Tras cuatro años de descanso de Klaxons, volvemos a tener polémica con “Love Frequency”, un álbum en el que potencian su vertiente de pop electrónico para amasar un sonido que remite a un homenaje a los 80 y a los 90. Producen Tom Rowlands (Chemical Brothers) y Erol Alkan para subrayar los ritmos del tercer álbum del grupo, en el que en vez de apostar por los cruces de estilos que llamaron la atención cuando estaban en la picota, los presentan como unos chicos un poco más correctos de lo que cabría esperar.

Muchos conciertos en España de pronto, ¿por qué?

James Righton (teclado, voz): No tengo ni idea, pero me encanta que toquemos mucho aquí. Hace poco consultábamos el plan de la gira y nos encontramos con que teníamos Madrid, Barcelona, Málaga, y Palma, todos en septiembre. Es la vez que más hemos tocado en España, porque solo habíamos hecho Razzmatazz en Barcelona, Madrid y algunos festivales. Siempre hemos venido para festivales como Benicàssim, y siempre hemos tratado de venir lo máximo posible porque se nota el amor que hay aquí por la música del Reino Unido, no sé, puede que sea un cierto romanticismo sobre aquella manera de hacer música, pero sí, es cierto que en nueve años que llevamos como grupo nunca habíamos estado tanto tiempo aquí. Tocamos en Benicàssim este verano por tercera vez, y esta vez fue un bolo muy especial para nosotros. Tocamos como a las once de la noche, éramos la tercera banda en el tercer escenario y no sabíamos lo que esperar cuando salimos y nos encontramos con que estaba lleno. Estuvieron con nosotros durante todo el concierto. Piensa que cuando tocas, la gente lleva un ritmo que puedes sentir, y si lo pierdes, tienes que recuperarlo, pero cuando tocamos en Benicàssim, estuvieron toda la hora arriba, no decayó en ningún momento. Salimos del escenario con un gran subidón. Fue uno de los mejores bolos que hemos hecho.

Aunque hubiera una gran parte del público de tu país…

JR: Sí, lo sé, y creo que es una pena, porque ya había ido al festival hace como diez años como fan, y era un festival distinto, muy español. Estábamos en minoría entonces.

¿Qué le puede interesar musicalmente a un grupo de fuera de España de nuestro país aparte de los buenos cachés que se pagan?

JR: Es una tontería pensar que España no sea un país interesante musicalmente, vosotros creasteis el flamenco, y sin flamenco no habría “Paranoid Android”. He vivido aquí y sé que es un país culturalmente muy rico. No hay muchos grupos de rock y pop alternativo que penetren en la cultura inglesa, pero eso no significa que no sea un país rico con una escena musical interesante. Creo que si se ha planteado alguna vez esto es por la ignorancia de la gente acerca de lo que pasa.

He visto que se publicó la noticia de que ibais a girar con equipamiento imprimido en 3D, ¿es una broma?

JR: Era una broma que se va haciendo cada vez más real. Al principio, cuando lo anunciamos, pensamos que era una tomadura de pelo que molaba de verdad, pero entonces empezaron a aparecer empresas diciéndonos que lo podían hacer de verdad, y lo vamos a utilizar en un concierto en el que de verdad vamos a usar aparatos hechos por impresoras. Como suele ocurrir con este grupo, la locura y el mito se han vuelto verdad.

Mondo Sonoro lo publicó como una noticia.

JR: Lo sé y es muy gracioso. Es lo que nos pasa siempre, era un chiste pero ahora está pasando. Es como cuando la gente tiene un sueño o algún tipo de idea pero para realizarlo hay que derribar algún muro, y entonces sabes que es irrealizable, pero al final se hace posible.

Vuestro sonido no ha cambiado por completo en vuestro último álbum, sino que habéis decidido resaltar una parte de lo que hacéis, ¿cómo fue ese cambio de punto de vista, fue algo consciente u os encontrasteis con ello?

