Norteña
DiscosJulieta Venegas

Norteña

8 / 10
Víctor Terrazas — 01-06-2026
Empresa — Altafonte
Género — Canción

En alguna casa de Tijuana, una radio suena desde la cocina. Se escuchan acordeones, trompetas y voces que hablan de amor, despedidas y rupturas. En otra habitación, al otro lado de la pared, alguien ha puesto a Depeche Mode. Entre ambos mundos creció Julieta Venegas. Entre José Alfredo Jiménez y la new wave. Entre esas dos orillas, la tradición popular mexicana y la modernidad anglosajona, se formó una artista que jamás ha entendido la música como una cuestión de fronteras. Quizá por eso “Norteña” se entiende menos como un giro estilístico que como un regreso a casa; algo similar a lo que en su día le ocurrió a su amiga Natalia Lafourcade.

Durante años, en España la figura de Julieta Venegas quedó asociada a los éxitos de radiofórmula de álbumes como “Sí” (03) o “Limón y sal” (06), discos que la convirtieron en una de las grandes compositoras del pop en castellano. Sin embargo, reducir su trayectoria a aquellos himnos sería olvidar a la artista inquieta que pasó por Tijuana No!, escribió para cine y teatro, exploró territorios más oscuros en sus primeros trabajos y colaboró con nombres tan distintos como Bunbury o Bad Bunny.

Tras un periodo en el que necesitó detenerse para reencontrarse con la música, Venegas regresa con un proyecto doble formado por un libro sobre sus inicios y un disco que explora las raíces musicales de su Tijuana natal. Producido por ella misma y construido desde una instrumentación principalmente acústica, “Norteña” recoge elementos del regional mexicano para llevarlos a su propio universo pop. Y la mezcla es fascinante, directa para asaltar los Grammy.

Las historias de memoria, distancia, reconstrucción y pertenencia encuentran aquí el acompañamiento perfecto en guitarras acústicas, requintos, acordeones y unos arreglos orquestales especialmente inspirados. Ahí está la emocionante “Callaron las canciones”, la mirada sentimental hacia la ciudad fronteriza con el corrido de “Leyendas de Tijuana” o “La línea”, junto a Yahritza y su Esencia, donde la frontera reaparece atravesada por una lectura política tan sutil como necesaria a través de una historia de amor.

Las colaboraciones con los históricos Bronco, el poético El David Aguilar, o su amiga Natalia Lafourcade en “Tengo que contarte”, enriquecen un trabajo que nunca pierde su centro de gravedad. Y canciones como la ranchera “Te celebramos”, dedicada a su padre, o la polka de “Terca”, que dialoga con sus propios comienzos (y especialmente con su nuevo libro), terminan de reforzar el carácter retrospectivo del conjunto y la coherencia total entre ambos proyectos.

Puede que aquí no estén los estribillos inmediatos que la llevaron a dominar las radiofórmulas de los dos mil. A cambio, “Norteña” ofrece algo igual de valioso: una artista que, después de toda una vida explorando caminos y haciendo amigos, regresa al punto de partida para descubrir que todavía quedan historias por contar. En ese viaje, Julieta Venegas firma uno de los discos más sólidos, honestos y completos de toda su carrera.

 

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