Como en casa
ConciertosCruïlla Festival

Como en casa

8 / 10
Miguel Amorós, Joan S. Luna y Don Disturbios — 14-07-2026
Empresa — Cruïlla
Fecha — 11 julio, 2026
Sala — Parc del Fòrum, Barcelona
Fotografía — Cedidas por la organización (Foto de portada por Xavi Torrent)

Volvieron a volar por los aires los ya clásicos sombreros de paja, y volvió el público local a volcarse con el que a todas luces se ha convertido en su festival. Un coto privado que admite pocos guiris y que quedó respaldado por la propia organización con el lema "Cruïlla és casa, benvinguts!”.

Y así es justo como nos sentimos: como en casa. Porque todo resulta propicio para que así sea. Sus dimensiones perfectas para albergar unos veinte o veinticinco mil asistentes por día; los encuentros casuales con amigos con los que hacía tiempo que no coincidías; incluso el cruzarte con ese vecino de tu barrio del que no sospechabas que le gustara la música tanto como a ti. Toda una sinfonía de abrazos y buen rollo que refuerzan el ambiente y mitigan el inevitable bochorno veraniego.

“Cruïlla és casa” y sigue defendiendo esa fórmula de dedicar el miércoles a la gente más joven para luego programar el resto de los días una amalgama de estilos que van del indie, a la world music, pasando por el pop, el soul, el punk, el rock o la electrónica. Una variedad que lo enriquece a cada año que pasa, y que, en esta edición, quedó patente con las actuaciones de propuestas tan diversas como la de Pixies, Bomba Estéreo, David Byrne, The Hives, Faithless o The Black Crowes.

Un de todo como en botica, pero con el suficiente nivel como para atraer a aficionados de muy distinto pelaje que siempre tienen algo por descubrir, si mantienen la mente lo suficientemente abierta. Propuestas menos masivas como las de Rata, Paco Pecado, Lecocq, Vecinos, Huir, Ypnosi o Periferia que configuran también ese otro festival de pequeño formato que se configura básicamente en una carpa que todos los años ofrece actuaciones para el recuerdo.

Y así, como en casa, disfrutamos de un año más de un Cruïlla que, según informó la organización, contó con un total de setenta y tres mil asistentes a lo largo de sus cuatro días, siendo el sábado el día más populoso y certificando un año más un modelo que se ha adaptado a los gustos de los presentes, sin olvidar tampoco la presencia de grupos catalanes como La Ludwig Band, Sidonie, Mishima, Dan Peralbo i el Comboi o Els Pets. Una combinación que resulta tan efectiva como ganadora y que garantiza que todo el mundo pueda salir contento de una cita que el público catalán tiene ya marcado con rotulador rojo en su calendario.

Por todo ello solo quedar esperar que nos veamos de nuevo el año que viene con un cartel que al menos resulte tan atractivo como el del presente año. Y eso, pese a tener que competir con hasta tres grandes festivales más que se desarrollan el mismo fin de semana en la Península. Aunque ya se sabe… En ningún lugar se está mejor que en casa. Don Disturbios

Suede - Foto de Xavi Torrent

Jueves, 9 de julio

Periferia
Dos generaciones y dos formas de entender el legado del punk rock se solapaban en dos escenarios del festival a la misma hora: Standstill y Periferia. Los jóvenes Periferia lo hacían en la carpa Imagin, lo cual podría hacer pensar que estuvieron más protegidos del inmisericorde sol de la jornada, y quizás lo estuvieron, pero fue tal la entrega que el sudor les empapó a los diez minutos de actuación. Pese a abrir la tarde y la competencia, la carpa presentaba una entrada más que buena con la gente coreándoles y con todo un Fermin Muguruza sonriendo mientras los veía tocar. Joan S. Luna

