Cuando el nombre de Le Parody se puso sobre la mesa para ocupar la portada del número de mayo de nuestra revista, en Redacción surgieron dudas por un instante. Sole no es ni mucho menos una recién llegada: en febrero de 2013 actuó ya en una de nuestras Fiestas Demoscópicas como uno de los grandes valores de futuro del pop de aquí, y discos como Cásala (Autoeditado, 14) y Hondo (Warner, 15) recibieron en su momento el aplauso unánime de la crítica –Hondo fue el undécimo disco nacional de aquel año para Mondo Sonoro-. Pero es posible que hoy por hoy muchos de nuestros lectores no hayan escuchado todavía su música o asistido a uno de sus conciertos. Las razones para ello son múltiples, pero en ningún caso tienen que ver con la inaccesibilidad de su música, tal y como demuestra en Porvenir (Autoeditado, 19) su tercer largo. Hablamos de todo ello con Sole en esta larga conversación que tuvo lugar unas semanas antes de la publicación del disco.


Empecemos hablando de Hondo y de la experiencia discográfica que supuso. Aquel disco se publicó internacionalmente por New Hispanik y Ponk y en España como una licencia de Warner. Pero ya en aquel mismo momento escribiste una entrada en tu blog en la que no parecías muy segura de cómo iba a ir la aventura…
La opción de licenciarlo con Warner llegó a través de alguien a quien le gustaba mucho lo que yo hacía y pensamos que podría estar bien. Pero al mismo tiempo siempre he sido muy escéptica con las multinacionales, porque creo que no son muy útiles para los que hacemos cosas que se salen de los canales comerciales, de lo que vende. Hay gente que piensa que aunque no va a ser muy útil a nivel económico al menos tener un sello grande detrás les va a dar un estatus…

¿Qué buscabas tú cuando firmaste el acuerdo de licencia?
Como no conocía del todo qué era lo que me iba a encontrar me lo tomé un poco como una prueba, pero nunca creí que eso iba darle un giro a mi carrera. De hecho con Warner lo que hice fue minimizar daños e intentar no atarme: firmé un contrato de licencia, por sólo un disco, sólo en España y por tiempo limitado. Es cierto lo que dices de que llegué un poco a la defensiva, porque había escuchado muchas historias y es que además… son verdades. Y la experiencia creo que fue tal y como me esperaba: no apoyaron el disco a efectos prácticos pero tener el nombre de Warner detrás funcionó en según qué casos para captar la atención y abrir alguna puerta. En cualquier caso ahora que vuelvo a la autoedición lo hago con muchísimo más conocimiento de cómo funcionan las cosas.

¿Y cuál es el planteamiento discográfico que haces con Porvenir?
Es muy sencillo. A mí lo que me interesa es seguir teniendo bolos, que es de lo que vivo y con la agencia de contratación con la que curro desde hace un montón, Born, me va muy bien. Pero fuera de eso ni me he planteado estar con una discográfica o una editorial. Con la editorial tuve una experiencia malísima con el primer disco, y eso me sirvió para darme cuenta de que eso que te dicen de “esto es lo que hay que hacer” es falso. Así que ahora me he montado mi equipo, con una distribuidora que es Gran Sol, una pequeña oficina de prensa y los bookers. De la editorial algo me va llegando gestionándolo directamente yo. Eso es todo lo que necesito. Son todo gente en la que confío muchísimo y que están muy implicados de forma muy realista.

¿En qué formatos se publicará Porvenir?
En mayo saldrá el digital y unas semanas más tarde el vinilo. Y también habrá un libro que incluirá descarga y en el que aparecerán las letras y otras historias. Porque las letras están sacadas de canciones populares, así que el libro incorporará citas de esos textos y estará todo un poco ampliado.

Tengo aquí una cita tuya de cuando arrancaba la promo de Hondo en la que decías: “No creo que las buenas críticas o la atención que reciba este disco me afecten nunca al nivel de que me paren por la calle”. Te quería preguntar, ahora que han pasado unos años, ¿al final alguien te ha reconocido y te ha llegado a parar por la calle?
(Risas) No, creo que por la calle no. Igual en un círculo de gente más afín, en un concierto o algo así… Pero sigo estando a salvo de las masas, jajaja.

Bromas al margen… ¿qué balance haces de lo que significó Hondo?
Para mí fue un punto de inflexión en mi vida. A nivel personal venía de pasar un periodo bastante convulso y me marché al campo yo sola en mitad de la campiña de Jaen porque ya no podía más. Allí me dediqué a hacer el disco de una forma un poco kamikaze, porque hacer música era lo único que me sujetaba en ese momento al sentido de la vida. Hacerlo fue catárquico, y publicarlo supuso una apuesta total por la música como forma de sustento. Y muy poco a poco, sin pegar ningún pelotazo, pero lo he ido consiguiendo a raíz de ese disco. A lo mejor no exclusivamente de tocar o de los royalties, pero sí con cuestiones relacionadas como dar talleres y cosas así.

