“Nadie con ese nombre vive aquí” (Canción Muralla/Esmerarte, 26) es un álbum intimista y sereno, que nació de la dolorosa despedida hacia el padre de Guille Galván, pero se transformó también en un disco de “alumbramiento”. Y que se nutre de su gusto por la palabra “precisa”.
Me encuentro con él en las oficinas de Esmerarte, antes de que interprete un par de canciones delante de un puñado de invitados. Galván se muestra tan reflexivo y articulado como orgulloso y “contento” de un disco especial y a contracorriente de muchas de las cosas que hoy parecen predominar en la escena.
Empiezo preguntándole por esa aparente dicotomía entre el duelo y la luz. “Es curioso que en mi caso esa despedida me ha servido para poner en valor y celebrar esos últimos tiempos con mi padre, y también para escribir canciones de mi relación con toda esa gente que me ha hecho ser quien soy: mi familia, mi madre, mi hermana, mis hijos, mi pareja…es algo que nunca me había atrevido a hacer de manera directa”.
“Me daba respeto encontrar una forma de cantar que fuera comunicativa y le hiciera un favor a las canciones”
El compositor se dio cuenta de que “estaba componiendo un disco que me tocaba cantar a mí, y que formaba parte de todo este proceso. Tenía que encontrar la manera de cantarlo y defenderlo. Las letras tenían que ser convincentes con mi voz. He tratado de ser bastante preciso”.
“Yo llevo casi treinta años haciendo canciones, pero esto es el disco de un “artista nuevo” que cuenta una ficción con un principio y un final. Me resulta más interesante contar la historia del disco que mi historia personal, aunque en el disco hay parte de ella. Nunca me ha gustado sobre exponerme, aunque aquí de repente te hablo de mi familia…Y me hago preguntas. ¿Por qué lo hago? Porque no puedo explicar el disco si no lo cuento”.
Guille llegó a una serenidad luminosa que quedaba lejos de “una parte más pesada y triste” que había empezado a explorar en aquella etapa, pero que “no llevaba a ningún lado bueno”. Otra clave fue encontrar su propio estilo vocal. Cierto que “aparte de Vetusta, he compuesto y producido para otra gente, he hecho colaboraciones y bandas sonoras…poco a poco me estaba enfrentando a hacer cosas en solitario que no acababan de ser cantadas por mí. Ya estaba muy cerca de ese lugar. Me faltaba dar el paso de la voz, que supongo que es lo más complejo”.
“Me daba respeto -explica- encontrar una forma de cantar que fuera comunicativa y que le hiciera un favor a las canciones. El cómo cantar y desde dónde. Me ayudó que lo primero que grabé fue la guitarra y la voz a la vez. Me junté con Héctor (G. Fazzo), el ingeniero de sonido, y fuimos trabajando esa parte como si estuviera cantando el disco a una persona delante, con una intención casi epistolar. No quería llamar a un productor para vestir once o doce canciones y luego poner la voz, porque tenía la sensación de que me iba a perder parte de ese proceso, de ese descubrimiento. Si encontraba el tono de la voz, todo iba a ser más fácil. Y fue así”.
De hecho, cuando los productores y músicos con los que culminó el disco (Campi, David Soler, Marcel Bagés y Pablo Martin Jones) se unieron al proyecto tras el “impulso” de Héctor, “la parte vocal ya estaba hecha, como las guitarras. Les dije que quería que la gente pensara que estaba en un refugio, un espacio cerrado. No les llamaba para que lo llenaran de músicos, sino para que decoraran ese sitio. Quería que cada canción fuera la escena de una película. Darle a cada una algo concreto, y que esa paleta la fuéramos decidiendo trabajando muy plásticamente con los sonidos, no tanto con los instrumentos”.
“Había una parte que no podía continuar yo solo, y llamé a gente que pensaba que podría sumarse. Fuimos armando el puzzle a distancia, y luego completé cosas con (Carlos) Raya. Entre unas cosas y otras fueron seis meses. Podría haber sacado el disco que grabé con Héctor, pero este proceso me ha enriquecido mucho y ha ganado en matices. La mezcla de Raya lo unificó todo”.
Además de mantener la cohesión entre las canciones -por trabajar con distintos productores a distancia-, era importante no rendirse a la tentación de hacer demasiado. “Me pasó con la voz. Todas las personas que tenemos cierto pudor con ella tendemos a doblarla, a poner distorsión o reverb…Pero a medida que iba grabando me di cuenta de que había que hacerlo al revés. Era la voz la que tenía que estar al frente. Y está bastante cruda. Tenía que escucharme y decir: “Esto es lo que hay”.
