Tres décadas a lo largo de las cuales los hemos visto asentarse como una marca indiscutible y de absoluta referencia dentro del pop independiente británico y – por extensión – europeo, a través de diez álbumes convencionales de estudio, un par de bandas sonoras y algunos recopilatorios. Nada menos que 350 canciones publicadas. Siempre con Stuart Murdoch (nacido en Ayr, Escocia, Reino Unido, en 1968) como máximo responsable y superviviente original de una formación por la que en su momento pasaron Stuart David e Isobel Campbell, y en la que persisten Stevie Jackson, Chris Geddes o Richard Colburn.
Belle and Sebastian asumieron, desde Glasgow, la esencia del indie británico más refinado que había surgido durante los años ochenta y noventa. El mismo que asumió como evangelio propio los discos de Postcard, Sarah Records o Rough Trade (sello por el que precisamente acabarían fichando). Se vieron marcados por The Smiths – la estética de sus portadas es la prueba más evidente – pero también por el folk intimista de Nick Drake, y más adelante por el sunshine pop, el glam rock, el soul en sus diversas variantes o la música disco, trabajando con productores tan dispares como Tony Doogan, Trevor Horn, Tonny Hoffer o Ben H. Allen.
Aprovechando que este verano nos visitan de nuevo (España siempre ha sido uno de sus países predilectos), con varias fechas en Madrid (16 de julio), Barcelona (17 de julio), Valencia (18 de julio) y Murcia (19 de julio), hacemos un repaso de diez de sus doce discos de estudio, ordenados de menor a mayor calidad. Solo nos hemos dejado fuera las dos bandas sonoras, por ser trabajos de distinta naturaleza. Es una selección puramente subjetiva, claro. Una más entre cientos posibles. Así que no disparen al escriba. Hagan ustedes la suya cuando y cómo les plaza.
Girls in Peacetime Want To Dance (Matador, 2015)
Reconozco que aquí fue cuando perdí interés en Belle and Sebastian. Cuando me empezaron a sonar muy redundantes. No es este un mal disco, ni mucho menos, pero apenas logré detectar ninguna veta diferencial que marcase cierta evolución, más allá del evidente marchamo disco de “Party Line” y “Enter Sylvia Plath”, las dos más claras invitaciones a la pista de baile de toda su carrera, reafirmando el hedonismo de su título y su preciosa portada. Continuando la senda emprendida con "The Life Pursuit" (2006), grabaron de nuevo en EE.UU. y con productor norteamericano: esta vez fue Ben H. Allen III (Gnarls Barkley, Cut Copy, Washed Out) en un estudio de Atlanta. Es tan innecesariamente largo – más de una hora – que incluso hoy en día hay que echarle paciencia para rastrillar gemas ocultas como “Perfect Couples” o “The Cat With The Cream”.
Fold Your Hands Child, You Walk Like a Peasant (Jeepster, 2000)
En su momento me generó cierta decepción. Cierto que el listón estaba demasiado alto. Resulta más tibio, más oscuro, más apocado que cualquiera de sus tres precedentes. Hay quienes dicen que, con el tiempo, merece una revisión. Que está infravalorado. Yo no creo que sea exactamente así. Aunque es cierto que la coyuntura del momento – en pleno 2000, muchos estábamos a otras cosas: o con el desasosiego cyber punk y premilenario de Primal Scream, David Holmes o Death In Vegas o, en una vena más acorde con Belle and Sebastian, pendientes de los primerísimos Coldplay – tampoco les benefició. Y tampoco cuenta con un single incontestable para tirar de su carro. Fue, por cierto, su primer disco sin Stuart David.
A Bit of Previous (Matador/Popstock, 2022)
Tanto si añorabas a los Belle and Sebastian de sus primeros tiempos, los más indies, como a los que merodearon otros derroteros estilísticos con posterioridad, este disco te satisfará. Es como una síntesis de todas sus versiones, con un grado de inspiración renovado. Tiene de todo: delicadez (“Do It For Your Country”), combinación de jangle pop a lo Smiths y soul tenue (“Young and stupid”), medios tiempos acrisolados en coros celestiales (“If They’re Shooting At You”), sintetizadores en primer plano (“Talk To Me, Talk To Me”, “Reclaim The Night”), tradición pop de la costa oeste norteamericana (“Come On Home”), su faceta más rockera en lustros (“Unnecesary Drama”) y un vals acústico con trasfondo country a lo Glen Campbell (“Deathbed Of My Dreams”). Buen repunte.
Write About Love (Rough Trade, 2010)
Este álbum tiene la misma consistencia de su predecesor, el excelente "The Life Pursuit" (2006), porque también se graba en California bajo supervisión de Tony Hoffer, aunque habían mediado cuatro años entre uno y otro, pero carece – inevitablemente – de su capacidad de sorpresa. El tiempo no pasa en balde. Alberga, eso sí, algunos clásicos indiscutibles de su discografía: “Come On Sister”, “I Want The World To Stop”, “Little Lou, Ugly Jack, Prophet John” (con Norah Jones) o el tema titular. Creo que no soy el único que piensa que con el tiempo ha ido ganando enteros. Sin estar en su Top 5, es de esos discos a los que de vez en cuando uno recurre con mucho gusto.
