Cuando hace poco más de sesenta años unos ingleses con el pelo más largo de lo normal, adaptaron -a la par que adoptaron- la música de, entre otros, Little Richard, Fats Domino o Chuck Berry, muchos tildaron el resultado como algo cercano al ruido. Cuando el proceso se aceleró hasta derivar en el punk, fueron más lo que mantuvieron que aquella cacofonía era difícil de soportar. Sin embargo, son pocos los que ahora se atreverían a afirmar que las diferentes derivadas surgidas a partir del blues, el jazz y el gospel no pueden considerarse música. Está claro que lo es. Otra cosa es que estés obligado a conectar con ello. No tienes porqué, aunque muchos no lo podamos entender.
Pues bien, lo mimo sucede con la música popular surgida a partir de ese maravilloso laboratorio de fusión rítmica que ha sido siempre el caribe. No tienes porqué conectar con ello. Máxime si no eres muy dado a menear las caderas, o lo que viene a ser menear la madre del cordero. La esencia afrocaribeña reside en el chakra raíz, también llamado chakra sexual o Muladhara. Es ahí donde encuentra su motor y su fuerza, su capacidad de conexión universal. Y es que aquí ya no se sigue el ritmo agitando la cabeza, se sigue agitando el culete. Llámalo balanceo, llámalo baile, danza o proceso de sanado. Lo que está claro es que, como no conectes, no serás capaz de entenderlo nunca, y te fijarás -con cierta mala baba- en los detalles que menos te convencen de todo este asunto. Eso que ya tú sabes: la voz, el autotune, la dicción, el karaoke… Y tendrás razón en tus argumentos, por muy obvios que sean, como también la tendrán todos aquellos que te respondan: ‘it’s only rock’n roll, but i like it”.
Llegados a este punto, ha querido el destino que suceda esa planetaria capacidad de Benito Antonio Martínez Ocasio para conectar a través del universal muladhara. Ha querido que la onda expansiva del baile se haya desplazado a lo largo de todo el globo terráqueo de una forma que nadie había logrado hasta la fecha. Y, claro, también hay mucho de estar en el momento propicio para ello y recoger los frutos de las semillas que plantaron otros antes que tú. Desde Xavier Cugat a Celia Cruz, pasando por Willie Colón, Héctor Lavoe, Rubén Blades o Daddy Yankee. Pero había que estar ahí y había que saber jugar con las mismas armas que el show-business ha puesto por sistema en manos del producto anglo. Y en eso Benito y su equipo se han mostrado imbatibles.
Por eso, y por todo lo escrito hasta el momento, no debería extrañarnos que el Conejo Malo surja de su madriguera para plantarse sobre el desnudo escenario del Estadi Olimpic de Barcelona y dedicar sus primeros largos minutos a recibir la ovación y el griterío que, por la gesta, merece. Hay quien lo achacará a una vanidad desmedida, pero puede que tan solo esté saboreando ese momento de certeza por haber alcanzado la cima. Lo más alto. El sueño americano que ha alumbrado la maquinaria liberal como motor integral del capitalismo. Aquí estoy yo y mis circunstancias, así que dejemos los problemas a un lado y pongámonos a bailar que a eso hemos venido.
A partir de aquí lo prometido es deuda y el show se desenvuelve como era de esperar. Una primera parte en el que sí hubo música en directo, con el clásico espacio para que cada uno de lo integrantes de la banda pudiera demostrar su valía. Una segunda parte que nos trasladó a lo que los más dinosaurios aún llaman guateque. Y una tercera en el que los fuegos artificiales y el baile se volvieron más protagonistas. Tampoco es que hubiera demasiadas sorpresas, más allá de la protagonizada por la presencia de Bad Gyal acompañando a Benito en “Yo perreo sola” e interpretando también su “Da me”. Y es que, en lineas generales, el espectáculo se ajustó a las coordenadas más clásicas de este tipo de eventos. Juego de luces con participación del público a lo Coldplay y pirotecnia como Muse. Eso y la figura sempiterna de Benito canalizándolo todo.
Si el objetivo era poner a bailar sin descanso a las cincuenta y cinco mil almas del estadio se cumplió con creces. Si había que convencer al descreído… Bueno, hay tareas que son del todo imposibles. Al igual que hay lugares que solo pertenecen a los verdaderos creyentes. Bienvenidos al evangelio según Bunny.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.