En lo musical, Galván combina una elegante madurez “clásica” con sutiles apuntes electrónicos contemporáneos. Por “un montón de razones” decidió grabar en su casa unas canciones que había compuesto entre 2023 y 2025, también porque “la época final de la vida de mi padre me pilló justo en medio. Yo no me quería ir a ningún sitio, porque este disco formaba parte de ese proceso de despedida. Si un día tenía que dejar de grabar para ir al hospital, no pasaba nada. Me parecía importante respetar esa cotidianidad, y es la diferencia respecto a grabar con el grupo, más si nos vamos fuera de Madrid, cuando todo se concentra en grabar. Quiero creer que esa calidez del disco también tiene que ver con eso”.
“En este momento en que puedes hacer que todo suene perfecto, me parecía pertinente jugar a la contra”
Esas bases de guitarra acústica y voz serían el punto de partida sobre el que trabajaron los productores. Siempre desde la sobriedad. El single “En qué momento dudé de ti” se quedaría tal cual. “A veces las limitaciones o las normas que te pones al principio son lo más importante, porque marcan su personalidad. Yo quería hacer un disco marcado por algo muy de verdad, que no tuviera que fortalecerse con músculo. De hecho, ha habido un ejercicio de contención, aunque hice mucho trabajo de investigación para decidir con qué guitarras iba a grabar. Carlos Raya me dejó varias. Y fui trabajando para saber con qué previos y micrófonos iba a grabar. Hay una parte de elección técnica que no es casual”.
Además, las canciones apenas tienen percusión o ritmos, porque “iIntentaba que las canciones tuvieran su propio pulso y bombeo, que el ritmo fuera interno. Vengo de un grupo, de girar muchos años, y quería cerrar los ojos y no escuchar una banda”.
“Lo cálido y lo orgánico está buscado -insiste-, y también en la mezcla con elementos, procesos electrónicos y paletas que lo alejan más de lo que puede ser un disco de cantautor. Siempre me han parecido interesantes los discos raros en las carreras de los artistas que me gustan, y que me obligan a imaginarme más de lo que hay. “Nebraska” de Springsteen, “Pink Moon” de Nick Drake, “The Boatman´s Call” de Nick Cave, el primero de Bon Iver… Son discos cuyas canciones se podrían haber desarrollado mucho más, pero hay algo fantasmagórico e incompleto en ellos que me transmite mucho”.
Todos estos discos para mí tienen en común cierto clasicismo atemporal que les ha hecho perdurar. ¿Fue así su enfoque? “Supongo que a priori lo es, pero más que clásico, lo que pasa es que en este momento en el que puedes hacer todo lo que quieras, procesarlo todo, y que suene perfecto, y que tu voz sea igual que la de Nina Simone si le pones el plugin adecuado, me parecía pertinente jugar a la contra. Desde un lugar que tiene más que ver con la verdad, la imperfección y ese tipo de discos. Pensando también en llevarlo a otros espacios si alguna vez lo llevo al directo. Huir de lo “grande”. Aún así, sí he intentado que esa mezcla entre lo clásico y lo contemporáneo esté ahí. Pero los discos son hijos de su tiempo y hay herramientas de 2025 que están ahí y no se podían usar hace diez o veinte años”.
No puede ser casualidad que la imagen de portada sea un collage (manual) de su rostro y la foto interior esté desenfocada. “La frase de “Ya nadie vive aquí con ese nombre” siempre me ha gustado mucho, y me hacía gracia salir con un primer disco con esa idea si fantasmagórica de que pasamos por los sitios y somos durante un tiempo, y luego queda nuestro recuerdo, las canciones, la música…Me gustaba la idea de deconstruir la palabra “identidad”, que está tan manida ahora. La portada es un retrato que es una reconstrucción de retazos. Es algo que se atisba, pero no eres tú del todo. Porque nunca eres tú del todo”.
Termino preguntándole si habría podido hacer este disco sin el éxito enorme de su grupo. “Llega un momento en que no puedes desprenderte de dónde vienes. Si yo no tuviera una carrera detrás de veintisiete o veintiocho años, probablemente no estaríamos haciendo esta entrevista. No sé si habría hecho este disco, pero me gusta pensar que cuando pasen los años y lo escuche sea una obra en sí misma, y no del “guitarrista de Vetusta”. Con su peso y personalidad”.

Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.