Mad Cool, celebrar la vida
ConciertosMad Cool Festival

Mad Cool, celebrar la vida

9 / 10
Álex Jerez — 13-07-2026
Empresa — Mad Cool
Fecha — 11 julio, 2026
Sala — Iberdrola Music
Fotografía — Foto portada: Andrés Iglesias (cedidas por la organización)

“I don’t belong to anyone” decía la inscripción de la gigantesca bandera blanca que Lorde lanzó al público mientras cantaba “David”. Un mensaje para remarcar el valor de lo diferente, lo especial, el priorizarse a uno mismo por encima de cualquier otra cosa. Por aquel entonces, el sol abrasador del que todos nos decían que nos protegiéramos comenzaba a caer y fue ahí cuando nos dimos cuenta de que estábamos viviendo uno de esos momentos que se quedarán para siempre.

Mad Cool celebró la vida en su décimo aniversario. El ya mítico festival madrileño logró firmar una edición inolvidable donde el valor de lo diferente es lo que le hizo ser especial. Así consiguió reunir a más de 200.000 personas en un viaje en el que todas las piezas encajaron estupendamente y donde todo parecía ser posible. Iniciamos la aventura un miércoles en el que Jehnny Beth cargó con la responsabilidad de abrir el escenario The Loop para entregarse a sus fieles que, por otro lado, acudieron a la cita sin dudarlo buscando visibilizar la complicada hora del show. Sudor, guitarras y locura dieron comienzo a una especie de ritual que poco a poco se fue afianzando y que se remató con la llegada tras ella de The Last Dinner Party. Una especie de secta veraniega al más puro estilo "Midsommar" con lazos rojos, Abigail Morris saltando por todos lados, cual princesa Disney con su vestido amarillo, y una Lizzie Mayland que demostró de nuevo su gran poder vocal. El hechizo ya estaba completado a estas horas del día y ya solo tocaba dejarse llevar.

“How the f**k is everyone doing?”, gritaba Theo Ellis al subirse Wolf Alice al escenario principal, sobre las 20:20 de la tarde, dando las gracias a todos por asistir y recordando la importancia de beber mucha agua en el festival. Agua que más tarde salvaría a la propia Ellie a la hora de poder entregarse al 100% al espectáculo pese al fuerte calor. Y es que la líder acabó empapada, buscando ventiladores de mano, agarrada al megáfono y tirada por el suelo mientras sonaba “Play The Greatest Hits” de fondo y Joff lanzaba la guitarra por los aires. Estábamos completamente dentro. Además, mientras tanto, The War On Drugs comenzaban su corta jornada en el escenario Orange rememorando el poder que tiene “Lost In The Dream” como disco y consiguiendo una participación plena del público cuando sonó “Under The Pressure”. A pesar, eso sí, de las fugas de público que corrían sin pensar a pillar sitio para el encuentro con Foo Fighters.

Y es que Dave Grohl lo tenía todo más que preparado para celebrar los treinta años (ya treinta y uno) de la icónica banda con su querido público. El gran nombre de este primer día hizo un repaso fantástico y diverso a lo que Foo Fighters son como formación. Rememorando, especialmente, el valor de los fans de toda la vida: “¿Quién de aquí es de la vieja escuela? Esta noche vamos a tocar temas desde nuestros comienzos hasta ahora. Pero, la verdad es que me encanta ver a la gente que siempre ha estado ahí”. Se marcaron así una recopilación de hits que brilló con temas como “This Is A Call”, haciendo referencia a que fue una canción que compuso mientras estaba todavía en Nirvana; o al recordar con “Big Me” la importancia que tiene esa canción en la historia del grupo. Obviando, evidentemente, la explosión que siempre ocurre cada vez que suena “Best Of You”.