De hecho te quería preguntar por un disco que colgaste en bandcamp el año pasado, Cancionero, y que está relacionado con tu experiencia en unos talleres con niños…
Fue una experiencia maravillosa y totalmente inesperada. Hace un par de años estaba empezando a probar cosas para el disco nuevo y en un concierto conocí a un profesor al que le gustaba mi música y me propuso formar parte de un proyecto que consistía en meter a un artista en una escuela pública. Yo pensaba que iba a poder compatibilizarlo con el disco, pero me metí tan de lleno en la historia que me pasé un año entero centrada sólo en eso. La experiencia en el Emilia Pardo Bazán fue increíble, en primer lugar por lo que te comentaba antes de que entendí que vivir de la música no es necesariamente hacerlo de grabar discos o dar conciertos, que hay otras posibilidades igual de valiosas o mas. Y también porque trabajar con niños te quita un montón de prejuicios: vas con unas ideas predefinidas pero de pronto empiezan a pasar cosas mucho más interesantes. Y eso es algo que he terminado aplicando al disco.

En uno de los temas del disco, La fuente, se incluyen unos coros infantiles. ¿Son tus alumnos?
¡Sí, sí, son ellos! Ya nos hemos hecho colegas y les pedí la “colabo” (risas).

Vamos a hablar de Porvenir. ¿Cuál es el punto de partida del disco?
Yo llevaba dos años probando en directo una cosa a la que llamé Parody Beats, un poco por diferenciarla de Le Parody, y que básicamente potenciaba la vertiente más electrónica de baile. Estaba un poco cansada del concepto de directo que hice con Cásala y Hondo, más cerrado y me interesaba la idea de improvisar, un poco a la manera que hacen los DJs: según ves como reacciona la gente tiras por un lado u otro. El proceso en cualquier caso no era sencillo, porque estoy acostumbrada a hacerlo al revés, componer las canciones y a partir de ahí armar el directo. El caso es que en septiembre empecé a trabajar en el disco y he estado seis meses a tope, sin dedicarme a otra cosa. Y lo que pensaba que iba a ser una adaptación del directo ha terminado convirtiéndose en una recreación absoluta: partí de ahí, pero he terminado haciendo otra cosa. De por medio me pilló también una ruptura bastante… de esas que te dejan del revés.

“Con la editorial tuve una experiencia malísima con el primer disco, y eso me sirvió para darme cuenta de que eso que te dicen de ‘esto es lo que hay que hacer’ es falso”

¿Te ayudó eso a centrarte en el disco o todo lo contrario?
Pues más bien no. Me he dado cuenta de que yo funciono desde la alegría, así que cuando tengo un bajón de estos que me cuesta levantarme por las mañanas pues… es complicado. Además yo no quería que eso se colara en el disco y que el resultado fuera una colección de canciones demasiado sombría. Pero bueno, ha terminado pasándome lo que me pasa siempre con la música, que queda muy hippy decirlo pero es algo sanador, en lo que me meto tanto que me saca de cualquier agujero. Ahora tengo la broma con mis amigos de que no puedo seguir haciendo discos, porque siempre que me pongo a preparar uno termina pasándome algo catastrófico (risas).

Revisando entrevistas me llama la atención que ya en la época de Hondo explicabas que tu evolución pasaba por el “techno flamenco”.
Eso de “techno flamenco” no lo dije yo… 

Creo que sí…
Seguro que fue el entrevistador el que utilizó ese término. Lo digo porque no está el horno para bollos con el tema del flamenco y yo no me meto ahí (risas). Soy andaluza, pero yo “flamenquito” como mucho. A mí en realidad creo que me pesa más lo otro, la cultura de baile, las raves, que es algo que siempre he disfrutado mucho pero lo he visto un poco alejado de mí. Igual es por la brecha tecnológica que tenemos las tías de mi generación, no lo sé, pero había algo ahí que me decía que yo no podía dedicarme a hacer música electrónica, aunque siempre me ha encantado. Tuve que convencerme de que era capaz de manejar máquinas cuando pensé en hacer un disco como Porvenir.

En los cuatro años que han pasado entre Hondo y Porvenir ¿llegaste a tener otro disco que abandonaras a la mitad o metieras en un cajón?
Sí, sí, hay un disco por ahí que tiré a la basura. Fue cuando empecé a hacer pruebas con sonidos más de club y se me fue un poco la mano. Apenas había voces… En realidad al volver a escucharlo me di cuenta que era algo que no me pertenecía, lo había compuesto de forma mecánica.

