para la Big Band. ¿Ha sido complicado crear un trabajo tan complejo?
Alain es una máquina. Tiene la capacidad de hacer arreglos completamente originales pero que suenan clásicos, como si llevaran toda la vida existiendo. Y eso es dificilísimo. La dirección artística la hemos llevado principalmente entre él y yo, pero luego es un trabajo colectivo porque toda la banda participa de alguna manera.
La verdad es que tenemos muchísima suerte de tener a Alain con nosotros… Aunque también te digo una cosa: Alain también tiene suerte de haberse encontrado con unos locos como nosotros, capaces de decir “vamos a hacer una Big Band en 2026”, y tirarnos de cabeza a ello. Pero bueno, nos encantan los retos, y a lo largo de nuestra trayectoria, siempre hemos intentado crecer y aportar y probar cosas nuevas en cada disco.

De nuevo, habéis apostado por la autoproducción. ¿Crees que era imposible que alguien externo pudiera captar la esencia de lo que buscabais con este trabajo?
Llegábamos a este disco con las ideas muy claras, y sabíamos perfectamente hacia dónde queríamos ir, porque nos ha pillado en un momento en el que tenemos una gran madurez a nivel musical, y tenemos muy claro qué es lo que queremos hacer. Con esto no digo que un productor externo no pudiera haber hecho algo fantástico, pero nosotros sentíamos que este disco necesitaba una visión completamente interna. Y creemos que hemos acertado, porque estamos muy contentos con el resultado.

El disco suena muy orgánico, prácticamente como una banda tocando en directo. ¿Teníais claro que ese era el camino a seguir en “Back in business”?
Eso era fundamental. Nosotros siempre intentamos mantener un equilibrio entre un sonido orgánico y un sonido actual. Porque si intentas sonar excesivamente vintage puedes acabar cayendo en el postureo o en algo artificial. Pero tampoco queríamos una producción hiperprocesada… Entonces buscamos ese punto donde todo sonara vivo, natural, tocado por personas reales… pero con pegada y contundencia actuales.
Hay muchísimas primeras tomas en el disco, y muy pocos retoques, porque sí que queríamos, como tú dices, que sonara a banda tocando junta.

¿Qué os da en vivo una Big Band que no os da el formato reducido?
Es como tocar subidos en una locomotora. Te lleva en volandas. Hay una potencia y una energía increíbles, eso de estar ahí 20 personas encima del escenario, te da una potencia extra… y ver que todo eso suena perfecto, sincronizado, todos los arreglos clavados, con un groove y un swing increíble… ¡es que te eleva! Eso sí, también exige mucha más disciplina. Con el sexteto podemos improvisar muchísimo, porque nos conocemos tan bien que, solo con mirarnos, sabemos lo que tenemos que hacer cada uno en cada momento. Pero cuando tienes veinte personas encima del escenario, hay partes que tienen que ir perfectamente medidas. Aun así, hemos intentado dejar espacios abiertos para que cada concierto sea diferente.

“Después de tantos años ya no sentimos que tengamos que demostrar nada a nadie, salvo a nosotros mismos”

¿No consideráis que, hoy en día, esta forma de trabajar apostando por una Big Band, por el vinilo, por formatos grandes… es casi un acto de resistencia?
(Risas) Sí, un poco sí. Pero luego, cuando ves el Antzoki lleno, como en la presentación, con gente disfrutando de esta música, comprando merchandising, CDs, vinilos… piensas que todavía queda un pequeño rayo de esperanza en la raza humana.
Nosotros simplemente queremos seguir haciendo lo nuestro. Cuando ya la gente se aburra de nosotros, nos quedaremos en nuestra casa sin hacer mucho ruido… pero hasta entonces, vamos a seguir peleando, pero sin ser abanderados de nada, ni contra nada. Pero eso sí, que nos dejen hacer lo que queremos, que es seguir tocando la música que amamos.

¿Y ahora qué? ¿Siguen quedando retos que afrontar después de todo lo que habéis hecho a lo largo de estos más de 20 años?
Siempre quedan retos. Nosotros nunca hemos sabido quedarnos quietos. Sí que es cierto que la pandemia y luego la pérdida de mi sobrino nos frenaron muchísimo a nivel creativo y emocional. Fueron años muy duros. Pero este disco nos ha devuelto muchísima energía. Ahora queremos disfrutarlo, tocar tantas veces como sea posible y seguir haciendo cosas que nos ilusionen. No sabemos exactamente qué será lo siguiente, pero tampoco necesitamos tenerlo decidido ahora mismo.
Además, después de tantos años ya no sentimos que tengamos que demostrar nada a nadie, salvo a nosotros mismos. Y mientras el cuerpo y el corazón sigan pidiendo carretera… ahí seguiremos.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.