Standstill
No es la primera vez que pasa. Las puertas se abrieron al público solo diez minutos antes de que empezaran los conciertos. Eso significó que, cuando Standstill salieron al escenario, apenas había unas decenas de espectadores. “Vamos a ir poco a poco, para dar tiempo a que venga más público” dijo Montefusco, y empezaron con “1,2,3, sombra”, la apertura de “Vivalaguerra”. Para cuando llegó el estribillo del “¿Por qué me llamas a estas horas?”, montones de gargantas ya cantaron aquello de “Romper un silencio así no tiene perdón” y la descarga ya fue arrolladora. A partir de ahí, esa comunicación y energía compartida (y calor, mucho calor) que se genera en sus conciertos, no cesó hasta la despedida. Todas esas canciones que autografían su vida, como “Hay que parar”, “Feliz en tu día”, “La mirada de los mil metros” o “1,2,3, sol” también fueron coreadas con pasión. Ya cerca del final, Montefusco anunció que ya tienen grabado un nuevo disco y que tienen unas ganas increíbles de mostrarlo. Para acabar interpretaron “Adelante Bonaparte”, una canción que, casi sin saberlo, ha cobrado sentido unos años después, y con el consejo de “no hay que parar, hay que tirar siempre adelante”, acabaron con miles de personas en comunión con el grupo. Miguel Amorós

Mishima
Los barceloneses Mishima actuaban por primera vez en el Cruïlla –aunque han actuado en los ciclos organizados por el festival– y lo hacían, como de costumbre, en un negro más distinguido que riguroso. Años atrás, las canciones de David Carabén navegaban entre el amor, el desamor, la madurez y el alcohol, hoy en día las canciones mantienen su sentido, pero lo hacen a modo de recordatorio de quienes alguna vez fuimos. Por eso se les coreó tanto y por eso la gente canto a capella algunas de las frases de “El temple” cumpliendo esa máxima de que, a veces, algunas composiciones dejan de ser de los artistas para pasar a ser de la gente que las ha hecho suyas. A estas alturas de trayectoria, nadie espera sorpresas de Mishima y, a cambio, ellos nos ofrecen la seguridad de quien, curtido ya en los escenarios, se siente orgulloso de su repertorio. Joan S. Luna

Maika Makovski
Su concierto fue una muestra de valentía, tanto de los músicos como del público. Un calor pegajoso caía sobre todos y hacía difícil aguantar siquiera un rato aquella presión. Aun así, Maika Makovski, rodeada de una banda numerosa (violines, metales, guitarra, bajo y batería) comentó que ese iba a ser el penúltimo concierto de presentación de su disco “Bunker Rococo” y agradeció al público su resistencia. Con ella en el centro del escenario, alternando teclados y guitarra, nos adentró en ese universo tan personal, ese “rock de autora”, como algunos lo definen. Ahí dejó esa disputa entre lo orgánico y la electrónica de “Muscle Cars”; la historia de violencia machista que se va revelando en la contenida “The Brotherhood”, en la que volvió a demostrar la amplitud de su registro vocal; o la introspección sobre la soledad en la delicada “My Head is a Vampire”. También hubo intensidad en “Reaching Out to You” (aunque no estuviera Howe Gelb) y en “Hunch of the Century”. Y no faltaron sus ya clásicas “Love You Till I Die”, “Lava Love” y la katebuhsiana y bailable “Language”. A propósito, uno de quienes también aguantaron la tremenda calda fue Fermin Muguruza. Para que luego digan que a los vascos les gusta el frio. Miguel Amorós

Garbage
Si no he perdido la cuenta, Garbage volvían al Cruïlla dos discos después de su anterior visita. Desde aquel día han lanzado “No Gods No Masters” (21) y más recientemente “Let All That We Imagine Be The Light” (25), de ahí que abriesen y cerrasen su show con “There’s No Future In Optimism” y “The Day That I Met God”. Mientras Nicole Fiorentino cumplía a la perfección con sus labores de bajista, discretamente, a un par de metros escasos de Butch Vig, y Erikson y Marker alternaban su protagonismo, Shirley Manson volvía a tomar las riendas del grupo. Pura actitud y, al mismo tiempo, puro sentimiento cuando se dirige a la audiencia –¿vimos lágrimas reales?–, la escocesa fue, es y seguirá siendo mientras se suba a los escenarios la gran estrella del rock femenina que todas las vocalistas querrían ser. En cuanto al show, no se distanció del repertorio que ofrecen en sala hoy en día, lo cual deja claro que, por muchos hits que rescaten del pasado, no tienen listo un “setlist” festivalero como si suelen tener otros artistas. Es evidente que un concierto de Garbage no sería lo mismo sin “Stupid Girl”, “I Think I’m Paranoid” u “Only Happy When It Rains”, pero que interpreten hasta cuatro temas de su último disco y que se atrevan con esa maravilla que es “Lovesong” de The Cure –con la bajada de revoluciones que eso supone en un show festivalero– dejó claro que no pretendían ponerle las cosas fáciles a quienes sencillamente pasaban por allí. Joan S, Luna

