Música para todos los públicos
ConciertosBilbao Bbk Live

Música para todos los públicos

7 / 10
Daniel Gómez-Cortazar / Dave Blanco — 14-07-2026
Fecha — 09 julio, 2026
Sala — Kobetamendi, Bilbao
Fotografía — Dave Blanco

El segundo fin de semana de julio gente melómana y no tan melómana venida de distintas latitudes subió al monte Kobeta de Bilbao para asistir al Bilbao BBK Live. El festival que nació como Bilbao Live Festival hace 20 años ha ido evolucionando con el paso del tiempo y adaptándose a las exigencias de un mercado cada vez más competitivo, a los cambios generacionales e incluso al cambio climático en un esfuerzo constante.

Ha habido muchos aciertos y mucho ensayo y error por el camino. Si bien el festival nació con una gran diversidad de estilos, acompañó el desarrollo del indie en la península (Radiohead, Bloc Party, Arcade Fire, Lori Meyers, Love of Lesbian e innombrables bandas más) y espabiló a tiempo cuando el indie dejó de ser sinónimo de joven. El eclecticismo con el que la población consume música hoy en día es a lo que responde actualmente el festival, habiendo ganado importancia el reggaeton, el trap y otros estilos urbanos, así como la aparición y evolución de los espacios Basoa y Lasai como parte del fenómeno club. Tampoco ha sido el festival ajeno a la reivindicación social de una mayor representación femenina, habiendo ganado peso con el paso del tiempo.

El festival de 2026 ha sido una gran celebración colectiva donde hemos visto más sonrisas que en el ajetreado día a día en la ciudad. Para un vigésimo aniversario, mucha gente hubiera esperado un cartel más espectacular en vez de conciertos sorpresa nacionales, pero los grandes cachés no han parado de subir, es una realidad innegable. Hemos podido disfrutar de artistas conocidxs, descubrir proyectos nuevos —se agradece la diversificación hacia otros terrenos musicales como Fatoumata Diawara o Yerai Cortés—y disfrutar de un espacio que es la gran envidia de la mayoría de los demás festivales de la península.

El jueves, el día menos masivo, David Byrne y FKA Twigs sorprendieron visualmente a todo el mundo. El viernes, los más poppies bailamos sin parar con Belle and Sebastian y Robbie Williams dio un increíble concierto donde lo único que aburrió fue su continuo discurso de perfecto padre de familia. El sábado, la voz de la francesa ZAZ nos puso los pelos de punta y el plato fuerte fueron Idles quienes satisficieron las ganas de energía guitarrera de miles de fans. Este año la electrónica ha ganado en importancia a ojos vista. Basoa parecía el sábado un partido de San Mamés en plena ebullición y durante todos los días ha habido beats para todos los gustos: Tomora, Richie Hawtin, Apparat, Calvin Harris, Soulwax/2manydjs y un largo etcétera. Los horarios se han visto recortados al final de cada jornada, para disgusto de lxs gaupaserxs, veremos qué pasa el año que viene, si vamos camino de ser cada vez más europeos y menos canallas.

Jueves, 9 de julio 

La gipuzkoana Sara Zozaya, quien hace doblete con su grupo Merina Gris en los conciertos diurnos "Bereziak", abrió el festival para sacar lustre a su mini-álbum "ätta". Ofreció un show intimista de sonidos electrónicos y etéreos, ella sola en el escenario rodeada de televisiones analógicas que emitían nieves para ambientar canciones como "Elurra" o "Blu". La artista vestida de inmaculado blanco disparaba sonidos desde el sintetizador y hacía sonar la guitarra eléctrica mientras se proyectaban imágenes en blanco y negro en el telón de fondo. Sin duda, de las propuestas más interesantes del panorama euskaldun actual.

La tarde siguió su curso con los australianos Radio Free Alice, combo de pop melancólico de sonidos ochenteros. Los venidos de las antípodas ofrecieron un excelente directo para darse a conocer en nuestras tierras. Los nostálgicos de The Smiths, Orange Juice o Another Sunny Day tuvieron su buena porción de indie de guitarras con canciones como "Spain", "Johnny" o hitazos como "On The Ground". El sonido del escenario principal quedó sobredimensionado para la temprana hora en la que el público iba llegando con cuentagotas, así que apuntamos nota para cuando actúen en sala y poder disfrutar en mejores condiciones de su bonita combinación de bajos oscuros, ritmos saltarines y melodías herederas de los también australianos Go-Betweens.

