“Tenías que ser tú” sonaba casi como epílogo del concierto de Silvana Estrada en La Mar de Músicas y entonces todo encajaba en una noche alborotada por la tragicomedia del fútbol. Tenía que ser ella la que se encontraba en el escenario del Auditorio Paco Martín justo en el momento en que España ganaba el Mundial. Sonaba eso tan propicio como “Good Luck, Good Night”, cuando el concierto se paró a la vez que el reloj del estadio en Nueva York. Hemos ganado” le decían desde el público, ya solo quedaba disfrutar. Y sobre todo disfrutar del concierto, tras una tarde noche de transistores, tras una jornada previa donde María Arnal tuvo que cancelar su concierto de forma sobrevenida por un infortunio familiar, tras un mundial de fútbol que apuntaba a enfangar todo lo que La Mar de Músicas siempre ha promovido, la unión cultural de los pueblos de Latinoamérica.
Vestida de rojo pasión, no rojo selección, no pasión futbolera, que también, Silvana apareció como siempre celebrativa, brindando por la vida y por el mar. Sobre Cartagena, en este verano torrido, fue dejando caer las canciones de Vendrán suaves lluvias, ojalá se dejaran caer sobre el Auditorio todavía humeante rozando la media noche. Pero hablamos de un repertorio, el de su último disco, atravesado por la pérdida, la memoria y la necesidad de aprender a despedirse. Una gesta tan difícil para ella, como la que se celebraba abajo en las calles de Cartagena. Nadie dijo que iba a ser fácil, la frase del día.

Era el momento de la “Tregua”, aquí y en el estadio, y ese otro mensaje recurrente de mañana se verá todo de otra manera, con la cabeza fría nos daremos cuenta de lo que hemos logrado. En el caso de Silvana aconsejó, en este momento de emociones a flor de piel en el que nos sumergen sus conciertos y que nos conduce a escribir de forma instantánea eso de nada es lo mismo sin ti, pues que igual mejor dejarlo para mañana porque igual no es así. Bien lo sabe ella, bien lo sabes tú.
Entre los fuegos artificiales que interrumpían desde la lejanía se cuela “Un rayo de luz”. Un recuerdo justo de la anterior cita mundialista y aquella pérdida que sufrió con la muerte de Jorge Tirado, músico y amigo inseparable asesinado junto a su hermano en 2022. Silvana recordó ese bloqueo creativo que sufrió y su refugio en la casa residencia de Chavela Vargas donde escribió un tema que en directo sigue estremeciendo.
Después llegó “Te guardo”, el bullicio externo se disipaba y permitía que el público coreara tengo tres caras posibles y tú me las quitas todas pero de manera frágil, casi como si cantarla demasiado alto pudiera hacerla desaparecer.
Tocaba mirar “Al norte”, poner rumbo a casa, porque la larga gira por Europa terminaba en Cartagena tras casi tres meses de periplo. Precisamente se felicitaba de su encuentro unos días antes con Juan Luis Guerra y Rubén Blades en Sevilla y aprovechaba para dedicar ese “Porque por ti me voy al Norte y por ti me voy al Sur”, a toda esa gente que se ha encontrado en el camino y sobre todo a la familia que la acompaña en la carretera. Porque Silvana reconoce que le gusta viajar siempre en compañía de los suyos y de lo que representan, los que están y los que ya no están. Es por ello también que para esta gira incorporara “Aguacero de mayo” de Totó La Momposina, un homenaje a una de las mayores embajadoras de la cumbia y los ritmos afrocolombianos y que precisamente falleció en este mes de mayo. Porque todo lo que sucede alrededor de Silvana Estrada cobra un significado o por lo menos invita a ello. Y sí, en esta noche que parecía condenada a esa tragicomedia futbolística que es la tanda de penaltis, “Tenías que ser tú”, tenía que ser ella, la que trajera esa suave lluvia entre tantas reacciones en caliente. Yo te di todo lo que tenía... Se despedían desde el borde del escenario, como siempre a punto de saltar a otro precipicio. El de cada día, el de cada noche.

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