El guitarrista y compositor de Vetusta Morla ha entregado un disco íntimo, valiente y personal, casi de otra época, alejado de los fuegos artificiales del rock, pero también de las peligrosas servidumbres del “cantautor”. Concebido inicialmente como respuesta al doloroso proceso de pérdida de su padre, el músico madrileño ha acabado reconociendo de forma cálida y confesional a toda la gente que le han hecho ser quien es, en un proceso de alumbramiento más que de duelo.
Esta generosidad brilla en diez canciones atemporales y artesanales en las que letras construidas con meticulosidad encuentran su vehículo en la voz del autor. Afirma Guille Galván que lo más difícil fue precisamente encontrar la manera ideal de vocalizar sus textos acompañado de su acústica, un salto al vacío a estas alturas.
A partir de ahí, y acompañado por consumados técnicos y músicos de confianza (entre ellos, Héctor G. Fazzo, Campi Campón y Carlos Raya), ha arropado las canciones con elementos clásicos y contemporáneos como si estuvieran en un espacio físico, y desde la sobriedad, trascendiendo lo mainstream y lo alternativo; dos esferas que a menudo son antitéticas, pero que aquí se hacen superfluas.
Esta manera de presentar canciones sin etiquetas ni estridencias y gusto exquisito es quizá el principal hallazgo de un músico que lleva décadas en una banda que ha vivido el éxito masivo. “La botella” ejerce de portal al acogedor refugio que es el álbum: acústica, voz, órgano y armónica. Ecos de Springsteen y Nacho Vegas reciben al oyente. A partir de ahí se suceden los hallazgos: del folk lisérgico de "No me dejes quieto” a la atmósfera y las cuerdas de “Justo en el medio”, o el arpegio de guitarra de “Pulso y belleza”.
“En qué momento dudé de ti” nos muestra el lado más desnudo de un autor que mantiene el pulso con cortes tan certeros como “Huellas en al aire” quizá la más pop- y la emocionante “Túnel de la M-30”, hasta el magnífico cierre de esa “Canción muralla” “que te proteja del vacío cuando no haya nada". Y entonces el oyente se da cuenta de que la invitación a entrar en su cálido refugio musical y emocional ha merecido la pena, y que lo volverá a visitar para descubrir más cosas.
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