Tras una rápida incursión por Basoa, donde bailamos al son de los ritmos cálidos de Dee Diggs, nos acercamos a escuchar a las también australianas Folk Bitch Trio. La bonita propuesta de folk reposado de armonías vocales, guitarra acústica y eléctrica de las jóvenes Gracie, Jeanie y Heide no encontró su mejor lugar en la acústica de la carpa Johnnie Walker, donde tonadas como "Cathode Ray" o "Moth Song" resultaron empañadas por el sonido discotequero que llegaba de Basoa. Ajenas a estos problemas, las chicas, agradecidas por la oportunidad de tocar por primera vez en nuestras tierras, ofrecieron lo mejor de sí.

La británica Paris Paloma sorprendió con su bonita voz y un sonido excelente en el escenario San Miguel. La joven, flanqueada exclusivamente por un baterista y un guitarrista y haciendo uso de muchas pistas pregrabadas, nos agasajó con piezas como "Miyazaki", "Stem The Flow" o "Silhouette On The Hill". Descalza como Florence Welch y con unas canciones claramente influidas por la londinense, la más joven Paris Paloma se movía expresivamente por el escenario mientras recitaba canciones de letras reivindicativas como "Good Girl", "Good Boy" o su mayor éxito "Labour".

Alcalá Norte

El concierto sorpresa fue de la mano de los madrileños Alcalá Norte. Al contrario que en su pasado debut en el mismo festival, no tocaron en el escenario principal sino en uno pequeño en lo alto de la colina de enfrente, bajo las letras "Bilbao BBK Live". El efecto sorpresa puso a prueba al público: no solo por la empinada cuesta arriba sino porque rápidamente se comprobó que para oír bien el sonido post-punk de "La vida cañón" o "La sangre del pobre", lo mejor era alejarse unos metros y escuchar el sonido que salía desde el escenario principal dando la espalda al grupo.

Dani Fernández fue el primer nombre en animar de verdad el Bilbao BBK Live. El de Alcázar de San Juan llegó al escenario Nagusia con la determinación de quien sabe exactamente lo que su público necesita: dejó la guitarra a un lado para buscar la conexión directa con un front row poblado de adolescentes entregados desde el primer acorde. Arrancó tirando de canciones que la gente ya se sabe de memoria, con "Todo Cambia" y "Dile a los Demás" , calentando un ambiente que fue creciendo de manera sostenida. La segunda mitad del set bajó algo la intensidad con cortes más lentos como "La Trampa Principal", que se alargó quizás en exceso, y un tramo final donde insistió en meter al público en las letras con resultados desiguales. Cerró con "Bailemos" y una “ Me has Invitado a Bailar” más electrónica con doble teclado y batería programada que apuntaba hacia territorios nuevos. Una hora correcta que hubiera ganado algo más de dinamismo sin guitarra.

El espectáculo más artístico y sorprendente vino de la mano de la británica de ascendencia jamaicana FKA Twigs. Los allí reunidos tuvimos la suerte de disfrutar sin masificaciones de unas coreografías sorprendentes por parte de ella y de sus sobresalientes bailarines, con estética de inspiración BDSM. Desplegaron un show muy estético, de cuerpos esculturales, con pole dancing y vestuario digno de mención. En lo musical, no es oro todo lo que reluce; el flamante sonido de canciones como "Sushi" y "Honda" era principalmente pregrabado —salvo la percusión en directo de los dos DJ's— e incluso hubo largos momentos de playback.

Los más nostálgicos de los 80 se perdieron este concierto para coger sitio en las primeras filas donde iba a tocar David Byrne. El antiguo líder de Talking Heads, a sus 74 años de edad, dio un flamante concierto acompañado de once músicos/bailarines, todos ellos vestidos de naranja, con proyecciones de fondo en un constante homenaje a la ciudad de New York. La multirracial banda, que portaba sobre sus cuerpos todos los instrumentos, ofreció un show muy dinámico en el que nadie paró de moverse, inspirado en las coreografías de Trisha Brown. La mayor parte del público contempló con gran atención el directo como si se tratara de una obra de teatro. Hubo silbidos del público en respuesta a unos vídeos proyectados de abusos policiales y especial mención de Byrne al cineasta John Cameron Mitchell en referencia a los tiempos convulsos en los que vivimos. La fraternidad universal fue promulgada por medio de "Everybody Is Coming To My House", no pudo faltar "Psychokiller" ni la despedida triunfal con "Burning Down The House".

