En el nuevo disco de los catalanes Serpent, “Absolutisme Zen”, hay mucha crítica social y bastante descontento acumulado. El cuarteto regresa más “viejo y enfadado”, como reza el título del primer adelanto, y con ganas de canalizar toda su rabia y frustración. ¿Su trabajo más combativo? “No lo llamaría disco combativo, aunque crear por crear y no para llenar un hueco del mercado es lo más combativo que se puede hacer hoy en día”, responde Sergi Beltrán, cantante y guitarra de la banda que criticó con dureza la música institucionalizada y subvencionada en “Mort al rock català” (24), un sencillo que quedó fuera de este nuevo largo.
Serpent se expresan en catalán porque es su lengua materna, nunca para formar parte de algo, tampoco como valor añadido y mucho menos como estrategia comercial. Para ellos, solo importa lo que dicen, no el idioma. “El ecosistema de la música en catalán siempre me ha aborrecido muchísimo”, cuenta Sergi. “Raramente he encontrado algún grupo interesante que no esté abonado al chiringuito de la fiesta mayor y sus agentes de zona, o a las cuatro empresas de los festivales que celebran ‘la cultura catalana’ con los mismos grupos cada año. Nuestro punk no es ni festivo ni gratuito”, concluye.
“Muchos de nosotros tenemos los suficientes veranos como para asegurar que hemos visto una alternativa real funcionando de forma bastante efectiva totalmente al margen de la industria"
Algo de esa crítica a la cultura politizada o mediatizada está presente en “Absolutisme Zen”, una nueva colección de canciones con el característico armazón post-hardcore de estos alumnos aventajados de Drive Like Jehu y Hot Snakes. Líricamente, sin ser conceptual, el álbum retrata con acidez una sociedad anestesiada y manipulada, sin paños calientes ni recetas mágicas. Contiene historias sobre toxicidad social y manipulación (“Mai ningú enlloc”, Esbarzer”, “Diners i abdominal”), resiliencia emocional (“El día que vaig parlar de sentiments”), ciudades gentrificadas (“Hem buidat la sala”, “Swing del dolor”) y xenofobia ultra (“Himne nacional”).
Para los autores de “Luna Roja”, escogido mejor disco de hardcore punk nacional de 2019 según esta revista, los tentáculos de ese absolutismo paralizante alcanzan prácticamente todos los ámbitos de la vida, incluyendo escenas musicales que presumían de moverse en los márgenes. “Muchos de nosotros tenemos los suficientes veranos como para asegurar que hemos visto una alternativa real funcionando de forma bastante efectiva totalmente al margen de la industria. Es algo que dependía bastante de un esfuerzo colectivo que ahora es muy débil. Ya no veo ese tejido mágico de gente ofreciendo colchones y cocinando garbanzos para grupos de crust checos”, lamenta el cantante y letrista de una banda formada por miembros y exmiembros de otras formaciones contestatarias como Col·lapse, The Gundown, Bloque, Cinder y The Anti-Patiks.
El batería de la banda, Èric Altimis, pone un ejemplo de ese absolutismo zen: “Que la industria te cuele la sardana de The Tyets, mientras maravillas como el proyecto de Za! y La Transmegacobla y Tarta Relena queden en una especie de casi anonimato; o que algún visionario consiga que suene el ‘lololololo’ de Los Búhos después de cada gol del Barça”. Para el bajista, Marc Escribano, todo se resume en “una hegemonía y omnipresencia de los de siempre, y una resignación y pasividad de una gran mayoría acrítica”.
Aunque este disco auspiciado por el sello decano BCore Disc no pretende ofrecer respuestas ni manuales de supervivencia, el cuarteto no tiene problemas en apuntar algunas soluciones si se les pregunta. En el ámbito cultural, su guitarra, Fran Sales, propone gravar a los culpables de la desnutrición musical actual. “Las grandes plataformas de consumo musical no son neutras: moldean el gusto y convierten la música en un producto rápido y desechable, como una hamburguesa de McDonald’s”. La recaudación, añade, podría destinarse a salas de conciertos y sellos independientes. “¿Estamos a tiempo? No creo. Pero está claro que, sin una buena educación cultural, el absolutismo no va a caer”, añade.
El cuarteto, con todo, no renuncia del todo a la esperanza. Como apunta Sergi, “nadie pensaba que el feudalismo iba a acabar, era un sistema que lo tenía todo atado y bien atado. Ahora es lo mismo, simplemente tiene que pasar esta época oscura en que vales los ‘likes’ que tienes. Volver a lo analógico, al contacto humano y a las calles”. Hablando de feudalismo, la banda capitaneada por su hermano Adrià, Crim, publicaron el año pasado otro fantástico retrato de nuestro presente distópico titulado “Futur medieval” (BCore, 25). “Ninguno de los dos hemos abandonado nuestra línea temporal, así que vivimos en el mismo mundo y sentimos la necesidad de hablar de esto”.

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