Ypnosi
Empecemos por lo más obvio: los catalanes Ypnosi están como una chota. Eso es lo primero que todo el mundo debe tener claro antes de verlos sobre un escenario. Situados en algún lugar indefinido –pero muy indefinido, para lo bueno y para lo malo– entre la psicodelia, el rock’n’roll y el funk rock, Ypnosi son uno de esos ejemplos en los que el directo toma derroteros sorprendentes que los llevan más allá de quienes son en estudio. Y es que entender la fórmula de Ypnosi para irremediablemente por sus directos, una locura en la que no respetan nada, con Albert Aymar subiéndose a lo más alto de la estructura del escenario; con la banda sumergiéndose en arrebatos funk a la manera de los Red Hot Chili Peppers de la segunda mitad de los ochenta ahora y dándole al pop garajero después; con Aymar arremetiendo en tono burlón contra toda la escena políticamente correcta catalana (cobraron The Tyets, Buhos –sobre todo ellos–, Els Catarres…)… Llevan tiempo siendo capaces de ofrecer directos eficaces y divertidísimos, el día que eso se traslade al cien por cien a sus discos lo habrán conseguido. De momento están en ello. Joan S. Luna

Suede
Te pueden gustar mucho, poco o nada, pero la entrega de Brett Anderson en la hora y cuarto que duró el concierto de Suede, merece todos los elogios. Además, su constante conexión con el público fue admirable. No paró de incitarles a cantar, bailar o abrazarse. A todo ello ayudaba la gran pantalla situada tras la banda, en la que a menudo aparecían las letras que todo el mundo coreaba. Ya en el segundo tema “Trash” (hace veinte años que se editó), amagó con bajar del escenario, pero en los dos siguientes hits, “Animal Nitrate” y “The Drowners” (ambos de su primer disco de 1993), ya no pudo contenerse y se mezcló entre el público, dando abrazos a todo el mundo mientras cantaba. Quizás por eso, cuando llegó al relajado “The 2 of Us” lo hizo entre tumbado y de rodillas. Aunque poco después, en “Can’t Get Enough”, no paró de pedir palmas mientras saltaba, jugaba con las cámaras y sudaba lo indecible. Acercándose al final, volvió a arrodillarse para “Shadow Self” y gritó “Mucho calor, mucho caliente”. Un “She’s in Fashion” en semiacústico adelantó lo que sería la triada triunfal: “So Young” “Metal Mickey” y “Beautiful Ones”. Un concierto para el recuerdo. Miguel Amorós

Pixies
Con la “excusa” de llegar a sus ¡cuarenta años!, el concierto de Pixies fue toda una celebración, sobre todo para los amantes de su primera y más exitosa época. Es evidente que la nostalgia pesa, al igual que el legado de haber sido referentes para bandas míticas, pero vimos que iban a lo suyo, sin preocupaciones. Su única misión era pasarlo bien y hacer disfrutar al público. Además, en las primeras filas no solo había gente de su edad, sino también mucho más joven, una buena señal. A su favor juega que cambien el repertorio en cada concierto, algo que, sin duda, les ayuda a no anquilosarse. Así que empezaron con “Cactus”, esa canción en la que, en medio del tema, deletrean el nombre de la banda, pero al rato ya estaban con “Vamos” y Joey Santiago tocando la guitarra con la gorra o haciendo ruidos con el jack de la guitarra. “Isla de Encanta” o “Here Comes Your Man” fueron coreadas a gritos. Durante hora y media pudimos disfrutar de las arrolladoras versiones de “Head on” (The Jesus and Mary Chain), “In Heaven” (David Lynch y Peter Ivers) o “Winterlong” (Neil Young), además de las vitoreadas “Debaser”, Monkey Gone To Heaven” o “Where Is My Mind?. ¿Se dejaron alguna? Puede ser, pero le pusieron todas las ganas y eso fue precisamente lo que se celebró. Miguel Amorós