El plato estrella de la jornada fue el DJ y productor escocés Calvin Harris. Miles de personas abarrotaron el escenario principal para bailar en perfecta comunión al ritmo de uno de los grandes DJ's de la actualidad. Los juegos de luces, pirotecnia, humo y fuego fueron parte esencial del componente visual. Desde "Sweet Nothing" hasta "Blame" pasando por "Hey Boy Hey Girl" de Chemical Brothers y "Around The World" de Daft Punk, se marcó una sesión de EDM para todos los públicos creando un ambiente inigualable donde gente de todas las edades no paró de sonreír y de bailar.

Viernes, 10 de julio 

El viernes nada más llegar hicimos una rápida incursión por Basoa, donde a la sombra de los árboles se estaba genial para bailar al son del local Miravalles. Bajo la bola de discoteca, sospechosos habituales de la noche bilbaína bailaban sin aglomeraciones los sonidos electrónicos.

Depresión Sonora se presentó como una de las gratas sorpresas de la jornada. El combo demostró oficio tanto en las tablas como en lo musical, con un post-punk nuevo y bien construido donde la voz de su cantante brilló con personalidad propia. Las líneas de bajo en tensión constante con las atmósferas de teclado y los detalles de guitarra dibujaron un sonido denso y absorbente. Nadie levantó los brazos, pero tampoco nadie despegó los pies del suelo: el público se dejó llevar por esos ritmos decadentes con la complicidad de quien reconoce algo genuino. “Como Todo el Mundo” fue el momento en que la conexión con el público se hizo más evidente.

El alicantino Yerai Cortés nos sorprendió con su poderío en la guitarra flamenca. A pesar de la temprana hora, se había generado mucha expectación y una gran multitud se congregó en el escenario Repsol. Rodeado por seis bailaoras encargadas además del cante, hicieron sonar temas como "Lo Malo Que He Sido Contigo", "Sulao" o "Ni En Los Puertos Italianos". Un show minimalista pero muy efectivo, en el que sólo hubo una guitarra, palmas, voces y taconeos y juego visual con la geometría de las posiciones alternantes de las mujeres vestidas de riguroso negro. Sus alegres bulerías pusieron a todo el mundo de buen humor y consiguieron hacer cantar y bailar a gran parte de los espectadores.

Acto seguido nos movimos al escenario Johnnie Walker, donde el sonido de la carpa no hizo justicia a los mancunianos Westside Cowboy. El joven combo indie dio un enérgico concierto de guitarreo nervioso, a medio camino entre los galeses Los Campesinos y los americanos Superchunk. Alternaron la garra de temas como "Can't See", "Drunk Surfer" o "Don't Throw Rocks" con las armonías vocales folkies de "In The Morning" y nos dejaron con ganas de más.

La M.O.D.A. llegó al escenario San Miguel con su habitual carga de épica castellana. Los burgaleses arrancaron con material reciente como “San Felices” que pronto dio paso a discos anteriores que encendió al público con más inmediatez que las nuevas canciones, con la batería marcando un pulso que subió los bpms y el ánimo de manera notable. Leyeron bien la situación y dosificaron el nuevo material entre clásicos como "Los tiempos que vivimos", "Miraflores", "Nómadas" o "PRMVR" con algún guiño al euskera sin Gorka Urbizu pero que fue coreado por buena parte de los asistentes. El tramo final les vio más rockeros que nunca, con tres guitarras eléctricas sobre el escenario y el peso de los vientos relegado a un segundo plano. "Mañana voy a Burgos" cerró un concierto que demostró que su comunidad sigue intacta.

El escenario San Miguel resultó ser ideal para acoger a los escoceses Belle & Sebastian. Stuart Murdoch y toda la banda lo dieron todo en un concierto en el que bailamos sin parar de inicio a fin. Fue una retahíla de éxitos desde "The State I Am In", pasando por "Get Me Away From Here I'm Dying", "Another Sunny Day" para terminar con "I Want The World To Stop", todo acompañado por unos bonitos visuales en el telón de fondo. El simpático Murdoch se mezcló con el público, hizo gala del mejor humor británico e invitó a unas decenas de personas a subirse a las tablas durante "The Boy With The Arab Strap".

