Lost Weekend
DiscosPhoebe Bridgers

Lost Weekend

9 / 10
Sergio Ariza — 14-08-2026
Empresa — Dead Oceans / Popstock!
Género — Indie pop
Fotografía — Archivo

La carrera de Phoebe Bridgers la ha llevado de ser una cantautora indie favorita de la crítica a una extraña estrella del pop, con colaboraciones con Taylor Swift o SZA incluidas y la creación de un supergrupo, Boygenius, junto a Lucy Dacus y Julien Baker, que terminó arrasando en los Grammys. Decir que su tercer disco era muy esperado es quedarse bastante corto.

Sobre todo porque habían pasado seis años desde el segundo, el intenso "Punisher" (20), el que la terminó de convertir en una estrella del rock & roll, como le dice su difunto padre en una grabación que ha metido en el disco. Y es que este "Lost Weekend" es, como siempre ha pasado con su autora, una obra absolutamente personal en la que las canciones tratan de lidiar con todo lo que ha ido pasando en estos años en los que se quitó del foco para preparar este disco que va a terminar de convertirla en uno de los claros referentes de su generación.

Y esas cosas han sido una ruptura y un nuevo inicio amoroso, la conversión en una estrella y la muerte de su padre, con el que tenía una conflictiva relación, que sobrevuela este disco coherente y cohesionado, tanto en lo lírico como en lo musical. Un disco que sigue contando con la potencia emocional de sus dos primeros discos en solitario, pero con una producción mucho más rica y cuidada, "Lost Weekend" es un trabajo más arriesgado y, a la vez, más personal, como si Bridgers hubiera descubierto un sonido propio más allá de la enorme influencia de Elliott Smith.

La voz robótica que abre "The Outside" es un claro aviso de que este disco es otra cosa, eso sí, en cuanto dice las primeras palabras, aunque sean con una voz totalmente tratadas, ya estamos en puro estilo Bridgers, esto es con una de esas líneas que se quedan grabadas, demostrando que líricamente es, posiblemente, la pluma más afilada de su generación: "Crying in a suit and tie / But you should see the other guy / One more time for old time's sake / I'll watch him get carried away (Llorando con traje y corbata / Pero deberías ver al otro tipo / Una vez más, por los viejos tiempos / Me quedaré mirando cómo se lo llevan"). Una referencia a su atuendo con Boygenius y al entierro de su padre. Musicalmente es un movimiento atrevido, aunque poco a poco van entrando sonidos más reconocibles, cálidos y folk, las capas de vocoder van cayendo, pero no terminan yéndose del todo.

"Lost Boys" también comienza con voces tratadas, dando un sentido de continuidad que tiene todo el disco, pero tarda muy pocos segundos en convertirse en la canción más accesible y pop del disco. Se podría decir que es el "Kyoto" del disco, una elección clara como primer sencillo. El estribillo, aumentado con los vientos, es triunfal, aunque la canción nunca pierde del todo ese sentimiento agridulce y melancólico tan relacionado con su música.

En "Kill Me", habla sobre madurar y nombra por primera vez a Bobby, el cómico Bo Burnham, su nueva pareja. Territorio más común, con acústica, voz, toques de piano, aunque también aparecen otras cosas que añaden filo a la canción, en el gran cambio final aparece por primera la reconocible voz de Son-John Johnson, que no es otro que Cameron Winter de Geese. En ese final apocalíptico se puede ver cómo ha mejorado a nivel sonoro su autora, en un disco con muchas más capas y sorpresas.

Y luego llega una de las canciones que más va a dar que hablar, "Governor's Ball", en la que se mete a ritmo de vals en ese drama de rupturas y celebridades que tan bien se le da a Taylor Swift. Queda bastante claro que cuando dice eso de "And she can pretend to be me / Since she took my place in my bed on that stage / I have not lost any sleep (Y ella puede pretender ser yo ya que ha cogido mi lugar en la cama en ese escenario, yo no he perdido el sueño") le está tirando a Gracie Abrams, que es la pareja actual de su ex, el actor Paul Mescal. Pero más allá del morbo, estamos ante una canción preciosa.

