Décimo aniversario con identidad
ConciertosAtlantic Fest

Décimo aniversario con identidad

9 / 10
Daniel Pose — 22-07-2026
Empresa — New Live Promociones Culturales, S.L.
Fecha — 18 julio, 2026
Sala — Playa de Concha / Vilagarcía de Arousa, Vilagarcía de Arousa (Pontevedra)
Fotografía — Manu San Martín

Encontrar un festival que conserve una personalidad tan marcada como Atlantic Fest resulta casi un lujo. Mientras muchos carteles parecen construidos a partir de los mismos nombres, el festival de Vilagarcía de Arousa alcanza su décima edición reivindicando precisamente lo contrario. Una identidad propia que garantiza el tipo de contenido, incluso aunque algunos nombres del cartel resulten, a priori, desconocidos. Puede que esa apuesta no atraiga al público más amplio, pero sí al más curioso y (sobre todo) al que acude con la confianza del que sabe que, más allá de los nombres, la experiencia merecerá la pena.

Los encargados de inaugurar esta edición tan especial fueron Nadadora, en un concierto que también funcionó como celebración de su regreso a los escenarios. La banda demostró que no ha vuelto únicamente para revivir el pasado, sino porque todavía tiene mucho que decir. Después llegó una apuesta que rara vez falla, la de Triángulo de Amor Bizarro, que acumulan tantos escenarios a sus espaldas que sorprendería verlos ofrecer un mal concierto. Contundentes y precisos, volvieron a demostrar que están capacitados para encabezar cualquier jornada festivalera. Las canciones nuevas convivieron con naturalidad junto a las de etapas anteriores, confirmando que el grupo sigue evolucionando sin perder su esencia.

Y si Triángulo representan la consolidación, Carolina Durante atraviesan el mejor momento de su carrera. Y se nota. Pogos, coros constantes y una conexión con el público que convierte cada concierto en una celebración colectiva. Lo interesante fue comprobar que su audiencia ya trasciende lo generacional. Entre los asistentes convivían adolescentes, treintañeros y público de más edad, todos cantando las canciones con idéntica intensidad. Incluso la familia de Diego, llegada desde Madrid, no quiso perderse una cita que es probable que muchos de los presentes tarden en olvidar. El broche de la jornada quedó en manos de Two Door Cinema Club (en la foto principal), quienes respondieron con un concierto elegante, medido y lleno de oficio. Una cita de más de una hora de duración que hizo viajar a buena parte del público a otra etapa de su vida y que culminó con una apoteósica "What You Know".

El sábado prometía ser una prueba de resistencia. Sol, temperaturas exigentes y una programación prácticamente ininterrumpida para aquellos que decidiesen vivir el festival de principio a fin. Con ese escenario, Alonso fue el primero en asumir el reto, presentando uno de los proyectos más personales del cartel. Un concierto delicado, el del ex Napoleón Solo, que alternó canciones ya conocidas con varios adelantos todavía en construcción (tal y como reconoció el propio artista), en todo un ejercicio de valentía y confianza en su propuesta. Una de las grandes virtudes de esta edición fue precisamente la distribución de los horarios. Más allá de cachés o posiciones en el cartel, casi todos los artistas parecían ocupar el momento del día que mejor encajaba con su propuesta. Fue el caso de Nacho Vegas, que desplegó todo su universo con un concierto cargado de emoción, compromiso e intensidad, culminando en un final compartido junto a Abraham Boba que puso el broche a una de las actuaciones más especiales y emotivas de la jornada.

La continuación corrió a cargo de Depresión Sonora. El proyecto liderado por Marcos Crespo firmó una actuación impecable, sostenida por una banda que multiplica la fuerza de unas canciones que ya brillan en estudio. Incluso hubo tiempo para el improvisado baile de uno de los asistentes, dejando uno de los momentos más divertidos y surrealistas del fin de semana. El desparrame tomó fuerza con la salida a escena de los británicos Shame. Puede que su propuesta no reinvente el post-punk, pero tampoco lo necesita. Sobre el escenario todo cobra otra dimensión: energía desbordante, tensión constante y una capacidad casi insultante para arrastrar al público. Si Shame conquistó rápidamente al público, Carlos Ares confirmó que ya juega en casa allá donde actúe. Dos años después de pasar por el escenario secundario del mismo festival, regresó convertido en uno de los grandes nombres del cartel. Su conexión con la gente fue absoluta y, acompañado por una banda que bien podría definirse como Los Vengadores de la música, firmó uno de esos conciertos que justifican por sí mismos una entrada. No quedó canción sin corear ni momento sin bailar, dejando claro que este proyecto parece no tener techo.

Los Planetas ofrecieron, como tantas otras veces, un concierto pensado para quienes conocen perfectamente su universo. Los seguidores lo disfrutaron con devoción; quienes no conectan con su propuesta probablemente encontraron el momento más exigente del fin de semana. Eso sí, tanto unos como otros difícilmente podrán reprocharles una actuación ejecutada con la solvencia y personalidad que llevan décadas demostrando sobre los escenarios. El cierre corrió a cargo de Franz Ferdinand, con quienes no hubo disparidad de opiniones. Los escoceses buscaron la complicidad del público desde el primer minuto, se atrevieron incluso con el gallego y enlazaron un repertorio prácticamente infalible. Otro ejercicio de nostalgia, sí, pero también una demostración de aquellos motivos que los siguen señalando como uno de los grandes nombres del indie europeo, sin el que el paso del tiempo haya apenas desgastado un repertorio que sigue funcionando como el primer día.

Como recompensa para quienes todavía tenían fuerzas (y para aquellos que se aún tenían ganas de más), el festival reservó un pequeño epílogo con los conciertos gratuitos de Aiko el Grupo y Joe Crepúsculo. Dos actuaciones para valientes, tanto por las altas temperaturas como por estar fijados a la hora del vermú. El trío, acompañado en esta ocasión por Elena (Shego) a la batería, volvió a demostrar por qué es una de las bandas más divertidas, cañeras y contundentes del panorama nacional. Joe Crepúsculo, por su parte, hizo exactamente lo que mejor sabe hacer: convertir el recinto en una pista de baile sin renunciar a la calidad de un repertorio que sigue funcionando a la perfección en directo. Más allá de los conciertos, también merece una mención especial el trabajo de Grande Osso, encargados de poner banda sonora a las esperas y a los cambios de escenario durante ambas jornadas principales y responsables de que el festival nunca perdiera el pulso.

Y así, en el que era ya su décimo aniversario, Atlantic Fest dejó claro que tener personalidad y seguir siendo una apuesta ganadora. Sin paliativos. Una experiencia musical en donde ubicación y ambiente suman tanto como el propio cartel, convirtiendo cada edición en un refugio para quienes entienden los festivales como algo más que una sucesión de conciertos. Porque aquí la música sigue siendo lo primero, pero también la compañía, el ambiente y un enclave privilegiado como es la preciosa Praia da Concha.

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