JR: Fue consciente. Después del último disco nos sentamos a pensar en lo que habíamos hecho. Ahora escucho “Surfing The Void” otra vez de vez en cuando porque no lo había oído en mucho tiempo y me encanta. Es un disco heavy, es un disco de rock, muy raro y nada tradicional en términos de discos del rock de Led Zeppelin, pero es un disco basado en la guitarra, después de lo cual, quisimos trabajar en las partes del sonido del grupo que no son rock. No queríamos eso porque ya lo habíamos hecho, y sin embargo queríamos volver al trabajo de producción en el que habíamos profundizado en el primer disco, que no trataba de un grupo tocando en un local en directo realmente, pero queríamos crear música que funcionase en directo para levantar a alguna gente y que fuera una nueva versión de nosotros, pero aprovechando lo que hacemos bien. Queríamos estar seguros de no perder el toque de la banda, que lo oyeras y que pensaras que son los Klaxons. Creo que hemos aprendido a diferenciar lo que es nuestro sonido con armonías vocales, una guitarra que no suena como una guitarra tradicional, y unos ritmos electrónicos con los que nos hemos puesto a trabajar. Para esos ritmos hemos tenido todo el rato a los Chemical Brothers, a Erol Alkan y a gente del mundo del dance para hacer que los ritmos crecieran fuertes y que fueran más duros de lo que habían sido antes en nuestros discos, lo que es una marcianada, porque nuestro anterior disco ya era heavy, y podía hacer pensar que no haríamos nada más duro, pero aquí hay golpes, bajos, y baterías que te hacen sentir que hay algo con más sustancia. Fue una decisión consciente. Cuando nos reunimos para ver qué hacíamos, hablamos sobre un montón de géneros. Somos un grupo de baile que usa guitarras y que de alguna manera, siempre hace un crossover que empalma estilos distintos hasta que conseguimos encontrar algo grande. Sobre todo queríamos potenciar el pop y el lado bailable del grupo pero estando seguros de que aún manteníamos una cierta dureza.

Exacto, siempre ha parecido que quisierais ir un poco más allá y explorar territorios que fueran más o menos extraños, pero este disco parece un homenaje al pop sintético de los 80 y a la música de baile de los 90, ¿por qué ese cambio de foco?

JR: Supongo que hay algo de eso, a nosotros nos gusta mucho. Me encantan New Order, Depeche Mode, o The Cure. Me encantan los 80. Nací en 1983. Todos nacimos en esa época y tenemos unos gustos comunes, pero no hemos querido hacer un disco lleno de referencias. A hora de hacer cualquiera de nuestros discos, no hemos querido hacer algo que sonara como nada de lo que se hubiera hecho antes. Queremos ir más adelante como músicos y que la música vaya un poco más allá. Sé que es una exageración, pero siempre nos lo planteamos porque no queremos hacer un disco que se asiente en la nostalgia o en algo que sea retro. Queremos hacer música del futuro, y a veces nos sale más que en otras ocasiones, pero en general queremos hacer algo que la gente al escucharlo diga que es interesante, excitante, que no lo haya oído antes, y que suena a Klaxons. A veces nos cuesta una barbaridad, porque no queremos hacer música simplemente por hacerla.


Me has contado lo que queríais hacer, pero me interesa también saber qué sentisteis cuando escuchasteis el resultado, no en términos de si es bueno o malo, sino si habíais conseguido lo que buscabais o si el resultado terminó siendo diferente.

