El primer domingo de junio disfrutamos de uno de los mejores espectáculos audiovisuales en esta primera mitad de 2026, sin aglomeraciones y lejos del hype de muchos artistas más jóvenes. Las hermanas Casady, es decir, CocoRosie, pertenecen claramente a otra liga. Las tuvimos en el Kafe Antzokia bilbaíno presentando su "Old TV Show Tour" y demostrando sus años de experiencia sobre las tablas con su increíble directo que mezcla pasado y vanguardia de manera excepcional.
La velada la abrieron Niños Luchando, nada que ver con los también granadinos Niños Mutantes, quienes ya se despidieron hace año y medio en la misma sala. Se trata del proyecto de pop electrónico de Javier Bolívar, quien cantó y disparó bases acompañado de batería y bajista. Después de una intro psicodélica, arrancaron con “Milagro” de su álbum actual "jab/cross". Su indietronica envolvente e hipnótica nos habla de relaciones y de intimidad, creando una propuesta más que interesante sin ocultar su bonito acento andaluz ni su vocación lo-fi. La voz susurrada de Javier— recurso muy utilizado por las nuevas generaciones que coquetean con el trap, el bedroom-pop, el hyperpop o cualquiera de sus variaciones—se perdía desgraciadamente en la mezcla, dando lugar a un sonido más plano que en sus grabaciones. Después del ritmo cercano al breakbeat de “Tus Historias”, se despidieron con el crescendo de “Territorio” consiguiendo que el público empezara a bailar.
Las hermanas CocoRosie, por su parte, ofrecieron un espectáculo sin igual en el que, desde una cuidada economía de medios, consiguieron el silencio y la atención de un respetable y respetuoso público. Con un fondo sobre el que se proyectaban palabras, apareció Sierra en escena y desplegó su voz de soprano en “Crystal Intro”. Acto seguido salió Bianca, quien entonó “Give It To The Wind”, antes de rapear la emotiva “Least I Have You”, toda una celebración de la sororidad.
CocoRosie crean un universo posmoderno propio. Muchos años antes que Lana del Rey, las hermanas Casady ya empezaron a incorporar con gran efectividad bases de hip-hop a su pop barroco. A esto le añaden cacareos de gallo, voces telefónicas y otros elementos de andar por casa para construir una estética tan extraña como íntima que, por momentos, recuerda al imaginario de Eels. El escenario también contribuía a crear dicha atmósfera: ropa tendida, una tabla de planchar que servía de base para sus aparatos electrónicos, el uso de un paraguas y de una escoba como expresión artística cargada de humor contenido.
El actual álbum “Little Death Wishes” está lleno de gemas como “Wait For Me”, en la cual crean un singular patchwork sonoro mezclando sonidos de cinematografía vintage con ritmos electrónicos. La dulzura de esta tonada dio paso a la mala leche rapeada “Nothing But Garbage” del mismo disco, durante la cual los sonidos subgraves nos subían por los pies, creando un agradable hormigueo. Le siguió el que es, sin duda, el hitazo del álbum “Cut Stitch Scar”, muy cercano a la fría teatralidad de la canadiense Austra. Mientras tanto, en el fondo se proyectaba el ruido estático de una televisión analógica, todo un ejercicio de estilo.

Durante la instrumental “Wild” Bianca sorprendió haciendo mímica, como un Bowie después de aprender de la mano de Lindsay Kemp. El espectáculo se alargó hasta las veinte canciones, con uso de beatbox, imágenes caleidoscópicas y preciosas proyecciones en directo de las hermanas que decoraban pero no distraían. “Restless” sonó como Lily Allen jugando a la experimentación mientras que con la ya clásica “Lemonade” nos acercaron a Björk. Durante “Come Find Me”, Sierra sacó a relucir su lado más operístico—hubo momentos en que pensamos que estaba pregrabada su voz. Bianca, por su parte, jugó con una escoba y una linterna durante “Pump Your Lumps” y cerraron con “Werewolf” frente a un público totalmente absorto con lo que había visto.
De lo mejor de lo que va de año, así que ya sabéis: la próxima vez, no os quedéis en casa aunque sea en domingo.
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