Pero claro, Grohl no era el único que tocaba a esa concurrida hora y al otro lado del festival Moby ya se había montado su propia ‘electro party’ de blanco neutral, entre espasmos sobre el escenario y corriendo todo el tiempo de lado a lado. Tocando los bongos en “Disco Lies”, ilusionándose a la guitarra en “Find My Way” o brillando fuerte con ese remix de Armin Van Buren de “Extreme Ways” junto a un espectacular apoyo de cuerdas en directo. De esta forma el miércoles llegaba a su fin, con, por supuesto, mención especial a la sorpresa que supuso tener a Arde Bogotá en el festival ocultos tras el nombre de Bigger Splash pese a que muchos ya les habían descubierto a través de las redes.

Pasamos página y el jueves se estrenó fuerte con un comienzo verdaderamente reñido entre CMAT y Renné Rapp. La primera de ellas inició el día con una propuesta teatral, divertida, libre y reivindicativa. Algo que representaría muy bien la energía que iba a generarse en el festival durante esa segunda jornada. “Muy caliente”, gritaba el público internacional al ver a Ciara Mary-Alice Thompson saltar y darlo todo entregándose al drama junto a sus músicos sin camisetas. Al otro lado, en el escenario principal, Renné Rapp buscaba pintar una propuesta más bien minimalista sobre el escenario focalizada puramente en la fuerza de las canciones y su conexión con el público. Con su particular sentido del humor, jugó a decirle al público madrileño si era capaz de superar la buena acogida que había tenido el día anterior en Barcelona. Así como reconocía sin filtros que no entendía muy bien lo que significaba eso de “reina y guapa” que tanto le gritaban. Comentando que al menos le sonaba bien y esperaba que fuera un cumplido. Entre lo mejor ese rumbo al cierre con “In The Kitchen” más “Snow Angel” que bajó revoluciones, pero nos hizo emocionarnos.

La presencia de Charlie Puth por el festival pasó bastante desapercibida, su pequeño refugio pop introspectivo, tras el piano, no terminó de convencer a unos asistentes que decidieron priorizar un buen lugar para ver el concierto de Lorde. Y es que la visita de la artista era de las más esperadas al no haber pasado su “Ultrasound World Tour” por España. “Cuando toco en un festival siento que todo es de verdad, estamos aquí sudados, no como en esa simulación que a veces vivimos. Esta noche es única, porque sucede solo una vez, así que gracias por estar conmigo”, decía Lorde que apostó por iniciar la cita enlazando la icónica “Royals” con la aplaudida “What Was That”. Como era de esperar, el show festivalero de Lorde no tuvo mucho que ver con lo ofrecido en su anterior gira. Pero, se podría decir que son familia cercana. La artista recurrió al uso constante de pantallas y plataformas que la elevaban para trasladar su mensaje al público recordando que hay que estar en el presente, en la realidad y que “las gafas de realidad virtual y todo eso no son nada sexys”. Una fiesta constante con momentos también muy personales y frágiles como esa “Liability” que recuperó para hablar del dolor y la inseguridad superada.

Teddy Swims - Foto de Virginia Barbero

Y es que el jueves de Mad Cool fue más allá de la música y Zara Larsson sabe mucho de eso. Solo hacía falta ver a los asistentes a su encuentro y cómo estos disfrutaron a lo grande de una celebración sin prejuicios. Este año está siendo importante para Larsson, por fin parece que se le reconoce el trabajo acumulado durante toda su carrera. Lo que pasa es que ahora lo disfraza eso sí de fantasía dosmilera con una puesta en escena que parecía sacada de descartes de la película de Barbie. La artista se entregó a la causa construyendo su particular desfile de colección de verano y equilibrando el peso en el setlist con los dos álbumes más importantes de su trayectoria: “So Good” y el reciente “Midnight Sun”. Pompas de jabón, purpurina, twerk, tops de mariposa y el clásico momento de fan sobre el escenario bailando “Lush Life” con ella. Y claro, mientras todo esto pasaba, de fondo cientos de familias desplazándose al escenario principal con con sus martillos rosas esperando que Jennie saliera al escenario para hacer sus sueños realidad. Increíble poder de atracción el de Jennie como estrella pop teniendo todo absolutamente controlado, con bailarines de diez y una colección de temas que pasó por su viral remix del “Drácula” de Tame Impala, algunos temas nuevos o la evidente explosión final con “like JENNIE”. Y así nos acercábamos al cierre de jueves con un Teddy Swims verdaderamente emocionado por la gran acogida del público en España y agradeciendo entre lágrimas que se le quisiera “tal y como es”; mientras sonaba “Some Things I’ll Never Know” o se atrevía con una versión del “Jump” de Van Halen.