Belle & Sebastian

La Paloma ofreció uno de los conciertos más intensos de la noche en el escenario Johnnie Walker. Rockeros hasta la médula, arrancaron con todo desde el primer acorde sin dar tregua. El sonido en la parte trasera de la carpa no acompañó del todo, aunque quienes se acercaron a las primeras filas disfrutaron de una experiencia más redonda. Tocaron casi en penumbra, con una iluminación austera que encajaba bien con el peso emocional de temas como "Cosquilleo", "Las Cosas que me Gustan" o "Vuelta a Casa", donde las guitarras chillonas volvieron a tomar el mando. Una mini pausa para hidratarse fue el único respiro en un show que no cedió un centímetro de intensidad. Cerraron yéndose a su vertiente más pop que apuntaba hacia territorios interesantes.

Robbie Williams demostró estar en perfecta forma, tanto física como vocal. El gran showman nos sorprendió con una banda completa, vientos incluidos y una corte de bailarinas, cambios de vestuario del chándal rojo al traje rosa y una larga serie de éxitos: "Let Me Entertain You", "Rock DJ", dedicó "Love My Life" a su esposa y madre de sus cuatro hijos, también dedicó "My Way" de Frank Sinatra a su padre, cantó el también clásico "New York, New York" y cerró generando un multitudinario karaoke con "Feel" y "Angels".

Una gran sorpresa de la noche fue el nuevo proyecto electrónico Tomora, la conjunción de Tom Rowlands de Chemical Brothers con la cantante Aurora. En directo les acompaña la cantante noruega Amalie Holt Kleive, creando una performance muy visual de dos mujeres rubias en constante movimiento, como si se retaran en duelo SIA y Watkin Tudor Jones de Die Antwoord. Los trallazos electrónicos, entre el big beat, el break beat y un poco de trip-hop, fueron acompañados de increíbles visuales pregrabados alternados con imágenes de la performance femenina en directo, mientras Rowlands estaba a los mandos detrás. Sonaron retazos de "Eve Of Destruction" de Chemical Brothers así como temas del dúo como "My Baby" o la más lenta "Come Closer". El público pasó de la observación curiosa a la celebración rave en cuestión de minutos.

Sábado, 11 de julio 

Bigger Splash, nombre bajo el que se presentó Arde Bogotá en esta edición del festival, fue la sorpresa que ya no lo era pero que congregó a mucha gente a primera hora bajo un calor asfixiante. Los murcianos tiraron de un setlist generoso en clásicos que el público se sabía de memoria: "La Torre Picasso" abrió la fábrica de latidos, "Abajo", "Antiaéreo", "Instrucciones" o "Cowboy de la A3" fueron jalones de una actuación que ganó en intensidad conforme avanzaba, con el sudor y el calor como compañeros inevitables. "Cariño" y "Qué vida tan dura" demostraron que su comunidad de seguidores no entiende de horarios ni de temperaturas. Cerraron con el anuncio del lanzamiento, el 2 de octubre de su nuevo disco “Manufacturas del Club de la Gente Sola” y con "La salvación" dejaron claro que, bajo cualquier nombre, Bajo cualquier etiqueta o bajo el gran sol, siguen siendo uno de los grupos más sólidos del rock nacional.

El sábado fue el día más caluroso y empezamos el concierto de la francesa ZAZ refrescados por manguerazos de agua. La expresiva y simpática cantante abrió con "Je pardonne". La acompañaba una solventísima banda más orientada al jazz manouche y a los sonidos franceses que al lado pop de la artista. En una hora hizo un buen repaso a su discografía, se dirigió en castellano al público y se explayó en su lengua materna hablando de sentimientos como sólo saben hacer los franceses. Hizo brillar la preciosa balada "Eblouie Par La Nuit" y recibió mil ovaciones. Combinó castellano y francés en "Je Pardonne", "Qué Vendrá", nos hizo bailar con "On Ira" y cerró con el swing archiconocido "Je Veux".

El sábado le tocó el turno a Barry B para cerrar la serie de actuaciones sorpresa que cada día animaban la ladera frente al escenario Nagusia. Después de Alcalá Norte el jueves y de 1111 el viernes, la expectación era máxima y la gente se agolpaba en la colina coreando cada una de las letras de su repertorio, desde la reciente "Silverado" hasta "Infancia Mal Calibrada". Acompañado de banda al completo, el cantante ofreció un concierto enérgico y luminoso, con una sonrisa permanente en su cara que el público devolvió sin reservas. "Yo Pensaba que me Había Tocado Dios" puso el cierre, con Barry lanzando en voz alta el deseo de volver el año que viene, pero esta vez sobre el imponente escenario que tenía justo enfrente. Quien sabe.