JR: Queríamos que siguiera teniendo la unidad de un álbum. Trabajamos con gente con la que nunca lo habíamos hecho, así que lo que teníamos en la cabeza era esperar que el conjunto tuviera sentido y que no chirriara. En ese momento estaban trabajando en el máster Tom (Rowlands) y Erol (Alkan), que nunca habían estado juntos antes en el estudio. Se conocían de sobra pero no habían trabajado antes, quiero decir, que aunque estuvieran a un millón de millas de distancia, manejan un mundo común y saben cómo conseguir los sonidos y las texturas que les gustan. The Chemical Brothers llevan muchos años haciendo música de baile psicodélica y pop de la que nos queríamos empapar, pero sobre todo necesitábamos que el resultado tuviera sentido, por lo que quisiera decir que sí, lo conseguimos. Creo que se mantiene como un trabajo sólido de un grupo que quería hacer un disco fuerte. Siempre alienaremos a los que quieren que sonemos como al principio, pero siempre ganaremos a gente que no nos hubiera escuchado antes, y a otros que se den cuenta de que es nuevo, pero que les gustan los Klaxons precisamente por eso.

Habéis querido dejar claro que no se utilizaron drogas en el proceso de producción de este disco, ¿por qué os ha resultado importante resaltarlo?

JR: No sé quién lo dijo, creo que yo no, puede que lo dijera Jamie, porque hay una cierta asociación con nuestro grupo. La gente piensa en nosotros como parte de la vida nocturna, como si siempre estuviéramos de fiesta, que es algo que seguimos haciendo, pero no siempre. Todavía nos gusta divertirnos, pero nos hemos dado cuenta de que no hace falta andar de subidón todas las noches. Cuando empezamos, nuestra gasolina eran la juventud, las sustancias y la excitación que proporcionaba todo ello. Cuando empezamos, a los tres meses, todo el mundo quería un pedazo de nosotros, todos los sellos nos deseaban, todos los managers nos llamaban, y era como montar una ola. Durante los primeros dos años estuvimos montando encima de una ola. Les pasa a algunos grupos cuando empiezan, como a los Arctic Monkeys o los Libertines, y cuando sientes que eso ocurre, tienes que tener mucho cuidado de seguir teniendo el control sobre lo que pasa, y seguir escribiendo música. Es una oleada completa de locura, excitación y pasión. Cuando sientes que estas cosas se juntan, te das cuenta de que viene la ola y tienes que montarla sea como sea y seguir encima como puedas. Parte de ello es la inexperiencia juvenil de querer probarlo todo, y nos lo metimos todo, pero en este disco ha sido diferente porque hemos tratado de hacer música que resulte excitante pero sin asociarla necesariamente con esas cosas. No necesitas drogas para hacer música que consiga que la gente baile. Aunque sepas que estaban aquí los Chemical Brothers… Piensa que Tom es un cuarentón, padre de familia que vive en el campo y que a veces parece un pastor. Todo es un poco diferente ahora.

Hace pocos meses entrevisté muy cerca de aquí a We Have Band, y les preguntaba sobre sus letras hedonistas. Ellos llevaban dos años de gira sin parar, y al final me vinieron a decir que hablaban del mundo de la noche en sus canciones porque es lo único que estaban viviendo entonces. Vuestras canciones también hablan del mundo de la noche, pero lleváis cuatro años sin hacer disco. Es otra situación, y aunque sé que la música de baile suele hablar sobre el momento en el que estás disfrutándola, también creo que se pueden decir más cosas en una letra que puedan provocar ese baile.
JR: Forma parte de la naturaleza de lo que es estar en un grupo. Escribes música al mismo tiempo que estás haciendo otras cosas, y si tienes suerte, ese procedimiento te durará un par de años, aunque puedo entender que se transforme en un circo ambulante en el que haces y ves cosas que después puede que no resulten tan relevantes como cuando estás fuera. Personalmente le debo mucho al hecho de que me encanta tocar en directo aunque algunas canciones se vayan haciendo viejas, como “Golden Skans”, que la seguimos tocando nueve años después. Nunca la quitaremos de nuestro repertorio. Por mucho que me preguntes si estamos cansados de tocarla o si aún significa algo para nosotros, la verdad es que la gente la disfruta. El público la demanda y les encanta. Hacer lo contrario sería cabrear a la gente. Por ejemplo, cuando voy a ver conciertos de mis grupos favoritos, y no tocan su gran canción, no me gusta. Me encanta el proceso de tocar en directo porque las cosas son distintas cada noche.

