Hubo un tiempo en que Jaime Martín no quería oír hablar de “Sangre de barrio”. Después del enorme éxito de aquella trilogía publicada originalmente entre finales de los ochenta y principios de los noventa (más de 18.000 ejemplares vendidos y Premio al Autor Revelación en el Salón del Cómic de 1990), el dibujante sentía que cualquier conversación acababa regresando a la ciudad de L’Hospitalet de Llobregat y a las aventuras y desaventuras (sobre todo desaventuras) del Vicen y compañía. "Solo se hablaba sobre ‘Sangre de barrio’, de ‘Sangre de barrio’ y del autor de ‘Sangre de barrio’. Era ya un poco cansino". Como Nirvana teniendo que tocar forzosamente “Smells Like Teen Spirit” cada noche de concierto. Hastiado, Martín llegó a matar al protagonista de la historia para cerrar definitivamente aquella etapa. "Dije: ahora mato a Vicen y a la mierda con ‘Sangre de barrio’". Pero el pasado siempre retorna, aunque, afortunadamente, la mayoría de las veces con una perspectiva diferente. "Le debo muchísimo a ‘Sangre de barrio’. Gracias a esos lectores pude seguir aprendiendo durante años, experimentar, equivocarme y seguir haciendo un álbum tras otro".
Vicen murió, pero acaba de resucitar en la reedición integral que acaba de publicar Norma Editorial recuperando los tres volúmenes originalmente aparecidos en la revista El Víbora, acompañándolos de un magnífico epílogo que contextualiza la obra. Pocas novelas gráficas publicadas en nuestro país han envejecido tan bien como este retrato del L'Hospitalet obrero de los años ochenta. Una ciudad, como todas las urbes y barrios de extrarradio de la España de la época, atravesada por la heroína, la delincuencia juvenil, la violencia y la falta de oportunidades, y una banda sonora en la que resuenan los discos de Leño, Barricada, Burning, Ramoncín o La Polla Records. Pero también por la amistad y el sentimiento de pertenencia. Un fresco social que, leído hoy, resulta incómodamente contemporáneo. Lo curioso es que no nació con esa intención. "Simplemente me puse a escribir sobre algo que me resultaba relativamente fácil por lo cercano", explica.
“Solo tuve que juntarme con los colegas y que me refrescaran la memoria de todas las cosas que los había oído contar de sus institutos. Había un poco de todo. También experiencias mías"
El encargo era completamente abierto. Su editor únicamente le pidió que hiciera un álbum. Jaime Martín tan solo tuvo que salir a la calle para dar con la inspiración. "Antes de ponerme a hacer ficción sobre serie negra o historias de manguis en el Raval, qué mejor que hacerlo de aquí, de L'Hospitalet". A partir de ahí comenzó un método de trabajo casi periodístico. Se reunía con los amigos del barrio, les pedía que le refrescaran la memoria y empezaba a acumular anécdotas: drogas, prostitución, violencia machista, pequeños robos, familias rotas... todo procedía de experiencias cercanas. “Solo tuve que juntarme con los colegas y que me refrescaran la memoria de todas las cosas que los había oído contar de sus institutos. Había un poco de todo. También experiencias mías, como cuando íbamos a comprar chocolate a cierto bar. El tipo que lo pasaba lo escondía en su hijo pequeño, que lo llevaba cogido de la mano. Eso creo que sale en algún momento de ‘Sangre de barrio’”. Es decir, que la novela gráfica de Jaime Martín nunca pretendió convertirse en un manifiesto social, sino que la suma de pequeños detalles cotidianos terminó componiendo el retrato de una época. Seguramente ese es su gran valor. “Al final casi te diría que ‘Sangre de barrio’ es, sobre todo, un fresco de cómo veía la ciudad desde mi perspectiva de dieciséis años”. Filtro trabajado a través de una extraordinaria tarea documental. En una época en la que no había Google Maps ni teléfonos móviles con los que echar fotos, Martín recorría L'Hospitalet y Barcelona con su cámara Zenith retratando calles, edificios y plazas para que, luego, traspasadas al dibujo, todo resultara reconocible. “Quería que el barrio fuese real. Si no, ¿qué quedaba? Creo que esa veracidad acaba transmitiéndose incluso a quien nunca ha estado aquí”.
“No tocaría ninguna de las expresiones que aparecen, aunque hoy puedan sonar machistas, homófobas o violentas, porque así se hablaba entonces. Forman parte del contexto de los personajes”
El vínculo con L'Hospitalet atraviesa toda la obra. Martín, que aún vive en el barrio de Santa Eulàlia, habla de la ciudad con un orgullo construido precisamente a partir del estigma. “Durante mucho tiempo ser de L'Hospitalet era casi como ser un apestado". Pero aquella mala fama acabó transformándose en una especie de identidad colectiva. “Le dimos la vuelta. Era como decir: ‘Vale, no me toquéis las narices, soy de L'Hospitalet’". Una pertenencia de clase que, como comentamos entre risas, hoy casi se ha convertido en una moda. “Ahora todo el mundo quiere ser de barrio y, si son un poco manguis, mejor, más auténticos”. Resulta inevitable preguntarse hasta qué punto aquella realidad pertenece realmente al pasado. “Me da un poco de repelús”, reconoce. Aunque la ciudad ha cambiado profundamente, muchas situaciones vuelven a repetirse. “Sigo viendo violencia juvenil, robos, drogas... No igual que en los ochenta, pero hay muchas cosas que vuelven a estar ahí”. La reedición tampoco ha sido la excusa para reescribir el pasado, pues tanto el trazo como el lenguaje permanecen intactos. “No tocaría ninguna de las expresiones que aparecen, aunque hoy puedan sonar machistas, homófobas o violentas, porque así se hablaba entonces. Forman parte del contexto de los personajes”. Cambiarlo sería, en cierto modo, falsear el testimonio. Porque eso es, precisamente, "Sangre de barrio": un testimonio. El retrato sincero de una generación: la de los quinquis que te atracaban a punta de navaja cuando ibas dirección al colegio, la de los yonkis que paseaban con la aguja clavada en el brazo; y de una ciudad que durante mucho tiempo apenas apareció en la cultura popular más allá de los tópicos. Una obra nacida casi sin pretensiones que acabó convirtiéndose en uno de los grandes referentes de nuestro cómic contemporáneo. No, Vicen no ha muerto.

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