(Puedes consultar las fechas de sus atuaciones al final de esta entrevista)
“Nunca he querido convertirme en el tipo de profesional que compone como si ya lo supiera todo”, comenta al respective de “volver a sentirse como un novato” haciendo este disco. “Tienes que afrontar cada proyecto nuevo como si fueras un niño en una tienda de caramelos. De lo contrario, algo estás haciendo mal”. Para este viaje más allá de las fronteras de su comodidad, Tellier también ha contado con una larga estirpe de colaboradores. Varios productores, coristas, arreglistas, ingenieros, así como nombres de peso como Kid Cudi, Nile Rodgers o Slayyyter. “Este no es simplemente un disco de Sébastien Tellier, sino un disco familiar”, afirma. “Después de tantos años encerrado conmigo mismo, tenía una necesidad profundamente humana de compartir el proceso creativo con otras personas. Podría darte una respuesta almidonada sobre lo mucho que aprendes trabajando con otros artistas, pero en realidad las colaboraciones de este disco parten de un lugar mucho más sencillo, que es mi impulso natural de escapar de la soledad. Gracias a este disco me siento menos solo en el mundo y eso me hace feliz”.
"El verdadero objetivo de este disco terminó siendo ese, permitir al oyente conocer mejor mi personalidad, mis instintos y mi filosofía de vida”
Además, es el primer LP de su carrera que firma en su totalidad junto a su esposa y madre de sus dos hijos, la actriz, cantante y productora Amandine de la Richardière, de quien confiesa seguir “profundamente enamorado” después de veinte años y haber sido determinante para dar forma y fondo a este nuevo trabajo. “Es la luz de mi vida, mi primer y verdadero amor”, tal y como nos recuerda a través de temas como “Un Dimanche en Famille”. “Con el tiempo ha terminado influyendo cada vez más en mis proyectos, hasta el punto de que ya me conoce mejor de lo que yo me conozco a mí mismo. Como ya sabemos, la industria musical puede ser un lugar muy complejo y estresante, por eso, y llegados a este punto en mi carrera, solo me gusta trabajar rodeado de amor y de gente amable, dulce y con buena energía".
Con todo, y aunque hablemos de un disco con ínfulas globales e influencias variopintas, “Kiss The Beast” continúa sonando muy a Sébastien Tellier e indiscutiblemente afrancesado. “Creo que tiene mucho que ver con la cultura con la que los artistas de mi generación crecimos”, comienza reflexionando sobre la impronta nacional en la electrónica francesa. “Ya sabes, Christophe, Jean-Michel Jarre, Cerrone... En mi época teníamos muy pocas emisoras de radio y en casi todas pinchaban lo mismo, así que venimos irremediablemente de ese imaginario común. Después, por supuesto, cada uno desarrolló su propia marca personal, pero lo que mamamos nos dejó huella. Los franceses, además, somos románticos y nostálgicos por naturaleza, así que no podemos evitar terminar mirando al pasado con cierta emoción”.
En el caso del que es su séptimo álbum de estudio, Tellier depura sus referentes para dejar salir dosis de verdad hasta ahora inéditas en unas letras que, si bien son de lo mejor que ha escrito, también fueron fruto de un arduo trabajo. “Emmanuel de Buretel, responsable de Beacuse Music, me dijo algo que nunca olvidaré. Me explicó que quería trabajar conmigo, que le encantaba mi música... pero también me pidió más compromiso con las letras. Debo reconocer que en ese momento mi ego se sintió atropellado, y probablemente para él solo fue una observación más dentro de una conversación cualquiera, pero yo me lo tomé muy en serio e intenté escribir letras que fueran realmente buenas y que hablaran de lo que de verdad sucede dentro de mi cabeza”, generando, con ello, una narrativa tan introspectiva como la que vemos en esa dicotomía entre el "Mouton" (cordero) y el "Loup" (lobo). “Así que el verdadero objetivo de este disco terminó siendo ese, permitir al oyente conocer mejor mi personalidad, mis instintos y mi filosofía de vida”.
Algo que, curiosamente, entronca con su debut, “L'Incroyable Vérité” (01), que este año cumple nada menos que un cuarto de siglo. “En toda mi discografía solo encontrarás dos trabajos en los que he sido yo mismo. “L'Incroyable Vérité” fue el primero y “Kiss the Beast” es ahora el segundo”, sentencia. “En los demás jugaba a interpretar papeles. En “Sexuality” era un seductor, en “Politics” era una especie de mandatario extravagante, en “My God Is Blue” era como el líder de una secta... Siempre había una máscara. Eso no significa que aquellos discos fueran menos válidos, pero todo lo que había alrededor de ellos, como la promoción, la imagen o lo que ocurría sobre el escenario, le pertenecía a un personaje. A día de hoy me arrepiento, pues al final es muchísimo más cómodo ser simplemente uno mismo. No siempre resulta fácil, pero es lo que te acerca al mundo real”.

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