The Black Crowes - Foto de Xavi Torrent

Viernes, 10 de julio

Dan Peralbo i El Comboi
Aunque sean un grupo joven, ¿qué podemos decir a estas alturas que no hayamos dicho ya de Dan Peralbo i El Comboi? Por algo no dejan de tocar en directo y cada día suenan mejor. En “QUIN GOIG” han afinado más su propuesta y la han mejorado de cara a la eficacia en sus conciertos. Y se nota. Pero si algo tiene la banda que funciona en concierto es la sinceridad de Dan como estrella del pop rock. Perfectamente respaldado por sus compañeros, Dan vibra en cada uno de sus conciertos y lo hace sin artificios. Lo que ves es lo que hay y lo que canta es lo que es. Después de que sonasen “Ai ai ai quin goig que fas” y “Un bitllet per tu” ya no había nadie viéndolos que no pensase algo parecido a lo que les estoy contando. Lo suficientemente accesibles para llegar a todo tipo de públicos, lo suficientemente espontáneos y frescos para convencer a quienes no comulguen al cien por cien con su música, Dan Peralbo i El Comboi no son grupo de grandes titulares, pero si de conquistar corazones con modestia y gracia. Joan S. Luna

Alizzz
Alizzz se plantó en el escenario Occident respaldado únicamente por dos músicos. El músico catalán quería dejar claro que sus canciones pueden funcionar perfectamente sin excesivo aderezo, puesto que así nacieron. Una suerte de back to basics que le hizo sonar mucho más oscuro –todavía– de lo que suenan algunas de sus canciones en estudio. Obviamente, la suya no fue una actuación para todo tipo de públicos festivaleros, pero sí para aquellos que han entendido de qué va su historia. Porque cuando suenan canciones como “Ya no vales” o “Carretera perdida” así de desnudas, entiendes que esa fue siempre la intención y que si Alizzz se llama Alizzz es por algo. Tampoco hubo sorpresas en que, teniendo presentes las características del show, no aparecieran Maria Arnal, Amaia o, claro, C. Tangana y Rosalía, para acompañarle al interpretar las canciones que grabó con ellas y él. Lo que sí fue una sorpresa fue escuchar que, al margen de que se trataba de su primer concierto en el Cruïlla, este iba a ser el último show en Barcelona en “mucho mucho tiempo”. Joan S. Luna

The Black Crowes
Con el recuerdo algo amargo de su pasada visita a un Sant Jordi Club que no ofrece las mejores condiciones en cuanto a sonido, los hermanos Robinson tiraron de oficio y de sus dos primeros discos para ofrecer un show, y un setlist, tan contundente como festivalero. Por ello no faltaron temas emblemáticos de la banda como esa “Remedy”, con la que abrieron, a la que fueron añadiendo otros clásicos ineludibles de su trayectoria como “Sting Me”, “Jealous Again”, “Hard To Handle” o “Twice as Hard” con la que cerraron. Con semejantes cartas en su mano, y alguna agradable sorpresa como versionar a The Velvet Underground (“Oh! Sweet Nuthin’”), certificaron una efectiva actuación que, sin embargo, no logra despejar esa duda eterna que aparece de forma tozuda sobre la mesa: La imposibilidad de que los laureados tiempos del pasado regresen en forma de canciones con la suficiente enjundia como para competir con sus clásicos de siempre. Y es que vivir de rentas es un buen vivir, pero no juega nada en favor de la revitalización de un estilo que cada día queda más anclado en el ayer. ¿Quién lo revitalizara? Me temo que The Black Crowes ya no. Don Disturbios

