Mumford & Sons se han convertido en uno de los grupos de folk pop más populares de la actualidad. Ahora publican nuevo trabajo, “Delta” (Universal, 18), un trabajo que entra tan fácilmente como los anteriores y en el que han experimentado sin abandonar su estilo habitual. Lo presentarán en el Palau Sant Jordi de Barcelona el 27 de abril.

“En esta vida tengo muchísimas otras preocupaciones que pensar en cómo la gente nos etiqueta”.  

“Buenas tardes, ¿cómo estás? Espero que no haya más preguntas, porque esto es todo lo que sé decir en castellano” confiesa Winston Marshall, guitarrista de Mumford & Sons . Todavía quedan muchas preguntas, sobre todo teniendo en cuenta que los británicos son uno de los grupos más controvertidos de los últimos años. Cada single, disco o actuación levanta apasionados debates y los titulares de las revistas son, cuando menos, jugosos. Tras un hiato, seguido por la publicación de “Wilder Mind”, llega su cuarto trabajo de estudio, “Delta”, que ha contado con Paul Epworth (The Horrors, Florence + The Machine, U2) a los mandos de la producción. Catorce canciones en las que, según la banda, han experimentado más, tanto a nivel de grabación como de interpretación, incluso han intercambiado instrumentos entre ellos, dejando por fin que Winston cambie el banjo por la batería. “¡Estoy tan contento!”, asegura el músico, “por el tipo de disco que es, había mucho movimiento y rotación de instrumentos. En Picture You toqué yo la batería y cuando lo estábamos editando no dije nada por miedo a que se dieran cuenta y la quitaran. Pero es lo mejor que le ha pasado a la banda”, afirma el guitarrista entre risas. Lo mismo pasó en “Slip Away”, donde Marcus Mumford tocó el harpa y pese a que inicialmente fue un “no rotundo”, al final apareció en la versión final. “En el estudio éramos libres, sin normas y ya antes de grabar queríamos usar todo tipo de instrumentos; recuperando algunos también de nuestros inicios. Pero el reto estaba en hacerlos sonar totalmente diferentes”. Pero entonces, ¿por qué se considera a la banda como un grupo que va “sobre seguro”? “En esta vida tengo muchísimas otras preocupaciones que pensar en cómo la gente nos etiqueta. Llámanos lo que quieras, porque eso significa que a la gente le importas. De hecho, en una manera un tanto extraña, es casi como un halago”, dice el guitarrista.

Quizá buena parte de sus críticas estén enraizadas en el éxito masivo de su debut, en su reivindicación sonora y metafísica de la América folk profunda -pese a ser de Londres- o en precisamente todo lo contrario, en cuanto dejaron atrás el banjo y los graneros para abrazar el rock de estadio de “Wilder Mind”. “Creo que Inglaterra es cínica, pero sobre todo una parte de la prensa musical y ciertos sectores de la población”, asegura Marshall. Cuando es preguntado sobre ciertos temas o el siempre omnipresente banjo y declaraciones pasadas suyas como “fuck the banjo”, el guitarrista prefiere no adentrarse en arenas movidas. “Tú eres la periodista. Nosotros hacemos lo que hacemos, así que quizá tengas una respuesta más válida que la mía”.

Pero volvamos al disco. “Delta” es menos orgánico, aunque ahí están temas como “Guiding Light” y “Wild Heart”; y en general tira de bases más cercanas al R&B (“Woman”, “Picture You”) que al folk. Un cuarto esfuerzo en el que abundan los medios tiempos y las baladas como “If I Say” o “Forever”, y repiten la fórmula de crescendos vitalistas que se apoyan demasiado en el efecto gospel y en la voz de Marcus Mumford, como “42” o “Beloved”, que podría estar firmada por U2. “Sí, somos muy fans de los crescendos”, reafirma Marshall. Quizá el concepto que se esconde tras “Delta” sea el de hacerse mayor, pese a ser un cliché. Escuchadas con atención, las letras orbitan entre cartas de despedida, cierto resentimiento, amor, dependencia y todo con un punto de melodrama cinematográfico. “Me encanta escuchar eso”, contesta el guitarrista y añade: “Lo mejor de las letras es la capacidad que cada uno tiene de interpretarlas”. Aunque los rumores sugerían que el disco recogía momentos claves en sus vidas, como la arriesgada operación cerebral del bajista Ted Dwane, el nacimiento del segundo bebé del líder del grupo o la boda del propio Marshall. “Si hay un concepto, sería el de escribir de manera autobiográfica. Somos más mayores, tenemos más responsabilidades que nunca. Cuando empezamos éramos unos críos y aún nos lo seguimos pasando en grande, pero ahora contamos con más gente en nuestras vidas y eso se traduce en bodas, nacimientos, divorcios… Algunas cosas cuesta más decirlas en la vida real, así que escribes sobre ellas, porque te importan más”, asegura Marshall.

En el momento de escribir esta entrevista, Mumford & Sons acaban de cancelar cuatro fechas de su mastodóntica gira debido a “problemas técnicos”, ya que se trata del tour “más ambicioso y requiere de tiempo para poder llevar a cabo la exigente producción”. Una decisión que tiene sentido si tenemos en cuenta la dedicación de los londinenses a la hora de girar. Es precisamente su tour strategy donde yace parte de su éxito. Su opción siempre ha sido patearse ciudades y países de manera incansable, aumentando con cada actuación una legión de fans leales. Tras el éxito de “Sigh No More” y alcanzado cierto estatus, Mumford & Sons podrían haber sido más selectivos con sus fechas, pero siguieron picando piedra en todos esos rincones en los que otras bandas no pondrían un pie. “Cuando vamos a un lugar nuevo, nos hacemos la promesa de volver y así mantener esa relación con la gente. Hemos estado en sitios en los cuales la mayoría de los grupos no tocan. El año pasado fuimos a Sudáfrica, así que en la gira de Delta tenemos que hacer sitio para añadir fechas ahí, lo que hace que las giras se vuelvan más y más grandes”, relata el músico. Los días de salas pequeñas hace tiempo que quedaron atrás y fueron reemplazadas por estadios y pantallas gigantes; una evolución que se hace palpable en su discografía también. “Cuando dimos el salto de salas a estadios fue una gran batalla, porque no queríamos perder esa intimidad que se genera con los fans. Pero por suerte tenemos un equipo fantástico que ha conseguido recrear esa sensación”, confiesa Marshall.

En 2010, Marcus Mumford se fumaba un cigarrillo a las puertas del local de San Francisco en el que tocaban esa noche y en un momento de epifanía tuvo claro que podrían hacer eso –vivir de la música¬– el resto de sus vidas, algo excitante y aterrador. Una década después de su debut, aquí siguen. “Nos sentimos con más fuerza que nunca y emocionados con el tour que nos espera estos próximos dos años. No somos de pensar mucho en el futuro y puede que oigas cierta nostalgia en el disco. Aunque si tenemos que mirar hacia delante siempre lo hacemos movidos por la misma idea: queremos ser una banda duradera y tomamos decisiones para lograrlo”, sentencia.