A priori, no tenía mucho interés en el debut de Martin Urrutia: durante su paso por Operación Triunfo no estaba entre mis favoritos, luego le perdí la pista durante sus incursiones en la interpretación, y pienso que tener buenos productores –aunque sean tan buenos como Hidrogenesse– no sirve si tú no te implicas y si tienes poco que ofrecer. Por suerte, no es el caso de Martin, y con “La Insolación” me ha callado la boca a base de bien.
Cuenta Urrutia en una conversación con Gonzalo Cordero para Esquire que la composición ha sido muy colaborativa con Genís Segarra y Carlos Ballesteros, “ellos se han alimentado mucho de mí y yo a saco de ellos, de forma que su manera de expresar y la mía congeniara y tuviera sentido”. No he estado en las sesiones de composición, pero lo que emana del disco es precisamente eso; me imagino a los Hidrogenesse revisitando su adolescencia y a Martin compartiendo con ellos la suya. Y el resultado de una fusión así entre adolescencias queer de dos generaciones distintas es muy especial.
Sobre la nostalgia que impregna este disco, quizás fruto de esa fusión, reflexiona Martin en la mencionada entrevista que “hay distintas percepciones de la nostalgia. Para mí es simplemente recordar (…) echar la vista atrás y encontrar un gozo en esos recuerdos”. No en vano el álbum se abre con “Nuevos recuerdos”, una colección de esas que el donostiarra sabe que necesitará más adelante. Recuerdos que pueden ir al lado más inocente y aparentemente naif de “Me han dado un bolígrafo” o la muela del juicio de “Déjalo ir”, al crush no correspondido en intercambio de “Jérémie”, pasando por las amigas de vacaciones de “Piscina vacía”. Las joyas de la corona son “Otro verano” (una estructura clásica que mezcla el teen angst y guiños meta como el de su entrevista con Tom C. Avendaño para El País) y la preciosa “1000 estorninos”, pero en general Martin logra juntar aquí un notable grupo de canciones, y la prueba es que no hemos necesitado mencionar hasta ahora la (estupenda) versión de “Nadadora” de Family.
“La Insolación” toma su título del libro homónimo de Carmen Laforet, autora de obras tan redondas como “Nada” o “La mujer nueva”, y lo hace por compartir Urrutia nombre con su protagonista, pero también por el período vital que quiere representar. Habrá quien mire el disco con condescendencia y piense que al menos servirá para que gente de veinte años lea a Laforet, como he leído por ahí, pero lo cierto es que el disco tiene una entidad propia. Una entidad que tendrá sus detractores, pero también nos tendrá a aquellos que lo escuchamos la primera vez con la ceja levantada y nos descubrimos volviendo a él y a su mundo particular. Ocurría algo así con el primer disco de Amaia, que un servidor sigue defendiendo (y escuchando), y presiento que ocurrirá lo mismo aquí. Sin duda, “La Insolación” es el mejor debut de su edición, y uno de los mejores debuts de alguien salido de Operación Triunfo.
Es significativo que, en un mundo hiperestimulado en el que todo está diseñado para olvidarse a los cinco minutos y querer otra cosa, donde te piden constantemente que “dejes ir”, Martin suelte “siempre decís que no olvido nada y los demás recordáis muy poco” (”Déjalo ir”). “La Insolación” prefiere vivir para recordar. Y menos mal.
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