Ezra Collective
Cuando íbamos camino del escenario Occident, oímos que alguien preguntaba qué tipo de música hacían. La respuesta fue: “jazz”. Seguro que, si ese alguien llegó a su concierto esperando eso, se llevó una buena sorpresa. Lo suyo es una explosiva fusión de afrobeat, calypso, funk, reggae, hip hop, soul y, sí, jazz. Pero con una energía vigorosa que invita al baile y que consiguió que una buena multitud disfrutara frente al escenario. Por citar solo un par de temas que el quinteto londinense tocó, nombraremos “God Gave Me Feet for Dancing” y “Ajala”, un tremendo afrobeat de su disco “Dance. No One’s Watching”. Allí ocurrió más bien todo lo contrario: la gente no dejó de bailar despreocupadamente al ritmo de su música, y eso por no hablar de cuando Sampa The Great se subió unos minutos a acompañarles en “Life Goes On”. ¡Ah! Al día siguiente tocaban en el prestigioso Festival de Jazz de Montreux. ¿De qué? ¡De jazz!. Miguel Amorós


Bigger Splash (Arde Bogotá)
Actuación sorpresa que no estaba programada de antemano en el festival y que vino a completar ese duro hueco que debía luchar contra el partido de la selección española ante Bélgica. Presentados al respetable con el nombre de su último single “Bigger Splash”, los de Cartagena salieron con ganas de reivindicar su presente con un inicio marcado por “La Torre Picasso”, uno de esos temas río con múltiples tempos y texturas que, a priori, no debería resultar el más indicado para empezar un concierto. Sin embargo, demostró ser toda una declaración de intenciones, sobre el deseo de la banda de mirar al futuro y, sobre todo, de reafirmar ese tercer disco que va a ser clave para elevarlos, aún más si cabe, hacia las alturas de la popularidad. Mimbres sabemos que tienen de sobra en cuanto a solidez, actitud, puesta en escena y, sobre todo, canciones que, como “Antiaéreo”, “Cowboys de la A3”, “Que vida tan dura” o “Los perros”, están marcando toda una época. Había ganas de verlos de nuevo tras el parón de estos meses y, no cabe duda de que mereció mucho la pena, ya que se mostraron tan entregados como en ellos es habitual. En especial un Antonio García estelar, al que le sienta a las mil maravillas ese cambio de look mucho más duro y agresivo, al igual que su música. Ganas tenemos ya de que llegue ese dos de octubre, para descubrir las nuevas canciones de su próximo “Manufacturas del Club de la Gente Sola”. Don Disturbios

David Byrne
La pregunta lleva muchos años siendo la misma, sobre todo cuando se inician los rumores o cuando hay aniversarios tan sonados como los de "Stop Making Sense”. ¿Por qué no se reúnen Talking Heads, ahora que podrían ser cabezas de cartel de todos los festivales del mundo mundial? Y la respuesta se me antoja absurda. Pues sencillamente, porque David Byrne interpreta buena parte de los hits más conocidos de aquellos en su actual gira por festivales. De “Who Is The Sky?” (25) suenan “When We Are Singing” o “Everybody Laughs” –y supone uno de los grandes momentos del show–, pero es que la hora y media de concierto que Byrne protagoniza junto a su amplia y coordinadísima banda empieza ya con “Heaven” –de “Fear of Music” (79)– y termina con “Burning Down The House” –de “Speaking In Tongues” (83)– para echar mano de esas canciones que muchos esperarían en una gira de Talking Heads. Y encima bien tocadas, con imaginación y con una voz que continúa siendo impecable a los setenta y cuatro años de edad, A lo largo de los noventa minutos de show, caen muchas, y alguna de su trayectoria en solitario (grande “Strange Overtones”), pero no nos engañemos: en realidad casi daría lo mismo las canciones que Byrne y sus músicos interpretasen. Porque su espectáculo tiene esa magia que no se ve ya sobre los escenarios, esa capacidad de atraer todas las miradas y tenerlas atrapadas en todo momento. Siempre está ocurriendo algo, siempre hay movimiento, siempre te preguntas al lado de quién o detrás de quién está Byrne en ese momento exacto. Todo ello facturado con detalle, con mucha clase y sin excesos –otros hubieran convertido las proyecciones en puro horror vacui, él mantiene las riendas de lo que ocurre de principio a fin–. Imaginación en lugar de presupuesto, humanidad en lugar de tecnología y sobre todo con esa humildad abrumadora que solamente un tipo como Byrne es capaz de dispensar. Joan S. Luna

