(En unos meses la banda estará actuando en nuestro país. Puedes consultar las fechas de su gira al final de esta entrevista)
Taylor Momsen tenía que abrir puertas, dejar salir algo que llevaba dentro. Y lo ha hecho a través de unas canciones atravesadas por la crudeza, el cuerpo, la memoria, el exceso, la oscuridad y una honestidad que no parece interesada en suavizar sus bordes. No es que antes no existiera esa verdad (la cantante afirma que nunca ha mentido en un álbum) pero aquí la distancia entre experiencia y canción parece mínima. “Este disco, en concreto, está casi arrancado directamente de mi diario”. Esa es, quizá, la clave de “Dear God”: la confesión no solo como gesto dramático sino como forma de escritura. Momsen recuerda que las canciones siguen siendo canciones, con sus formas e imágenes, pero reconoce que aquí hay una brutalidad lírica más directa. “Hay una crudeza en su honestidad que no está disfrazada con metáforas, historias o recursos similares”, apunta. En ese lugar, dice, ha tocado algo que no había explorado antes con esa intensidad; algo “muy puro, vulnerable, verdadero y directo” que convierte el álbum en “muy especial y muy poderoso”.
“La magia del universo en España hizo que pasara algo de una vez entre un millón”
El cuerpo ocupa un lugar central en este relato. En las canciones aparece herido, agotado, deseado, juzgado o reducido a valor, como si la experiencia vital no pudiera separarse de su dimensión física. Para Momsen, esa presencia nace de una evidencia: ha crecido dentro y fuera de la banda. “Hice el primer álbum cuando tenía catorce o quince años y ahora tengo treinta y dos. He vivido mucha vida entre medias, y mucha de esa vida no ha sido bonita”. Lo que ha ocurrido entre bastidores, añade, también deja huella en la música. “Cuando me examino a mí misma, que es parte de lo que hago al escribir, todo tu ser incluye también tu cuerpo. Tu cuerpo es lo que sostiene tu alma y lo que sostiene tu mente”. La afirmación se vuelve más contundente cuando habla de un punto límite. “Hubo un momento en mi vida en el que no estaba bien y tuve que tomar una decisión muy consciente: si iba a vivir o si iba a morir. Fue muy serio. Por suerte elegí seguir adelante”. Para ella, la depresión y el malestar no son experiencias solo mentales. También se manifiestan físicamente. “Ese tipo de cosas afectan al cuerpo. No es algo que exista solo en la mente”. Por eso “Dear God” funciona como archivo personal. “Este disco soy yo entera. Es todo lo que ha ocurrido hasta este momento convertido en canción”. Esa tensión entre oscuridad y energía aparece en “When I Wake Up”, una canción que habla del exceso y de ese instante en el que lo que parece excitante empieza a volverse oscuro. “Eso es precisamente lo que parece ese estilo de vida. Parece muy divertido hasta que deja de serlo”. La música contiene esa contradicción. “Esto es genial y esto es horrible. Ambas cosas están ahí”.
En “Dear God” también aprovecha para dialogar con su pasado, aunque no necesariamente en términos nostálgicos. Una línea del tema que da título al álbum evoca a “la niña que solíamos conocer”, una imagen que remite inevitablemente a haber crecido bajo la mirada pública como estrella de cine infantil y por su papel en la serie juvenil “Gossip Girl”. Momsen, sin embargo, amplía el sentido de esa figura. “He llegado a un punto en mi vida en el que acepto plenamente todos los aspectos de mí misma. Eso incluye mi juventud y cosas que quizá antes rechazaba o de las que me alejaba”. Aceptar, para ella, no significa quedarse atrapada. Significa dejar de fingir que lo vivido no existe. “Soy quien soy, he hecho lo que he hecho, he vivido lo que he vivido, y no puedo cambiarlo. No puedo reescribirlo ni hacer que sea diferente de lo que es”.
El imaginario visual de “Dear God” también participa de esa misma búsqueda. Confesión, culpa, oración, oscuridad, memoria y juventud aparecen como coordenadas de una estética que Momsen pensó con cuidado. “Nunca quiero definir algo de una manera que lo haga caducar o que lo limite”, explica sobre el arte del álbum. La portada y las imágenes del disco debían encapsular una música que ella entiende como una carta a Dios y una confesión, pero también como algo oscuro y luminoso, reflexivo y agresivo.
The Pretty Reckless volverán este otoño a España con una gira como cabezas de cartel, algo que tiene a Momsen especialmente ilusionada. “España es uno de mis lugares favoritos para tocar”, asegura. “El público en España es muy apasionado y divertido. Amáis el rock and roll como yo amo el rock and roll, y esos son los mejores públicos”. Su último paso por el país fue junto a AC/DC y dejó una anécdota difícil de superar y digna de una autentica rockstar: en Sevilla, un murciélago la mordió durante el concierto. “La magia del universo en España hizo que pasara algo de una vez entre un millón”, bromea. Esta vez, promete, también será “un concierto de una entre un millón”.
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