Aun así, lo más importante estaba por ocurrir, la cita con nuestra reina absoluta estaba a punto de comenzar. La madre de todos, nuestra querida Florence & The Machine, una vez más nos regaló una experiencia inmersiva a lo grande y muy bien repartida entre todos los discos de su carrera. Iniciando su aquelarre con un efectivo “Everybody Scream”, generando bloques de hits intachables como el de “Hunger”, “King”, “Howl” y “What Kind Of Man” del tirón. Y buscando sus propias ofrendas entre el público para entregarlas al “solsticio del verano”. Dejando, por lo tanto, a unos The Blaze en un segundo plano para la despedida de la jornada que además tuvieron en contra un volumen demasiado bajo que impedía entrar por completo en la propuesta.

Iniciamos nuevo capítulo y el viernes se firmó como la jornada de reflexión tras todo lo que había ocurrido el jueves en el festival. Por lo tanto, parecía que el público arrastraba una energía más baja de lo habitual. La propia Halsey lo notó al estrenar el escenario principal y tuvo que recordar a los asistentes que había que ponerse las pilas: “Si estáis así a estas horas, no me puedo imaginar después. Hay que darlo todo”. La verdad que su “The Girl In The Tower” funcionó de lujo para cambiar el chip y que la gente conectara con la entrega plena de la artista sobre el escenario. Un show dividido por bloques que dibujaba a una Halsey llena de heridas a través del fuego, el dolor y la angustia. Un espectáculo que se atrevió priorizando el sonido de guitarras y cerrando con un “Lonely is the Muse” que la hizo sangrar, de manera ficticia, tras completar todo su viaje. Pero, la verdad es que nuestro “emo day” no había hecho más que comenzar, teniendo en cuenta que la clausura iba a ser Twenty One Pilots.

En el escenario Orange nos esperaba Holly Humberstone al finalizar Halsey para demostrar que a veces con pequeñas se pueden conseguir grandes resultados. Tímida y escondida tras su guitarra en un espacio que parecía que se le quedaba grande. Holly fue abriendo las puertas de ese mundo que construyó con “Cruel World”, su último disco, para contarnos su historia y logrando que acabáramos al final todos 100% dentro de él. La pena fue tener que salir de golpe del mismo para no perdernos a Pixies sobre el Region Of Madrid. La mítica banda de Boston fue uno de los grandes atractivos de este día, sobre todo para un público más adulto, dando el mayor peso del show al gran “Doolittle”. Pero a la vez asumiendo que “Where Is My Mind?” siempre será la estrella a la que todos acuden pese a tener incluso en contra que el partido de España-Bélgica estaba en todo su esplendor. Y es que uno de los factores que hizo que esta jornada de viernes no fuera tan excitante como en días previos fue el peso del fútbol en el desarrollo de la cita. Algo a lo que se puso fin con la salida de Kings Of Leon al escenario y el anuncio de la victoria de España en todas sus pantallas. La banda tuvo la gran suerte de no tener grandes competidores en su franja y eso hizo que la masa se fuera acercando poco a poco a aplaudir la eternidad de sus primeros discos. Cómo el tiempo pasa, pero sus clásicos siguen siendo igual de efectivos para las masas. Mientras tanto, en el otro escenario una Sigrid siempre cute, divertida, sencilla y tratando de sobrevivir como podía. Hablaba con el público agradecida explicando el valor de ese día para ella ya que estaba allí toda su familia y cómo Madrid se ha convertido en su segunda casa desde que su hermana vive allí.