Parquesvr
Con un escueto “gol de España” anunciado por el teclista de la banda justo después de, casualidades de la vida, interpretar su clarividente “El palco”, nos enteramos los presentes de la clasificación de la selección para las semifinales de un Mundial con más vergüenzas que tapar que el propio palco del Bernabéu. Y es que si hay una banda con ganas de mostrar todas las desfachateces del ruedo ibérico esos son, sin duda alguna, Parquesvr. Además, en directo lo hacen de forma bastante más contundente que en su formato grabado, y con una dureza que eleva su estilo a post-punk al cuadrado. Ahí, las florituras desaparecen y tan solo queda el lado más crudo de una banda tan efectiva como sus afilados versos. No son para todos los públicos, pero, si entras en su juego, son de los que no hacen prisioneros. Don Disturbios

Meute
Hay grupos que un festival simplemente debe programar. Más aún si lo que busca es que el público pueda dar rienda suelta al baile. Y esta techno marching band de Hamburgo es un ejemplo perfecto. Ya lo demostraron en el Cruïlla de 2022 y esta vez volvieron a hacerlo. Montaron una autentica rave digna de “Sirât”. Esos once músicos, ataviados con sus casacas rojas y armados con instrumentos de viento, percusión y un xilófono, se mueven por el escenario con total libertad, coreografiando cada tema. Manejan el tempo a su antojo, acelerando, frenando o haciendo estallar ese infalible bombo a negras. No faltó su vibrante versión de “You & Me” del dúo británico Disclosure. Estamos seguros de que parte del público que reunieron ya los había visto el pasado enero en uno de los festivos street shows que ofrecieron en una plaza de Barcelona. Miguel Amorós

Bomba Estéreo
Bomba Estéreo se presentaron en el Cruïlla sin Simón Mejía –uno de sus fundadores y mente creativa de la banda– debido a que, pese a seguir formando parte del proceso compositivo del grupo, prefiere no participar de sus shows en vivo para dedicarse a su proyecto Monte. Así, todo el peso de las miradas recayó en una dinámica Li Saumet, como única representante original del combo, muy bien parapetada por José Castillo a la guitarra y sintetizadores, Pacho Carnaval al bajo y las percusiones y Jaime Alzate a la batería. Juntos nos pusieron a bailar con su peculiar fusión de folclore caribeño colombiano y electrónica, en una amalgama de sonidos que ya ha dejado canciones para el recuerdo como “Somos dos”, “Fuego”, “Fiesta” o “Soy yo”. Sin embargo, es difícil entender por qué no se lanzaron a la interpretación de su último single, siendo como es “Cielo Azul” uno de esos envolventes temazos que dejan huella. Una auténtica lástima que les perdonamos por lo efectivo de su directo, y por no desmerecer para nada esas horas de la madrugada en que lo que más apetece es mover el esqueleto hasta decir basta. Son una garantía de diversión y baile y los disfrutamos como nunca. Don Disturbios

La La Love You
Lo cierto es que con el solape de su actuación con la de Bomba Estéreo, solo alcancé a ver el último tramo de su show. Lo suficiente para comprobar que sus himnos pop, tan efectivos como ajenos a prejuicios, han calado entre el público lo suficiente como para ofrecer una actuación divertida, amena y saltarina. Una de esas que te deja con un excelente sabor de boca y una de esas sonrisas que, a las cuatro de la madrugada, se adivinan ya de oreja a oreja. Don Disturbios

