Cabronazos. Malnacidos. Lo han vuelto a hacer. Clímax brutal, anticlímax devastador y un final que deja contando los días hasta la llegada a finales de junio de la quinta y última temporada de “The Bear”.
Estrenado hace unos días con nocturnidad y alevosía, “Gary” es un capítulo independiente ambientado cinco o seis años antes del inicio de la serie. Una precuela que puede verse sin conocer el universo de Carmy Berzatto, pero cuyo final –¡qué final!– anticipa uno de los posibles ejes narrativos de la nueva temporada.
Dirigido por Christopher Storer y escrito por Ebon Moss-Bachrach y Jon Bernthal, “Gary” funciona como una peculiar buddy movie melancólica, personal road trip dramédico. Richie y Mikey viajan de Chicago a Gary, Indiana, para entregar un misterioso paquete por encargo de su tío Jimmy. Mientras esperan al destinatario, deambulan por una ciudad tan triste como una cerveza 0,0 desbravada, bebiendo, drogándose y encadenando diálogos cargados de existencialismo torturado. Y los silencios y las miradas.
Pero más allá de las machiruladas de treintañeros con síndrome de un Peter Pan depresivo, el episodio retrata a dos tipos aterrados ante la vida. Dos amigos inseparables que se quieren y se destruyen a partes iguales. Ahí aparece el gran momento del capítulo: Mikey descargando toda su bilis contra Richie en un monólogo doloroso, una escena que ayuda a entender el futuro emocional de ambos personajes dentro de la serie.
“Gary”, con unos Moss-Bachrach y Bernthal que se pasan la pantalla (realización brutal de Storer y una banda sonora repleta de clásicos del reggae jamaicano de los setenta), vuelve a recordarnos la gran idea que atraviesa toda la serie: la vida es bonita, pero complicada. Uno de los mejores capítulos de la saga “The Bear”.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.