Vuelve el único grupo que fue capaz de poner de acuerdo a Autechre y a Ramon Trecet, o lo que es lo mismo, vanguardia vs tribu new age. El muerto vuelve a bailar con ““Anastasis” (Pias, 12) y lo comprobaremos el 22 de octubre en L’Auditori de Barcelona.

Lisa Gerrard se hace entender mediante parábolas con las que sobrevuela las preguntas incómodas. “Anastasis” (el título hace referencia al descenso de Cristo a los infiernos y el disco, en palabras de Lisa, al ciclo de la vida) supone el regreso discográfico de Dead Can Dance dieciséis años después de “Spiritchaser”. Enfrentándose en solitario a la tarea promocional, la entrevista se convierte un constante panegírico sobre la pareja artística que una vez fue sentimental: el huraño, misántropo y genial Brendan Perry. “Me envió unas demos desde su casa en Irlanda a la mía en Australia, y para mí fue como si tras superar una cura de alcoholismo volviera a tomar un vaso de vino. Las rodillas me temblaron y pensé que había estado soñando con ese momento por los últimos quince años, así que debía tener todo el cuidado del mundo para no estropear algo sagrado”.
Los motivos de la separación en 1998 sólo se intuyen cuando afirma que “en el momento en que Brendan sospecha que lo que está haciendo no es suficientemente puro se ve obligado a abandonarlo e incluso puede caer en una profunda depresión”, lo que en cierto modo explicaría que en todo este tiempo y frente a la abundante producción de ella -cinco discos, colaboraciones con Klaus Schulze e infinidad de bandas sonoras- Perry tan sólo haya sido capaz de completar dos discos: “Eye Of The Hunter” (99) y el reciente “Ark” (2010).
Tras la fugaz gira de 2005, esta nueva reunión desemboca en otra gira mundial para presentar un álbum que nos retrotrae a los tiempos de “The Serpent’s Egg” y que, sorprendentemente, no llega de la mano de 4AD. “Cuando invitas a alguien a casa te gustaría tenerlo todo limpio, pero hay ocasiones en que apenas dispones de diez minutos para fregar el suelo. Con calma tal vez las cosas se habrían hecho de otra manera, pero esta vez no queríamos o podíamos disponer de más tiempo para sentarnos a leer y analizar las cláusulas de un contrato. Diez minutos nunca vuelven”.