Ultraligera
Con una puesta en escena muy rockera, el pecho descubierto, y un imagen que remitía a los grupos sleazy de finales de los ochenta, los miembros de Ultraligera salieron dispuestos a comerse el mundo desde uno de los escenarios grandes del Cruïlla. Eso sí, a una hora tan intempestiva como las tres y media de la madrugada que ya había lastrado algo el numeroso público del festival. A ellos les dio igual y mostraron en todo momento una actitud que combinaba lo trepidante de su puesta en escena con un gran sonido. Lástima que me cueste conectar con unas canciones a la que, personalmente, encuentro algo faltas de poso y con un planteamiento excesivamente estándar que se manifiesta en una estructura muy pensada para conectar con el gran público a base de guitarras épicas, riffs contundentes y melodías envolventes. Van tras los pasos de Viva Suecia de forma muy evidente, pero con una actitud mucho más rock y más eléctrica. Y aunque es fácil que logren colocarse a su altura, lo harán desde posiciones demasiado obvias. Don Disturbios

La Ludwig Band - Foto de Didac Castell

Sábado, 11 de julio

Jovanotti
Afirmaba la dirección del Cruïlla que llevaba años queriendo traerlo. Y el artista declaró, en una de las muchas peroratas que soltó entre canción y canción, que amaba Barcelona y que estaba agradecido por la invitación del festival Así que todos quedaron contentos, público incluido. Aunque ya ronda los sesenta años, el italiano no paró quieto ni un momento, y eso que hacía un calor terrible. De hecho, acabó totalmente empapado en sudor, pero feliz. Hay que reconocer que es un auténtico showman, con una banda numerosa y potente a sus espaldas y una enorme experiencia encima del escenario. En hora y media hizo un recorrido por toda su carrera. Temas como “Attaccami la spina”, “Gimme Five” o “Penso Positivo”, de su etapa más rapera, consiguieron que todo el mundo bailara a pesar de la alta temperatura. Gritó “Cruïlla es casa” –el lema del festival este año– mientras interpretaba “Oceanica”, con sus aires de calypso. Después se puso emotivo al recordar a su gran amigo catalán Pau Donés y cantó “La Flaca”. Tampoco faltó ese himno a la belleza de la diversidad humana que es “L’ombelico del mondo”, en el que incluso incluyó unos versos del “Volando voy”. Se despidió con la balada “A te”, su personal declaración de amor universal. Miguel Amorós

Jon Batiste
Pese a haber protagonizado una portada en Mondo Sonoro, haber sido el responsable de la banda sonora de la película de animación “Soul” y contar con un buen número de discos de lo más interesante, lo cierto es que el estadounidense era uno de los nombres más desconocidos por el público del festival al no prodigarse apenas nada por Europa. Por eso era toda una incógnita saber cuál sería el derrotero que tomaría en directo. Y lo cierto es que sacó su lado más show-business, divertido y desprejuiciado, buscando en todo momento conectar con el público, a base de hacerle partícipe en numerosas ocasiones de los coros siempre con una enorme sonrisa en su rostro. Así, Jon Batiste y su excelente banda mostraron su repertorio más popular y banal con canciones como “Freedom”, “Big Money” o una innecesaria versión de la samba “Más, que nada!”, popularizada a nivel mundial por Sérgio Mendes y que, cómo no, contó con la colaboración de todos.
Si lo que buscaba Jon Batiste era que la gente se lo pasara en grande, lo consiguió con creces, aunque lo cierto es que a los pocos que lo seguimos desde hace tiempo nos hubiera gustado ver una faceta más seria y apegada a su enorme talento como pianista. Destellos que mostró a cuentagotas y que suponemos reservará para otros espacios mucho más solemnes que los de un festival. Y es que en pos de la conexión facilona, acabó incluso montando un pasacalle que finalizó en las gradas en lo que resultó todo un homenaje a su amada Nueva Orleans. Don Disturbios