"Bobby" está dedicada a Bo Burnham, así que es normal que sea de las mejores canciones del disco, además de las más directas y positivas, además de dedicarle varias de esas frases que podrían terminar apareciendo en alguna camiseta como "And if you didn't like either one of my friends / I'd kill them, I'd kill them (Y si no te gustara ninguno de mis amigos... los mataría, los mataría")", terminando con el definitivo: "Now I don’t know if I can make it tonight / But what are you doing the rest of my life? (No sé si podré ir esta noche, pero ¿qué vas a hacer el resto de mi vida?)"

"Haunted" es una de esas canciones que se cantan al aire libre junto a una fogata, con banjos y fiddles, y bonitas armonías que le podrían haber hecho sus compañeras de Boygenius pero que aquí suena con una producción totalmente renovada, mientras que "Panorama" deja claro que su amor por la música ambient no ha sido solo una boutade de una entrevista, sino verdadero amor. Casi dos minutos de sus menos de tres son una preciosa introducción instrumental, mientras que cuando entra su voz, como la de un fantasma, tratada y gélida, la canción continúa siendo un misterio.

Con "Still Standing" sigue por esos mismos lugares sinuosos, su voz sobre un sintetizador espectral, hasta que entra una guitarra acústica que le da una calidez al conjunto. La muerte de su padre hace que mire a su niñez, pero en vez de encontrar un recuerdo reconfortante, se topa con algo mucho más aterrador, imágenes de violencia doméstica: "I found her bleeding over the sink But when you said sorry You were looking at me (la encontré sangrando sobre el fregadero, pero cuando dijiste lo siento me estabas mirando a mí)". Es uno de los momentos culminantes de un disco en el que el contenido, las letras, y el continente, la música, se unen formando un todo apabullante emocionalmente.

"Liberty Tree" será una de las favoritas de los seguidores más antiguos de Bridgers, llevando ecos melódicos de “Graceland Too”, por su parte, la breve "Never Going Back!" es una especie de mantra que se ve empañada por un mensaje de voz de su difunto padre: "Ser una estrella del rock te quita mucho tiempo, supongo", dice un recuerdo, ahogado por una risita, que se entremezcla con los triunfales acordes enterrados de fondo.

"I Can't Wait" es otro de los mejores momentos del disco, volviendo a juntar dos partes que podrían parecer opuestas una primera más nerviosa y con sintes, que vuelven a dar paso a un tema country con armónica, banjo y pedal steel que te rompe el corazón, sobre todo cuando el mismísimo Son-John Johnson aparece para cantar en armonía con Bridgers ese "All my life side by side Hyde Jekyll Hyde finally together (Toda mi vida, uno al lado del otro: Hyde, Jekyll, Hyde, por fin juntos)", y luego vuelve a dar paso a la primera parte.

En "As Above" encontramos el corazón emocional del álbum, con Bridgers volviendo a derrochar pasión, creo que nunca ha cantado mejor que en este disco y dando, casi sin querer, lo que significa este disco: "You won’t have to believe in magic, leave it to me and i’ll make it happen (no tienes por qué creer en la magia, déjamelo a mí y yo haré que suceda").

Al final vuelve la canción titular con el mensaje final en el que se mezcla su luto por su padre ("He's not coming back But I still live by thе things he taught me Like how to forgivе when they're not sorry (No va a volver, pero todavía vivo según las cosas que me enseñó, como cómo perdonar cuando no lo sienten")) y el nuevo amor hallado ("We’re gonna be alright, me and you You love me, and I won't ever let you forget Not yet (Vamos a estar bien tú y yo. Me quieres y no pienso dejar que se te olvide. No todavía"). Con ello consigue dar con una auténtica resolución al disco.

La mayoría de los discos que giran alrededor sobre una pérdida se conforman con regodearse en ella. Aquí, en cambio, Bridgers la supera, y se gana una conclusión a la altura de su mejor disco hasta la fecha. Uno que suena, a la vez, nuevo y totalmente propio y personal, uno en el que se renueva, pero en el que sigue sonando totalmente a sí misma.

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