“Nos apetecía ser más directos y menos ornamentales”
EntrevistasThe Soulbreaker Company

“Nos apetecía ser más directos y menos ornamentales”

Kepa Arbizu — 04-06-2026
Fotografía — Jon Usual

Tras ocho años de silencio discográfico, la banda vitoriana The Soulbreaker Company regresa con un álbum, “Sins” (Discos Macarras Records, 2026), que traslada su habitual sonido épico e imbricado a un terreno más urgente e inmediato.

Si meritorio es encontrar un registro propio entre el masificado ecosistema musical actual, todavía lo es más hacerlo a través de un proyecto en constante evolución. Una definición perfectamente aplicable a esta rotunda formación, surgida al albur de un hard rock clásico que ha paulatinamente ha guiado su destino hacia un espectro sonoro más original y expansivo, donde las texturas progresivas o sinfónicas añaden un acento más fascinante a su repertorio. Un paisaje que para su actual álbum, “Sins”, se reformula señalando un contorno más orgánico y sintetizado, lo que se traduce en que sus influencias se concentran en ese espacio que va desde Led Zeppelin a Soundgarden pasando por Mountain, una cronología que puede condensarse en ejemplos contemporáneos como los manifestados por Clutch o Graveyard. Es precisamente la emocionante y personal voz de Jony Moreno, encargada de enunciar con talento las canciones, la que nos atiende para conocer en profundidad esta bienvenida interrupción de su silencio creativo.

Han pasado ocho años desde vuestro anterior disco, ¿ha cambiado mucho la banda en lo musical, pero también en lo personal, durante ese periodo?
Sí, ha cambiado, pero seguramente más en lo personal que en lo estrictamente musical, porque en ese ámbito seguimos reconociéndonos bastante en nuestra manera de entender las canciones. Cuando sí hubo un cambio importante fue después de la pandemia, porque Andoni y Asier ya no pudieron compatibilizar su vida personal con la banda y se echaron a un lado. De esa forma está Guille, que era el batería de Arenna y ya giraba con nosotros desde casi después de la salida de “Sewed With Light”, e Illan pasó del bajo a la guitarra y entró Lasto al bajo, que es un músico con mucho talento que ha tocado en otras bandas de Gasteiz. Creo que la parte creativa no ha cambiado sustancialmente, la verdad.

Teniendo en cuenta ese tiempo transcurrido, ¿los temas de este disco han sido compuestos a lo largo de estos ocho años o pertenecen a un momento concreto y determinado?
Casi todos los temas se hicieron en un periodo bastante concreto. Es verdad que podía haber alguna idea previa, pero el grueso del disco nació en una etapa muy determinada y bastante focalizada. No ha sido un álbum construido a retales durante ocho años, aunque parezca que no, hemos estado ocupados haciendo otras cosas, hicimos la gira de los 20 años, y por supuesto la pandemia nos tuvo parados casi 2 años, aunque tocáramos donde podíamos, eso sí, con mascarillas, mesas de 4, etc. Así que la composición ha sido como la del resto de trabajos esencialmente.

Musicalmente es un álbum muy compacto, directo, orgánico y noventero, ¿eso es algo que se piensa antes de componer o que va surgiendo según van apareciendo las canciones?
En nuestro caso no suele haber una hoja de ruta cerrada. Sabíamos que queríamos un disco más directo, más orgánico, pero luego son las propias canciones las que terminan confirmando o desmintiendo esa intención inicial. Es algo que nos pasa siempre, creo que después de “Sewed With Light” el cuerpo nos pedía hacer algo diferente, también diferente a lo que hemos hecho antes en otros discos y la verdad que estamos contentos con el resultado.

