“Vivimos en un momento donde la primera persona está bajo un foco constante”
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“Vivimos en un momento donde la primera persona está bajo un foco constante”

Tanit Cortés — 21-05-2021
Fotógrafo — Carlos Rosillo

Guille Galván es miembro de Vetusta Morla, una de las bandas indie de referencia en español, que ha cosechado grandes éxitos tanto en el panorama nacional como internacional. A finales del pasado año lanzó “Desconocernos” (Lunwerg, 20), su segundo poemario, esta vez acompañado de las ilustraciones de Rebeca Losada. Charlamos con el artista para comprender y ver más de cerca su universo.

Me llamó mucho la edición del libro, sobre todo las ilustraciones de Rebeca Losada. ¿Cómo las has utilizado? Es decir, ¿cuentan algo las ilustraciones que no expliques en los poemas?
La idea de las ilustraciones era precisamente que contaran o que sirvieran para que el libro tuviera una segunda capa de lectura. No que fueran separadores, sino que a través de las ilustraciones el lector pudiera seguir la historia que se va complementando con el texto.

¿Cómo surgió este enlace artístico?
A Rebeca la conocí porque hace trabajos de cartelería con bandas de música y llegué a ella a través de varios anuncios y carteles que me habían gustado. Así que la llamé. En principio solo tenía que hacer la portada pero me sugirió hacer las portadillas y fuimos desarrollando más ideas. La verdad es que su trabajo también me ha ayudado a estructurar internamente los poemas. Me situó para terminar estableciendo el orden definitivo del libro.

El poemario comienza con “Golem”, un breve poema que recuerda a un haiku y que trata sobre el ego. ¿Es esta pieza una declaración de intenciones?
Creo que era un buen arranque por lo que dices, porque es un poema corto. Me gusta trabajar con poemas cortos entrelazados con algunos más largos en los libros, porque creo que a nivel narrativo te dan la posibilidad de cortar el ritmo del que vienes y de ir creando pequeños “links” o “puertas” hacia otro lugar. También es una declaración de intenciones de aquello que se irá desgranando durante el libro. El libro trabaja nuestra relación con las fronteras, con nosotros mismos, con nuestros fantasmas y los miedos interiores, los prejuicios… También habla del límite con nosotros mismos y en el tercer capítulo con la sociedad. Así que el ego era algo que había que dinamitar desde el principio.

“La finalidad última de un texto o una canción se completa cuando lo lee o la escucha alguien”

¿Para ver más allá?
Sí, y para rascar. Vivimos en un momento donde la primera persona está bajo un foco constante, en lo que hacemos, en las redes sociales… Una necesidad de estar alimentando a esa primera persona constantemente y estar conformando una imagen de quienes somos, casi como si fuera una escultura que hay que ir cincelando. Eso tiene mucho que ver con el ego y esa parte psicótica de tener que estar todo el rato agradando a los demás.

También me ha llamado la atención cuando dedicas el poema a una tal Clara y escribes que es “porque sí”. Me sorprende que después de escribir el poemario todo esto se reduzca a un “porque sí”.
Me da la sensación que cuando explicas en la presentación de un libro ciertas cosas que están mejor explicadas en el libro o cuando te preguntan por el significado de una canción y te pones a explicarla te das cuenta de que la estás destrozando. Al final es mejor que cada uno saque sus propias conclusiones, quería dedicar el libro y me daba la sensación de que cualquier cosa que pusiera estaba implícita en las páginas del libro. A veces no hay que buscar la dedicatoria perfecta, no tenemos por qué justificarlo todo en la vida. Ella sabe por qué es.

Cuando compones con Vetusta Morla supongo que ponéis las letras en común y las afináis para que encajen… En este caso, se ha tratado de un proyecto en solitario, ¿lo has puesto en común con alguien, con un círculo de “consejeros” de confianza o lo presentaste a la editorial directamente?
Buena pregunta. Cuando hice el primer libro tenía más dudas porque venía del ámbito de la música y a veces parece que te metas en el oficio de otros y me daba cierto pudor mandarlo. En este caso la verdad es que no lo ha leído mucha gente antes de mandarlo. Lo leyeron dos o tres personas de confianza pero esta vez no lo pasé por tantas miradas. Al final la opinión externa es muy importante porque te das cuenta de cosas que creías que están muy bien no lo están tanto o al revés, descubres cosas que se pueden potenciar. Siempre está bien que alguien con ojos fríos te dé su opinión. La figura del editor es importante en la vida en general. Durante mucho tiempo he escrito cosas que no he compartido con los demás y me han llevado a un lugar, pero creo que la finalidad última de un texto o una canción se completa cuando lo lee o la escucha alguien, creo, vaya.