Twenty One Pilots - Foto de Virginia Barbero

El viernes se cerraba poco a poco y lo hacía con una clausura de nombres inabarcables que se pisaban entre sí. Un final a lo grande centrado, evidentemente, en la fuerza de unos Twenty One Pilots que traspasaron todo más allá de cualquier elección de repertorio. Abriendo a fuego con “Overcompensate”, Tyler salió enmascarado a reventar el escenario y no dejó nada suelto por el camino. Un inicio que supo recrear muy bien el ADN de la banda cuando no se pasan echando azúcar a algunas de sus canciones. Teniendo muy presentes el “Blurryface”, la banda quiso sacar pecho de “Breach”, su último disco, y le dio una buena parte del show al mismo. La verdad es que Twenty One Pilots nunca fallan y es admirable la capacidad de balancear con destreza emoción y diversión a partes iguales. Cómo logran tocarte dentro como en “Drag Path”, su single más reciente, o queman todo solo con los primeros acordes de “Stressed Out”. Y mientras todo esto ocurría, aun había hueco para mucho más con Interpol recibiendo a sus fans de toda la vida para recordar especialmente el admirado “Turn On The Bright Lights” o en el The Loop se generaba una fiesta parecía infinita con unos Polo & Pan que consiguieron llenar el espacio hasta arriba pese a la competencia.

Y esto se acababa, nos metíamos en el sábado y la despedida. The Black Crowes se presentaban en el Region Of Madrid para hacer lo suyo iniciando con la mítica “Remedy” y llevándose a la gente con ellos nada más sonar su versión del “Hard To Handle” de Otis Redding. Poco después, Matt Berninger, frontman de The National, despertaría la locura en el segundo escenario como un narrador de espíritu rockstar en toda regla. Atravesando todo el público para cantar con ellos, lanzando un vaso al aire y destrozándolo después, golpeando el micrófono con fuerza e incluso mandando a Trump a tomar por saco con elegancia antes de interpretar “One More Second”. La clausura de la décima edición era evidente, pero las ganas de música seguían creciendo y en el ambiente se notaba que Nick estaba a punto de llegar con ese eslogan gigante que decía “Get ready for love”. Y es que lo que se alcanza en un concierto de Nick Cave & The Bad Seeds es difícil de explicar con palabras, es el clásico mejor vivirlo por ti mismo a que te lo cuenten.

Siempre nos sorprende ver cómo Nick se entrega al público desde el minuto cero como un auténtico predicador en busca llevar a todos los que le miran con ojos de admiración al éxtasis. Y, lo mejor, es que lo logra con creces generando momentos gloriosos como ese “O Children”. Esto unido, por supuesto, a los momentos virtuosos de Warren Ellis al violín que merecen mención aparte. Frente a ellos, unos Kasabian que se vieron algo perjudicado por pisarse con Nick Cave, pero no tanto como se esperaba. La verdad es que la banda vive una etapa gloriosa tras su reciente show en el Finsbury Park londinense y, como dijo el propio Serge, nos regalaron “a one hour of fucking power” con bandera inglesa entre el público, pogos y público subido sobre los hombros.

El final de la fiesta se coronó con un David Byrne siempre brillante que demostró una vez más su virtuosismo a la hora de apoderarse del escenario con una propuesta minimalista, teatral, colorida, inteligente y crítica. Su gran capacidad para revalorizar la música se hizo evidente poniéndole humor y uniéndola a otras manifestaciones artísticas que la hacen más grande. Consiguiendo así enamorar a un público que se entregó de principio a fin coreando prácticamente todas las canciones y recargando la batería para Pulp. Y así el final acabó sobre nosotros, con un Jarvis entregadísimo a la causa que salía como el rey de la vida y que nos dio show cumpliendo con lo prometido desde el principio: un concierto del que te vas a acordar toda la vida. Un eslogan de cierre que, por otro lado, resume muy bien lo que Mad Cool ha conseguido con su fiesta aniversario. Enhorabuena.

 

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.