Los neoyorkinos Interpol repartieron lo esperado para los nostálgicos del revival post-punk de los años 2000. El cantante Paul Banks sacó a relucir su perfecto castellano aprendido de adolescente en el colegio americano de Pozuelo de Alarcón y arrancó con la ambiental "Untitled" de su aclamado primer disco "Turn On The Bright Lights". El bajista Brad Truax, quien lucía camisa de PIL, inició "No I In The Threesome", llevando la oscuridad del post-punk a una melancolía extrema. Con "C'mere" las primeras filas se empezaron a calentar, "Evil" obligó a los primeros bailes y "Slow Hands" desató el primer moshpit. Los guitarreos afilados de Daniel Kessler brillaron durante todo el concierto, tanto en los clásicos como "PDA" como en nuevas composiciones como "This Mirror Weighs A Ton" o "Wings On Fire". Echamos de menos "The Heinrich Maneuver".

Idles

Los británicos IDLES abrieron con "Levitator" y se desató la locura colectiva. Cientos de personas acompañaron a Joe Talbot en sus cantos punk. Hubo moshpits casi sin interrupción, sin heridos ni lamentaciones, así como circle pits en los que el público parecía una manada de caballos levantando polvo como en el lejano oeste, generándose un ambiente de desfogue colectivo a un nivel que no habíamos visto desde el concierto de Guano Apes en la Aste Nagusia bilbaína de 2003. "Mother", "Mr. Motivator" o "Car Crash" fueron buen ejemplo de la vanguardia del postpunk británico actual. El guitarrista Mark Bowen se lanzó varias veces a hacer crowdsurfing sobre el público sin dejar de tocar, guitarra en ristre. Joe Talbot no sólo se mostró agradecido a los asistentes, sino a Interpol, de quienes comentó que su música fue una de las razones por las que él empezó en una banda.

Lily Allen sorprendió con «West End Girl», un espectáculo concebido como una obra de teatro musical en un solo acto. Sobre el escenario, la cantante interpretaba las canciones desde un dormitorio, mientras las pantallas laterales proyectaban subtítulos en castellano con las letras, permitiendo seguir la historia de una relación que transita del enamoramiento a la ruptura y, finalmente, a la reconstrucción personal. La británica hizo lucir su voz cristalina desde la inicial "West End Girl" hasta la clausura con "Fruityloop". Musicalmente, Allen recorre influencias que van desde los ecos del pop de los años cincuenta en "Sleepwalking" hasta el hyperpop y el dance-pop contemporáneo, con referencias al universo sonoro popularizado por Charli XCX en temas como "Ruminating" o "Relapse". Toda la producción resulta exquisita, aunque se echa en falta una banda sobre el escenario que aporte un mayor componente orgánico al espectáculo.

Lily Allen

Dellafuente se hizo esperar veinte minutos, pero el Nagusia lo perdonó en cuanto una orquesta al completo abrió el show con "Dile". Pablo Enoc llegó con toda la escenografía de su particular cocina —comensales, mesa con alimentos, referencias gastronómicas por doquier— para reivindicar una vez más que lo suyo es inclasificable: música urbana, flamenco, folklore y sintetizadores conviviendo sin que nada chirríe. "Romero Santo", "Bailaora" o "13 preguntas" dibujaron un paisaje sonoro en el que los ritmos latinos mandaban, mientras el granadino exhibía esa actitud chulesca que le hace parecer inalcanzable. Tiró de su nuevo álbum "BRIGADO" con "Agradecío", "Romea y Julieto" o "Caravaggio", sin olvidar los imprescindibles de su trayectoria como "Ayer" o "Cuentámelo". El cierre llegó con "Manos Rotas", himno y esencia a partes iguales, que desató la locura colectiva de un público que lleva años siguiéndole adonde sea. Lo que hace Dellafuente sigue siendo difícil de explicar, pero muy fácil de disfrutar.

El cierre del festival lo puso Charlotte de Witte. La DJ belga congregó una masa de público que colapsó la explanada frente al escenario San Miguel hasta hacer casi imposible el tránsito entre quienes llegaban y quienes habían cogido sitio previamente para entregarse al techno oscuro, ácido . Una actuación muy esperada que no defraudó: su set fue una declaración de principios, con proyecciones que reivindicaban en texto la cultura de club que ella misma encarna y defiende en cada sesión. El mejor broche posible para una vigésima edición que demostró, una vez más, que el BBK Live sabe tan bien cerrar como abrir.

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