De hecho como concepto sonoro casi me parece el reverso a vuestro anterior trabajo, “Sewed With Light”, ¿sentís este trabajo como una vuelta a ciertos orígenes o lo percibís como parte de una evolución hacia adelante?
Lo sentimos más como una evolución que como un regreso nostálgico. Es verdad que hay algo en este disco que conecta con una forma más primaria o directa de entender la banda, pero no nace de mirar atrás con voluntad de repetirnos, sino de haber llegado a un punto en el que nos apetecía ser más directos y menos ornamentales por una vez. Creo que más que una vuelta, mantenemos el dogma de hacer música honesta con lo que sentimos en ese momento.

Hay temas como “In Rome” o Beggining of the End” que me resultan especialmente melódicos y pegadizos, a pesar de que vuestro estilo se caracteriza por esa épica y oscuridad, ¿uno llega a echar de menos y necesita ese aspecto más directo?
Sí, totalmente. Nos interesa mucho la intensidad, la épica y ese poso oscuro que siempre ha estado ahí, pero también creemos que una melodía luminosa o un estribillo más inmediato puede tener una fuerza enorme y no contradice en absoluto nuestra identidad. Al contrario, a veces ese tipo de canción directa o especialmente melódica abre otra puerta emocional y permite que el disco respire de otra manera. Nos gusta que dentro del mismo universo haya distintos grados de luz y de sombra, creo que siempre nos hemos movido con los dos espectros y nos sentimos cómodos en ambos.

Me parece muy significativo que cuando se escuchan las pistas de audio de vuestros discos la gráfica de sus ondas sonoras están llenas de altibajos, ¿sentís especial predilección por ese tipo de estructuras donde se intercalan intensidades hasta recrear casi una epopeya?
Es curioso, nunca me había fijado, pero te diría que sí, que es una gran definición de nuestros temas.
Nos atraen mucho las canciones que no son planas, que genera tensión y la vez la liberan. Nos gusta que haya contrastes, que una parte frágil se convierta en algo que termina siendo duro y al revés. Creo que la épica forma parte de nuestra forma de ver nuestras canciones y este disco no es una excepción, aunque como te digo, en mi opinión, es un disco más orgánico que el resto.

¿Ha sido la naturaleza de ese sonido que queríais alcanzar con el disco el motivo principal para ir a grabar a los Electrical Audio de Chicago?
Sí, fue una razón muy importante. Teníamos claro que este disco pedía un tipo de sonido muy concreto: más directo, más basado en la interpretación real de la banda tocando junta. Electrical Audio encajaba perfectamente con esa idea, no solo por el legado simbólico del estudio, sino por su filosofía de trabajo. Buscábamos un lugar que favoreciera la dinámica, la crudeza y esa sensación de estar capturando algo vivo, no simplemente construyéndolo por capas.

“Cuando vuelcas tanto tiempo y tanta energía en un disco, cuesta conformarse si sientes que algo no termina de representar del todo lo que llevas dentro”

Os he leído en un foro explicar que el disco se ha retrasado también porque a la vuelta de Chicago y en las mezclas hechas en Gasteiz no quedasteis demasiado convencidos, ¿sois especialmente meticulosos en ese sentido? ¿Os cuesta sentiros satisfechos con el resultado final?
Sí, somos bastante meticulosos, aunque más que perfeccionistas en un sentido frío, diría que somos insistentes con la idea de ser fieles a lo que la canción necesita. Cuando vuelcas tanto tiempo y tanta energía en un disco, cuesta conformarse si sientes que algo no termina de representar del todo lo que llevas dentro. A veces eso retrasa las cosas, claro, pero también forma parte del proceso. Preferimos tardar un poco más y sentir que el resultado nos pertenece de verdad antes que cerrar una etapa con la sensación de habernos quedado a medio camino.