Eso me recuerda aquella anécdota de cuando Paul McCartney tocaba “Yesterday” con The Beatles y contaba que mientras tanto se dedicaba a pensar en la lista de la compra que tenía que hacer al día siguiente.

JR: Bueno, yo sonrío cuando la toco, no pienso en si tengo que ir al súper porque aún encuentro que es tremendamente surrealista, y lo veo desde un punto de vista muy humilde. Vaya, ¿toda esta gente está aquí para vernos a nosotros? ¡Alucinante! Y encima ves que se cantan las canciones… Siempre trato de ver la perspectiva de un fan, que es lo que soy. Soy un gran fan de la música en general, y un grupo puede significar mucho para algunas personas, y para mí también, porque pueden hacer que revivan algunos recuerdos, o que viajes a algunos sitios. Significan tanto como pueda hacerlo la banda sonora de tu vida. No es que quiera sonar hippie, pero significan mucho porque te pueden transportar, y en el mundo hay muy pocas cosas que puedan conseguir ese efecto.

Has pronunciado una palabra que puede ser peligrosa o buena, que es hippie. Y he leído los títulos de vuestras canciones…

JR: Realmente soy un hippie.

Vale, esa es la respuesta. Leyendo los títulos de las canciones de vuestro último disco, se puede llegar a dos conclusiones, o hacéis un homenaje a Mánchester, o sois unos hippies.

JR: ¡Sí! Desde que estoy en el grupo me interesa lo esotérico, lo extraño y extraordinario y cosas que no estén muy claras. En ese sentido, nuestras canciones no son personales. Bueno, puede que en este último disco, las canciones sean más personales que en los otros, pero es porque nos interesan toda clase de cosas como las referencias que encontramos en los libros a lo largo de los años. Como banda y como individuos, somos grandes lectores. Es algo que Tom Rowlands no podía creerse cuando nos vio en el estudio, porque andábamos leyendo todo el rato libros muy distintos. Es una de las razones por las que este disco le ha resultado distinto a la hora de hacerlo que otros en los que ha trabajado. Nos interesan muchas cosas, no sé si por eso nos puedes llamar hippies, pero seguramente creemos en el amor, la paz y todas esas cosas. No somos capitalistas cabreados sino que participamos de una vida espiritual y creo en cosas. No creo que se trate de religión, pero pensamos en el cosmos y esas cosas. Creo en algo mágico, pero porque creo que hay una magia rara en lo que hacemos. En general, crear la música que creamos es magia, porque hay una química que no puedes definir, no puedes saber por qué funciona. Si los tres nos metiéramos en una habitación, saldría algo que no tendríamos si solo fuéramos dos. Hay química, y eso mismo es percibido como mágico.

Pero esta vez estabais los tres y unos cuantos amigos que son muy grandes- Si dices que teníais facilidad para que la gente trabajara con vosotros, ¿con qué criterio habéis elegido a estos en concreto?

