Fiel a su impredecible instinto, Billy Corgan ha publicado por sorpresa y oficiosamente “Zodeon At Crystal Hall”, un disco de The Smashing Pumpkins (más o menos) inédito que hasta ahora estaba disponible en exclusiva a través del sello Martha's Music asociado a la tetería Madame Zuzus, propiedad del vocalista junto a su esposa Chloe Mendel Corg. Más allá de las circunstancias asociadas al lanzamiento (que llega poco después del anuncio de esa gira "A Night Of Mellon Collie And Infinite Sadness" que en septiembre hará doble parada en Madrid), la presente entrega se corresponde con un álbum grabado durante la pandemia.
Un artificio que, en efecto, cabe entenderse como resultado directo de esa mezcolanza casi imposible de sensaciones y recuerdos que asolaron durante el encierro. Consecuencias concretadas por Corgan y compañía en una docena de canciones de indie-pop, alejadas de aquella versión más agresiva y abrasiva que, a su vez y siempre, ha propiciado la manifestación más emocional (y valiosa) de The Smashing Pumpinks. El frontman reflexiona inspirado por las incertidumbres y limitaciones del momento, entre optimista y derrotista, plasmando una serie de cavilaciones en canciones de aspecto meditado, casi amable, con una querencia pretérita que puede llegar a apuntar a las décadas de los sesenta y setenta.
Una referencia que se abre y cierra con las dos mejores piezas del lote, “Simmatar” y “The Bard”, encargadas de mejorar un sabor de boca global que por el camino se torna agridulce con cortes tirando a anecdóticos del tipo de “Automaton”, “Burr”, “Huzzah!” o esa tentativa de progresivo que es “MaryQ”. “Zodeon At Crystal Hall” es una obra que cabría entender como entretenimiento propio de aquella época oscura en la que invertir el tiempo en un pasatiempo con el que tener la cabeza ocupada era una obligación, rematada (a posteriori) de forma algo forzada a través de arreglos impostados y una artificiosa producción. Un álbum distribuido entre alguna pieza digna y otras inofensivas, cuyo interés va evaporándose a medida que aparecen las segundas.
Corgan luce aquí descafeinado en su interpretación, apostando por una amabilidad que le impide lucir con la incisiva y aguda determinación de otros títulos. “Zodeon At Crystal Hall” oferta, en definitiva, una versión menos habitual de The Smashing Pumpkins, casi inédita, en unos trazos que, precisamente por poco habituales, revalorizan algo el interés de una secuencia que, con el paso de los minutos, va adquiriendo ritmo comatoso. Un producto recomendable para completistas de la banda y el propio Corgan que, a grandes rasgos, pasaría a engrosar la columna de inventos prescindibles con la firma del norteamericano.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.