La frontera entre la vocación genuina y el capricho de salón resulta, en la crónica social española, de una porosidad desconcertante. Porque si bien es cierto que existen honrosas excepciones (proyectos con recorrido, oficio e incluso su porción de legitimidad artística), la hemeroteca nos recuerda que, en su gran mayoría, el resultado de ver al famoso de turno dándoselas de artista musical suele parecerse más a un karaoke que otra cosa.
Conviene separar el canturreo puntual (tan habitual hoy día a través de los talent shows de imitaciones) de la pertinaz abnegación de quienes lejos de cejar en su empeño aprovechan la mínima ocasión para subirse a las tablas y dar rienda suelta a su profesión frustrada (no tener un amigo cerca que te detenga también ayuda). Así pues, con el oído preparado para lo que venga, aquí vamos con algunos ejemplos todavía recientes.
Javier Calvo y Raya Diplomática
Al “alto de los Javis” no le ha bastado con enganchar a media España a “La Mesías” (23) o hacer que la otra media se comunique solo a través de stickers de “Paquita Salas” (16), también tenía que tirarse al barro del rock garajero y vendernos su discutible vocación escénica a fuerza de ironía queer y letras resacosas. La fórmula sobre el papel reconocemos que no es nada mala: un súpergrupo a la antigua usanza, compuesto de caras conocidas de aquí y de allá (Álex de Lucas de The Parrots, Marco Frías de El Buen Hijo y Elena Rodríguez, responsable en la sombra de Stella Maris) y entregado al mamarracheo hedonista.
Daniel Guzmán y Presbicia
Que el barrio corre por sus venas lo hemos comprobado ya en sus intervenciones públicas, en su cine y en todos los personajes de ficción que han llevado su sello. Lo que quizás no hacía falta era remarcarlo con una banda tributo a La Polla Records, pero qué se le va a hacer. Sabemos que Roberto soltaría un sonoro “Vamos, no me jodas”, lo que no queremos es ni imaginarnos qué pensará Evaristo.
Esteban Navarro y Cheeto’s Magazine
Después de verle petándolo a la vera de Rigoberta Bandini o creando hits absurdamente infecciosos en Venga Monjas, quizás no te sorprenda descubrir que a Esteban Navarro la música no le es ajena en absoluto. Riffs de sintetizador y cachondeo tecnicolor; lo creas o no, lo que comenzó como una boutade entre amigos se ha hecho con un lugar en la escena internacional del rock progresivo electrónico.
Eva Hache y Vintache
Junto a Pepe Valencia y Álvaro Rivero a las teclas, la dicharachera cómica y presentadora lleva años con un pie metido en el trillado mundo de las versiones de temas populares pergeñadas con Casiotone. El resultado: una verbena elegante en la que pueden sonar tranquilamente clásicos de La Mode, Elastica o Pet Shop Boys, capitaneada por un trío sin aspiración ni pretensión alguna de tomarse demasiado en serio a sí mismo pero con la certeza de hacernos quemar zapatilla.
Carlos Areces, Aníbal Gómez y Ojete Calor
Entre la coña marinera y el himno feísta, Ojete Calor han acabado siendo más influyentes de lo que el propio chiste sugería en su día. La mamarrachada se les fue tanto de las manos que Pedro Almodóvar, Rocío Carrasco o Ana Belén les avalan a día de hoy con estima confesa. Que se les tendrá que estudiar en el futuro es algo sobre lo que ya no tenemos la menor duda. Aníbal Gómez también es, además, Ruido Paraíso, con material publicado en solitario.
Edu Soto y Welcome LEMi
No pecaremos de subiditos, que por algo el bueno de Edu Soto nos tuvo a todos en 2005 chillando aquello de “Qué pasa neng!”. Veinte años después, el cómico y actor catalán ha dejado atrás el bakalao y la guasa para dejarse producir por Javier Limón y dar forma a esta suerte de espectáculo a caballo entre el cabaret de cuerdas y la oda a la paternidad.