JR: Tienes razón, hemos tenido suerte porque a todo aquel que le preguntábamos, nos decía que sí, pero vamos a ver, hay razones para ello. Sobre Tom Rowlands, Jamie y yo fuimos invitados a un concierto de Chemical Brothers una noche, creo que hace ya seis años. Les enviamos unas pistas antes, y nos vimos con Tom para crear un tema sobre la marcha. Lo importante es que es gente con la que nos llevamos bien, pero además es que nos resulta muy fácil hacer música con ellos. Los volvimos a ver después en medio de una gira o en algún festival, y sobre todo nos gustó que fueran gente honesta. Después estuvimos sin vernos como unos dos años hasta que nos lo recordó nuestro editor, con el que estábamos hablando de las ideas que teníamos para el disco, y el primer nombre que nos dijo es el de Tom, y claro, nos encantó. The Chemical Brothers y Daft Punk son probablemente las influencias más importantes que tenemos en común en el grupo. Para mí, decir Kraftwerk, Chemical Brothers o Daft Punk es nombrar a los grupos más importantes de música de baile. Cuando oí “Block Rockin’ Beats” mientras que andaba con grupos de guitarras como Nirvana, Oasis o cosas así, fue un golpe. De pronto pensé que tal vez me gustaba la música de baile. Este grupo fue la puerta de entrada para mucha gente, y desde ahí se podían explorar todos los géneros que hubiera para llegar a descubrir cosas como Ritchie Hawtin, Aphex Twin o cosas así. Era un grupo así de importante. Por eso, cuando se planteó el nombre de Tom, los tres lo adorábamos. Nos encantan los géneros de música que practica, y creímos que encajaría con lo que hacemos, además está bien que sea inglés, porque hicimos nuestro último disco en Los Ángeles, y nos parecía importante grabar en Inglaterra otra vez con productores ingleses. Nos reunimos con él, le pusimos algunas maquetas, le organizamos una sesión para que viera por dónde íbamos, y algo hizo click. En los dos días que nos pasamos juntos, hicimos “New Reality” y nos dimos cuenta de que aquello eran Klaxons-versión-tres en el futuro. Fue estupendo. Es una colaboración molona que nos encanta. Eso es lo que pasó con Tom. Con Erol Alkan lo que ocurrió es que fuimos a su club para bailar y estuvimos toda la noche como maniacos con los chavales que había por allí. Erol había sido de los primeros en poner “Gravity’s Rainbow” en un club. Ten en cuenta que es uno de los tíos que sabe hacer mejor las cosas para levantar a la gente en el club, y cuando lo que escuchas es tu disco, que está hecho como la semana pasada, y el tío lo pone, y a la gente le encanta… ¡esto es rock’n’roll, esto es vivir un sueño! Nos pusimos a gritar y a abrazarlo, y desde entonces, Erol ha sido un buen amigo del grupo.

¿Cuál fue su tarea en el disco?

JR: Era un proceso abierto en el que nos reuníamos con él para enseñarle las maquetas y cómo tomando forma poco a poco. Hablábamos de melodías, acordes, música… Cuando le llevábamos cosas, él empezaba con el trabajo de producción, y a construir la canción, jugando con sonidos, con estilos y adornos… Experimentábamos juntos y trabajábamos en el estudio de Tom, que es alucinante. Juntábamos ideas y veíamos lo que funcionaba, pero contando con el gusto increíble de Tom y Erol, que nos planteaban ideas y nosotros reaccionábamos inmediatamente diciendo que podíamos escribir una canción con lo que nos decían, y con eso creamos un álbum de Klaxons, incluyendo samples, una herramienta que nunca habíamos utilizado. Tom tiene montañas de sonidos archivados con los que podíamos hacer música muy molona con elementos que nunca has oído, y que han estado guardados durante años. Tiene ediciones limitadas de vinilos de cualquier parte del mundo. Ahí encontramos el sample de “Children Of The Sun”, que nos pareció brillante, porque nunca habíamos usado elementos así.

Tenemos que terminar, que nos echan. Una última cuestión, el disco está recibiendo unas críticas realmente malas…

JR: Siempre habrá de eso. A nuestro primer álbum se le dio una estrella de cinco en The Guardian, y sin embargo, creo que construyó al grupo. Prefiero que seamos amados y odiados con la misma intensidad, antes que ser simplemente unos más. Es la manera adecuada de conseguir más fans, porque así llegaremos a más gente. Creo que es la manera en la que existe el buen arte. Es controvertido. Da igual que sea teatro u otra disciplina, pero es mejor que provoque extremos. Todo lo que amo provoca una reacción como esta. En cualquier caso, espera a que esa gente que nos odia ahora nos escuche en unos años.