Me gustó mucho el poema “Los encuentros”, que habla de la búsqueda a través del acto de escribir. ¿Has encontrado aquello que buscabas?
Estoy en ello… Se van encontrando cosas, ciertos picos de felicidad y estabilidad. Es como el que escala y va parando en campamentos base, vas consiguiendo cotas que hacen respirar mejor pero luego tienes que volver a subir. Es esa sensación de hacer algo por primera vez, de estar un poco perdido y enfrentarme a algo que no he hecho nunca… Por un lado me da cierto miedo y por el otro creo que es el mejor motor para enfrentarme a procesos y seguir disfrutando de ellos. Cuando siento que estoy transitando lugares por los que ya he pasado me aburro un poco.

¿Qué sensación te gustaría que tuvieran tus lectores?
Es complicado aventurarse y decir “quiero que el libro genere esto en el lector”… Al final la poesía siempre se completa con la lectura, y es el lector quien lo ubica. Nosotros somos los arquitectos, hacemos el escenario, pero luego tiene que llegar el lector y habitar el espacio. Espero que el lector sienta procesos similares a los que he pasado yo o que se haga preguntas, que ponga en duda las cosas, que no se asiente en sus certezas como algo inamovible. No me gustaría escribir cosas que tuvieran un resultado único y que hagan sentir a la gente que es boba por no llegar a la misma conclusión que yo.

También quería preguntarte por el último disco que sacasteis con Vetusta Morla. En este álbum “remusicasteis” los temas del disco anterior, lo que me genera curiosidad no es tanto por qué sino cómo decidís que un tema está acabado o con qué versión os quedáis ya que seguramente en el proceso salen distintas formas de hacerlas. ¿Habéis intentado con este disco que la gente no se pierda una parte de Vetusta Morla?
Justo va por ahí. Al final una canción tal y como llega a la gente es el resultado de un montón de decisiones. Y es verdad que cuando una canción se muestra en el resultado final es una convención, se decide que la forma física de la canción será esta. Pero después la giras, y vuelves al origen, y te das cuenta de que siempre que hacemos un disco las canciones van mutando durante la gira. Y con este disco quisimos hacer esto, darnos el capricho y enseñar de una forma didáctica que las canciones pueden tener otros disfraces y que se pueden trabajar de maneras muy diferentes.

No sé si es un proceso que nunca acaba pero ¿cuándo decides que una pieza, sea poética o musical, está acabada? ¿Cuándo dices “vale hasta aquí”?
Tiene que ver con una parte muy subjetiva y con la intuición. Podría estar más, pero la esencia de lo que quiero contar ya está. Yo creo que tanto con las canciones como con los poemas es más fácil meter cosas que sacarlas. Al final te sientes apegado a ciertas cosas y muchas veces te das cuenta que ya has dicho eso o que te estás reiterando. Como en el repertorio de un disco, a veces hay que quitar canciones porque sabes que lo que has dicho en algunas esta mejor explicado en otras.

“El ego era algo que había que dinamitar desde el principio”

Y ahora mismo… ¿cómo pinta el futuro para Vetusta Morla? ¿Tenéis algún proyecto en camino?
Estamos trabajando en cositas. Hemos hecho un parón obligado que nos ha servido para tomar perspectiva y descansar un poco de nosotros mismos. Ahora hemos comenzado a juntarnos y a probar cosas nuevas que ya veremos a qué nos llevarán.

Cambiando de tema, hablemos de actualidad… Estarás al día de las protestas que está habiendo alrededor del caso de Pablo Hasél, ¿qué harías tú si fueras condenado por una canción o un poema tuyo?
Buf… No te creas que no lo he pensado. Es una locura que en el año 2021 alguien pueda ser condenado por lo que diga en una canción o lo que escriba en un tuit. Es algo tremendo, creo que es algo que ya no tiene que ver con un supuesto enfrentamiento político en el estado, tiene que ver con otras cosas. No sé qué decir, supongo que iría a la cárcel, no se me pasa por la cabeza irme a ningún lado.

¿Lo asumirías pues?
Protestaría, acudiría a organismos internacionales, pondría de manifiesto e intentaría poner el foco sobre la anormalidad legislativa en España, pero no sé qué más haría. Me parece tan surrealista y del medievo que alguien pueda perder un segundo en condenar algo por “injurias a la corona”, con la de cosas que hay por solucionar. Con la de casos realmente importantes que hay que solucionar, que se pierda el tiempo o se ocupe un tribunal juzgando este tipo de cosas me parece surrealista, me parece de otro siglo.

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