Yendo rápido a ningún lugar
DiscosBestia Bebé

Yendo rápido a ningún lugar

7 / 10
Fran González — 22-05-2026
Empresa — Primavera Labels
Género — Indie rock

Cuando uno empieza a peinar canas, es fácil caer en la tentadora debilidad de releer el pasado con puño de hierro y fiscalizar el presente con condescendencia. Bestia Bebé, sin embargo, parece que intentan luchar contra los elementos en su regreso con “Yendo rápido a ningún lugar” (26) y optan por ofrecernos una mirada sin nostalgia ni cinismo a ese San Martín que a todos nos termina llegando.

Desde la misma prerrogativa de su sexto largo, resulta evidente que Tom Quintans y los suyos tienen claro que crecer implica asumir ciertas contradicciones. Celebran la herida sin recrearse en ella, lo que termina siendo, de manera muy sucinta, el nexo de unión para sus nuevas diez pistas, empeñadas en sostener la épica de lo cotidiano y recordarnos que el tiempo desordena, desgasta, pero también lo recoloca todo.

Hablando en plata y sin hacerse demasiadas cruces, esta idea queda meridiana en “El Atrevido”, tema juguetón y de lo más palatable, donde los argentinos abogan por sardonizar con insolencia y desdén los constructos del éxito sistémico (“Estudiá una carrera me decían / Y yo en mi cama durmiendo todo el día”). Este nuevo himno, presto para el coreo unánime con un delicioso estribillo bañado en distorsión (“Y estuvo bien, todo bien, todo bien, todo bien”), le entrega el testigo a una rara avis en el registro de la banda, “Planes perfectos”, cuyos toques de post-punk melódico y dance-rock ochentero anticipan (además del título del elepé en sus letras) varias premisas fundacionales en el mismo.

Y es que, aunque en su lírica Quintans continúe apoyándose en un abc más o menos recurrente y reconocible (el barrio, el compadreo, la ruina cotidiana, la ternura, el humor), también nos deja en su fórmula algunas miguitas que rompen la baraja y abrazan una contenida evolución. Prácticamente como un quinto miembro más de la banda, Felipe (hermano de Tom) asume de nuevo las riendas de la producción para desplazar, puntualmente, la gramática del conjunto boedense a un territorio más electrónico. Entre baterías programadas, bases, teclados y samples, el pulso clásico de Bestia Bebé se reconfigura hasta trasladarnos instintivamente del groove británico de Happy Mondays a la experimentación más lúdica de Beck o de unos atemperados Beastie Boys: rompen con su promesa de no caer en el topicazo futbolero con "Gustavo Costas", retuercen el blues-rock con el minimalismo de una caja de ritmos en “Cara de Piedra” y cierran rasando el pop de dormitorio en “La guerra de los huesos”.

“Si me voy no significa que te quiera menos”, originalmente concebida como una pieza inspirada en el imaginario más melancólico de Carolina Durante y finalmente interpretada a pachas por la voz principal de estos, convierte a golpe de catarsis pegadiza una caída sentimental en un abrazo sonoro. Declaración y consuelo que se atreve a nombrar sin pudor la culpa y el remordimiento, aseverando con ello la premura por aprender a leer el tiempo, especialmente cuando este deja de correr a nuestro favor. Madurar, parecen indicar bajo una acústica casi desnuda, no es más que una derrota suave bien llevada. No hay en Bestia Bebé, aun así, ninguna pose de sabiduría terminal ni la pretensión de haber descifrado el enigma definitivo de la senectud digna porque, ante todo, lo suyo pasa por aceptar la torpeza y el desvío como parte del camino: la marcha irregular como la forma más honesta de acercarse a ese misterio siempre incompleto que es hacerse mayor.

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