Dear Catastrophe Waitress (Rough Trade, 2003)
Tras una trilogía inicial incontestable, un cuarto álbum que se quedó unos peldaños por debajo y una banda sonora por encargo ("Storytelling", 2002), se imponía un giro. Una reformulación. Y les funcionó. Fichan por Rough Trade, reclutan a un productor tan insospechado como Trevor Horn (quien los conoció a través de su hija adolescente), graban por primera vez en Londres y todo cobra una nueva luz, un dinamismo inédito, una liviandad necesaria. Plasman por primera vez influencias del soul (“If She Wants Me”), del sunshine pop (“Wrapped Up In Books”), del pop de la costa oeste norteamericana (“You Don’t Send Me”) e incluso de la new wave – en algo tenía que notarse lo de Trevor Horn – en la fabulosa “Stay Loose”. Aunque el twee pop saltarín de “I’m a Cuckoo” sea su corte más recurrente: la segunda canción que más veces han tocado en vivo a lo largo de su carrera. Fue su primer disco sin Isobel Campbell.
The Boy With The Arab Strap (Jeepster, 1998)
Bendito continuismo el de este disco. Aunque con matices: trabajaron con más tiempo y le dieron más bola al talento compositivo de Isobel Campbell y Stevie Jackson. También introdujeron detalles relativamente experimentales – para su canon –, como el colchón rítmico sintético y circular de “Sleep The Clock Around”, el spoken word de “A Space Boy Dream” (los Arab Strap más cerca que nunca, y no solo por el título) y el largo desarrollo instrumental de “The Rollercoaster Ride”, sensacional broche. “Dirty Dream Number Two” anticipa una de sus inminentes fijaciones: el ritmo saltarín de la escuela Motown, en el que ahondarían en sucesivas entregas. Puede decirse que es un perfecto cierre de su (involuntaria) trilogía inicial de álbumes.
Late Developers (Matador/Popstock, 2023)
Si "A Bit of Previous" (2022) fue una agradable sorpresa, esto fue ya una resurrección en toda regla. Lo más fresco y revigorizante que hicieron desde "The Life Pursuit" (2006). Palabras mayores. Nace de sus mismas sesiones, y ni siquiera lo anunciaron previamente. Lo desvelaron por sorpresa. Hay folk desnudo (“Juliet Naked”), soul pop exultante (“Give A Little Time”), pop radiante (“So In The Moment”, con un Stevie Jackson pletórico), burbujeo disco (“When You’re Not With Me”), sunshine pop (“Late Developers”), synth pop (“I Don’t Know What You See In Me”) y hasta un magnífico rescate de 1994 (“When the Cynics Stare Back from the Wall”, con Tracyanne Campbell, de sus aventajados alumnos Camera Obscura). Como si todos los Belle and Sebastian posibles se hubieran puesto de acuerdo para reunirse y volver a dar lo mejor de sí mismos, casi tres décadas después de su primera canción.
The Life Pursuit (Rough Trade, 2006)
La cumbre de la faceta más soleada y norteamericana de su sonido. La sublimación de su versión west coast. Trece canciones que han envejecido espléndidamente bien. Ya sea con la rijosa pátina glam de “White Collar Boy”, con el rutilante boogie soul de “The Blues Are Still Blue”, con el blue eyed soul de “Sukie in the Graveyard”, con el arrebato pop sixtie de “We Are The Sleepyheads”, con el funk acrisolado en la tradición setentera de “Song For Sunshine”, con el radiante fogonazo melódico que es “Funny Little Frog” o con el exultante trote Motown de “To Be Myself Completely”. La producción de Tony Hoffer (Beck, Travis, Supergrass) en un estudio de Los Ángeles redondeó la jubilosa reconversión de su fórmula.
Tigermilk (Electric Honey, 1996/Jeepster, 1999)
Parece mentira que esta delicia naciera como trabajo final de un curso de producción musical, y con una tirada inicial de mil copias. No es un disco tentativo: es una obra perfectamente acabada. Madura. Stuart Murdoch, Stuart David, Isobel Campbell, Chris Geddes, Stevie Jackson, Richard Colburn y el resto de la troupe empastan un puñado de canciones pop perfectas (“Expectations”, “The State I Am In”, “I Could Be Dreaming”, “My Wandering Days Are Over” o la enorme “She’s Losing It”), con un afortunado brote electrónico en medio (“Electronic Renaissance”), instaurando un nuevo y duradero canon: el cruce perfecto entre Nick Drake y The Smiths, primando la sutileza y el arrullo cuando la vana grandilocuencia del brit pop enfilaba ya su inevitable su ocaso.
If Your'e Feeling Sinister (Jeepster, 1996)
Delicadeza, sensibilidad, clase. La mejor tradición indie de los ochenta y la caricia del legado del folk pop desde los sesenta se citan en un trabajo modélico para sucesivas generaciones. Lo han recuperado este año con motivo de su treinta aniversario y no hay de qué extrañarse. De hecho, ya antes seguía siendo el trabajo más representado históricamente en sus directos, con gemas indiscutibles como “Judy and the Dream of Horses”, “Like Dylan in the Movies”, “Get Me Away From Here, I’m Dying”, “The Stars of Track and Field” o “Fox in the Snow”. Más cohesionado, más sólido, mejor acabado aún que su debut, en parte gracias a la producción de Tony Doogan, es uno de esos discos que aparecen en el lugar y el momento precisos. No hay lista de los mejores trabajos de los noventa o de los 1001 discos que hay que escuchar antes de morirte en la que no figure.
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