Publicado originalmente en inglés en 2024, y ahora traducido, “Hermanos”, de Alex Van Halen (batería de la banda de rock duro Van Halen), intenta moverse entre las memorias que pretenden levantar un monumento, en este caso a la figura de su hermano Eddie, y las que buscan ajustar cuentas, con David Lee Roth en la diana. El resultado es un libro agradable de leer, con momentos interesantes, pero que deja la sensación constante de haberse quedado a medio camino. Como si el batería hubiera preferido proteger determinados recuerdos antes que exponerlos con toda su crudeza.
Para quien apenas conozca la historia de Van Halen, el volumen cumple con solvencia. Repasa los orígenes familiares, la emigración desde los Países Bajos, la formación del grupo y el ascenso hasta convertirse en una de las bandas más importantes del rock estadounidense. Uno de sus problemas es que el relato prácticamente concluye con el disco “1984”. Todo lo que vino después apenas existe. No deja de resultar significativo que Sammy Hagar solo aparezca citado una única vez en todo el libro, una ausencia que convierte décadas de la trayectoria del grupo en un enorme punto ciego.
El verdadero eje de “Hermanos” no es, sin embargo, la historia de Van Halen, sino la relación entre Alex y Eddie. Es un vínculo presentado como prácticamente indestructible, apenas salpicado por alguna pequeña discrepancia. La imagen resulta tan idealizada que cuesta aceptarla sin reservas. Es evidente que Alex escribe desde el cariño y la nostalgia, pero esa voluntad de preservar el mito familiar acaba limando demasiadas aristas.
Algo parecido sucede con David Lee Roth. Alex procura mantener un tono contenido y evita el ataque a degüello, pero conforme avanzan las páginas se hace evidente que la animadversión sigue muy presente. Intenta disimular la inquina, aunque termina viéndosele el plumero. Sus comentarios nunca llegan a convertirse en un ajuste de cuentas abierto, pero sí dibujan un retrato en el que las virtudes del cantante quedan siempre eclipsadas por sus defectos.
Finalmente sorprende el tratamiento de las anécdotas más salvajes. Una banda con la reputación de Van Halen podría haber dado para páginas memorables de excesos, caos y desenfreno. Que hablamos de Van Halen, oigan. Sin embargo, todo aparece notablemente suavizado, como si el autor hubiera decidido rebajar el volumen de los episodios más escandalosos. Hay historias, sí, pero pocas –o ninguna– alcanzan la intensidad que muchos lectores esperarán de una de las formaciones más descontroladas de su generación. Al menos sí encontramos una explicación ¿convincente? sobre uno de los grandes mitos del rock. Alex ofrece una versión curiosa de por qué exigían retirar los famosos M&M's marrones del catering. Si la quieren creer o no, es cosa suya.
La lectura resulta fluida y el libro nunca se hace pesado. Alex Van Halen sabe contar su historia con cercanía y sin artificios. Precisamente por eso acaba dejando una sensación extraña. “Hermanos” no está mal. Es una buena puerta de entrada para quienes quieran conocer los primeros años de Van Halen desde dentro. Pero quien espere confesiones incómodas, revelaciones sorprendentes o una mirada realmente descarnada sobre una de las bandas más legendarias del rock terminará cerrándolo con la impresión de que le falta, sencillamente, más chicha.

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