Uno pensaría que otros discos que a primera vista sonaban más complejos requieren mayor esfuerzo en el trabajo de estudio y producción, ¿pero es así o lo directo y menos enrevesado también conlleva mucha dificultad?
A veces lo aparentemente directo también es muy exigente. Cuando una canción tiene menos capas o menos vueltas, todo queda más expuesto: la interpretación, el pulso, el sonido, etc. En trabajos más complejos puedes esconder ciertas cosas dentro del propio tema, en uno más desnudo, no. Por eso este tipo de disco también tiene su dificultad, quizá no tanto desde la acumulación de capas, sino desde la precisión, y el intento de transmitir mucho con menos elementos.

También habéis cambiado de sello discográfico, no sé hasta qué punto ese tipo de decisiones condicionan los tiempos de entrega de un disco y todo el proceso…
En nuestro caso también influyó. Teníamos claro que no íbamos a volver a sacar disco con nuestro anterior sello, y claro, la gran mayoría de sellos tienen ya su calendario de lanzamientos con promoción etc. Nos vimos en una encrucijada, la verdad. Afortunadamente Dani de Discos Macarras nos ha ayudado en la edición, le estamos muy agradecidos, ha sido una colaboración fantástica.

El disco se abre con “Ant Row”, un alegato en favor de salirse del rebaño, ¿presentar como inicio un tema así es también una declaración de principios e intenciones respecto al concepto del álbum?
La verdad es que no te sabría decir del todo, porque este álbum toca muchos temas distintos. Si tuviera que señalar una idea en “Ant Row”, diría que no critica tanto el hecho de seguir un camino que otros han marcado, sino hacerlo sin saber realmente hacia dónde vas ni a quién estás siguiendo como en una fila de hormigas. Esa es una actitud que vemos constantemente en la política, en la economía y en casi todos los ámbitos que rigen nuestra vida. La canción plantea esa crítica de una manera bastante desafiante, también hacia quienes sostienen y alimentan ese statu quo.

Los textos tienen mucho de apocalíptico, pero por desgracia al mismo tiempo son tremendamente realistas, ¿funcionan como fotografías de un mundo en descomposición?
Sí, bastante. Desde luego intentamos que las letras reflejen la realidad que vemos, siempre desde un punto de vista humilde y sin ninguna intención de sentar cátedra ni de hacer proselitismo. Hace más de veinte años escribí la letra de “Hot Smoke and Heavy Blues”, donde intentaba reflejar las consecuencias de la guerra de Irak, la mentira de las armas de destrucción masiva y toda aquella vergüenza que terminó desembocando en una guerra de agresión. Y, sinceramente, hoy no le cambiaría ni una coma. La verdad es que eso me produce una cierta desazón y una profunda desconfianza en nuestra especie: los únicos avances que vemos parecen ser los tecnológicos; en casi todo lo demás seguimos moviéndonos como en la época más oscura del Imperio romano.

Frente a esa mirada más tremendista, sin embargo hay mucho también de un cierto escapismo, de buscar la luz, a veces en Roma, otras bajo la tranquilidad de la estatua de Abderramán y otras incluso en Júpiter. ¿En tiempos oscuros se necesita más que nunca buscarse o imaginar esos remansos de paz?
Sin duda, mira, yo no estoy cabreado con la vida, en su caso estoy cabreado con la gestión del planeta que, en mi opinión, se basa en criterios que están lejos de mejorar la existencia de nuestra especie. Pero la vida, la oportunidad de verla, me parece maravilloso y también me apetece plasmarlo en un tema y reivindicarlo.

En un mundo musical que cada vez se alimenta más de la inmediatez y tiene menos memoria, ¿regresar con nuevo disco y gira tras ocho años genera cierta inquietud o nervios, casi como si se tratara de una primera vez?
Es verdad que después de la pandemia la escena ha cambiado mucho, pero no creo que haya inquietud o nervios, lo que tenemos son unas ganas tremendas de volver a girar. Aunque sea duro y cansado, tocar es una de las cosas que más satisfacción te da como banda, en mi opinión justo detrás de la parte creativa. Así que esperamos hacer una gira intensa, sobre todo a partir de septiembre que es cuando de verdad empezaremos.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.