Manel Fuentes y The Spring's Team
Pese a los años que el showman lleva rindiéndole pleitesía a Bruce Springsteen a través de su banda tributo, la sombra del Boss es tan alargada que, a la postre, el experimento de Manel Fuentes aquí se queda en un cosplay premium. Un diez por el juego de palabras, su empeño, devoción y el innegable parecido físico con el de Nueva Jersey en sus tiempos mozos. Lo demás, ya tal.
Asier Etxeandia y Mastodonte
Dramón, lentejuelas y electrónica épica compartida mano a mano con Enrico Bárbaro. Cuando no está frente a las cámaras, el actor de “Dolor y Gloria” (19) o la reciente “La cena” (25) muda su piel hasta convertirse en un chamán pop, casquivano y enigmático, que dirige este ritual escénico con histrionismo y ego bien entendido. El magnetismo del uno junto a la precisión técnica del otro convergen en un viaje conceptual y emocional capaz de maridar la electrónica oscura y bailable con el rock rotundo y épico o el experimentalismo barroco.
Luis Tosar y Di Elas
Si en los pasados Goya te pareció que Tosar resolvía la papeleta en su número musical con bastante solvencia es porque, ahí donde le vemos, el actor más intenso de su generación también tiene alma de rockero. Que conste que no nos intimida recordar al Mala Madre de "Celda 211" (09) para reconocer como defendible también la artesanía y honestidad de su faceta musical: el actor gallego, tras varios proyectos musicales interrumpidos (Los Huana, su banda de los años 90), encontró aquí, a mediados de la década pasada, su ansiado y reconocido refugio guitarrero.
Lorena Castell, Carlos Bayona y Lorena C
Es posible que el hecho de que estuviéramos a punto de mandar a Lorena Castell a Eurovisión con su “Piensa Gay” no fuera un recuerdo que necesariamente quisieras desbloquear, pero nunca es tarde para recuperar este eurodance firmado por Lorena Castell y Carlos Bayona, hermano del director Juan Carlos Bayona.
Jordi Évole y Los Niños Jesús
El azote político de la tele se baja del púlpito y de las entrevistas incisivas cuando el tiempo se lo permite para juntarse con sus colegas de toda la vida y combatir la crisis de los cincuenta a ritmo de himno inmortal de terceros. Más terapia de fin de semana que virtuosismo y dote, que ya es más de lo que pueden decir otras figuras de la industria con ínfulas de salvar el rock.
Natalia Tena y Molotov Jukebox
De patearse Poniente junto al pequeño de los Stark a coronarse reina del gypsy-funk por derecho propio. La actriz británico-española preside este cabaret itinerante e hiperactivo que ha girado ya por medio mundo a ritmo de brass salvaje y feria balcánica. Un desmadre pagano y desquiciado que ni George R.R. Martin habría imaginado jamás en sus novelas.
Ignatius Farray y Petróleo
Profeta del grito sordo, padre separado, tinerfeño y miope; hay pocos títulos que al imposible Ignatius Farray le queden todavía por ostentar, pero en todos ellos, incluido su rol de frontman en esta fantasía caótica de rock crápula e insurgencia mutante, siempre habita e impera la “commedia”. Entre provocación y desquite, se alzaron victoriosos en la batalla de bandas del Monkey Week 2019 y consiguieron un contrato con Sonido Muchacho; después, ya nada más se supo de ellos.
El Gran Wyoming y Los Insolventes
Nosotros también nos preguntamos si queda algún presentador maduro sin su respectiva banda de versiones, claro que lo de Wyoming con el rock viene de largo. Con oficio y retranca, suenan mejor de lo que la ocurrencia anticipa, aunque el resultado no deje de ser, a fin de cuentas, diversión de bar con pedigrí televisivo y mucha coña bien afinada.

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