La Ludwig Band
La actuación de La Ludwig Band me recordó a la que hace tres años protagonizaron Sidonie en ese mismo escenario –Vallformosa–, el más pequeño del festival exceptuando la carpa. Y es que se produjo el mismo baño de masas que acabó por abarrotar el recinto, subrayando la sensación de que hubieran merecido un lugar mucho más grande. Y es curioso porque si Sidonie este año gozaron del beneplácito de un mayor espacio –este estuvieron en el Vueling–, estoy convencido que en breve ocurrirá lo mismo con La Ludwig Band. Y más si tenemos en cuenta el enorme poder de conexión que tienen con el público al aunar esa actitud desenfadada y festiva con unas canciones que, como “On t’has ficat aquesta nit”, “Manel” o “Millor amb ell” ya forman parte del imaginario popular del país. Mención aparte merece “Xavier, el tècnic de so”, uno de esos temas que empezó siendo un broma en las pruebas de sonido y que ha acabado convirtiéndose en todo un fenómeno gracias a la redes y ese verso que apela a la ginebra sola. Pese a algún problemilla con el sonido ajeno a la banda, pero solventado con premura y buen humor, se notó que están en el momento más dulce de su carrera y que su propuesta cada vez resulta más engrasada, destacando en directo la labor de Lluc Valverde al saxo, al dotar a las canciones de una dimensión mucho más inflamada. Este 2026 está siendo su año y esa es una realidad que no hicieron más que certificar en el Cruïlla. Don Distubios

Paco Pecado
Con Paco Pecado llegó la diversión más absoluta. Y esta vez lo hizo muy bien acompañado por hasta cuatro músicos que incluso le ayudaron a plantear la pequeña performance que le requiere un tema como “Raffaella”. Esa pitonisa del amor que nos traslada a los viejos tiempos en los que lo kitsch reinaba en una televisión con tan solo dos canales y Valerio Lazarov ejercía de maestro de ceremonias. Y es que Paquito encarna con su música ese lado canalla de la vida en el que se disfruta al máximo de las terrazas de los bares, las cañitas y el faranduleo extremo. Ya sea a ritmo de rumba, canción ligera o cumbia, todo vale para desplegar un universo único e inimitable que sabe meterse al respetable en el bolsillo al volverlo cómplice de sus desmanes. Si no existiera un crooner hispano como Paco Pecado, habría que inventarlo. Y su actuación en la carpa del festival fue una de las más celebradas. Olé, Paco, olé. Y ojo, porque esto justo acaba de empezar. Don Disturbios

Son Rompe Pera
Ver un concierto de los mexicanos Son Rompe Pera es una auténtica experiencia. Este quinteto toca en cada actuación como si fuera la última y, aunque su música bebe de las raíces de la cumbia, su actitud es totalmente punk. Parte de su originalidad radica en que la marimba, un instrumento de percusión semejante al xilófono, pero con láminas y caja de resonancia de madera, es el instrumento solista de la banda y, en ocasiones, lo tocan a cuatro manos. Su estética también resulta singular, con los brazos y el cuerpo cubiertos de tatuajes. En las más clásicas, “Cumbia buena”, “Cumbia Algarrobera” o “Reina de las Cumbias”, el público se animó a bailar, pero “Chucha” o “Cumbia is the new punk” –su lema– desembocaron en algo bastante más peligroso en cuanto al movimiento. Si bien musicalmente pueden sonar algo repetitivos, lo que sucede en el escenario también atrapa la atención. Miguel Amorós

Faithless
Pasa en todos los festivales: no puedes gastar todas las energías, porque siempre llega ese grupo que toca bien entrada la madrugada y para el que hay que estar dispuesto a darlo todo. Y en eso, los británicos Faithless, son garantía de celebración. Desde el inicio incitaron al baile y la entrega del público fue total. En sus hits más potentes “Insomnia” o “God is a Dj” sigue muy presente el recuerdo del malogrado Maxi Jazz, que apareció en las pantallas para recitar aquello de “I can’t get no sleep” o “this is my church”. Pero ahora sus dos vocalistas, Nathan Ball y Amelia Fox, también aportan personalidad y color a las nuevas canciones como la intensa “Synthesizer”. Puede sonar viejuno, pero, aunque los teclados de Sister Bliss siguen siendo omnipresentes, escuchar el sonido orgánico de batería, percusiones, guitarra y bajo, les da un valor que otras propuestas electrónicas no tienen. Fue nuestro particular fin de Cruïlla, “Thank You”. Miguel Amorós

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.