Al hablar de tu música siempre se hace hincapié en una serie de influencias como son el folklore de tu tierra o incluso de América Latina. Sin embargo no se le da apenas importancia al peso de otros sonidos como los de la electrónica de club, ya sea el techno berlinés, el dubstep británico o la música de baile industrial que viene de EEUU. Luego, al investigar un poco en tu Soundcloud allí compartes temas de Regis o Shackleton, por ejemplo…
Yo creo que eso es consecuencia de que la voz tiene siempre mucho peso. Por ejemplo, en Hondo el aspecto musical tuvo muchísima importancia, porque fue un disco que me hice entero a base de loops, técnicamente una locura, un ejercicio de filigrana tecnológica. Y sin embargo creo que casi no he hablado de ello, por un lado porque nadie me pregunta y supongo también que porque yo no he hecho mucho por sacar el tema.

Es posible que también tenga que ver mucho con que de unos años a esta parte en la agenda de los medios musicales se haya colado el tema del folklore y cómo integrarlo en un contexto de música pop actual…
Sí, y es un tema que me interesa mucho también ¿eh? No me parece menos importante y es un elemento que está ahí.

¿Y hay alguna conexión entre esas formas deliberadamente electrónicas y un tanto oscuras y el trasfondo del disco?
Pues no es algo sobre lo que haya reflexionado a priori, pero posiblemente sí. Posiblemente ese mal momento personal del que te hablaba, y también cierta sensación de pesadumbre y oscuridad relacionada con el momento político haya tenido algo que ver. Todo lo que está ocurriendo en Oriente Medio, esa especie de III Guerra Mundial que se está viviendo por allí y ante la que aquí permanecemos ciegos, es algo que me obsesiona en mi día a día. También la situación que vive España y Europa, la deriva que está tomando la política en nuestros países, es algo que personalmente… Que yo estoy bien, me considero una persona alegre y vivo con bastante plenitud y despreocupación en general, pero estos temas me cargan y me parece importante hacer algo con ello. No sé, supongo que para sacar todo eso me viene muy bien la electrónica: que haya una voz muy solemne, pero luego el tema rompa y te pases tres minutos de canción bailando. En cualquier caso esto es una reflexión a posteriori.

Y cómo encaja todo esto que me estás contando con el título del disco, Porvenir. Que además tiene un peso muy concreto porque no hay ningún tema con ese nombre…
Viene del verso de Flores, la primera canción del disco, que dice: “Cómo pesaban el horizonte y el tiempo por venir”. Por eso el título se convierte en un juego de palabras que se refiere al futuro pero también al destino, el deseo de que lo que esté por llegar sea bueno, pero también el augurio de lo que ya está marcado.

¿Esa dicotomía entre la esperanza y la condena también está presente en la letras del disco?
Yo creo que sí. Aunque aún no estoy lo suficientemente separada del disco como para estar segura. Te puedo decir que las letras son lo que más me ha costado sacar del disco. Están inspiradas en letras de coplas y cantes flamencos, que utilizaban fórmulas muy sencillas para decir cosas muy complejas. Pero imitar ese estilo es complicadísimo sin caer en el cliché. Me fijaba mucho por ejemplo en el tipo de letras que utilizaban Lole y Manuel. Y ahí es donde está esa carga de pesimismo esperanzado. Obviamente hay temas en los que la carga política es evidente, como por ejemplo cuando hablo del tema de los refugiados, pero están mezcladas con una carga melodramática personal.

Eso es evidente en la recta final del disco: Alepo, La fuente y Europa. De hecho un buen ejemplo de esto que comentas es un verso en La fuente que me parece especialmente inspirado: “Que pena del que no tiene, pero más pena de aquel que tiene el agua en los labios y no la puede beber”.
El disco funciona un poco como un viaje en esa dirección. Y precisamente en esa frase de La fuente está escrita desde el punto de vista personal, pero está metida después de una ristra de reproches a los poderosos del mundo, el dinero… De hecho era tan clara la letra que me costó mucho sacarla, porque tenía miedo ser demasiado obvia. Yo no soy tan evidente, yo soy más de metáforas. Pero el juego era ese, después de hablar de los males del dinero y el trabajo metes eso y quien te escucha ya no sabe muy bien en qué sentido lo estás diciendo. En realidad para mí la vida es un poco eso: lo personal y lo político se mezcla todo el rato.

Un recurso característico son los sampleos de voces que utilizas para conectar los temas. En este disco vuelves a hacerlo. Me gustaría saber si son recursos puramente estéticos o tienen algún tipo de significado para ti.
Me encanta que me hagas esta pregunta, porque para mí es importante y no suelo hablar de ello. En este disco funcionan un poco como la narración de la historia, como una suerte de voz en off que hila el viaje. En Cásala aparecían muchos sampleos de películas en inglés, porque de alguna forma era la cultura en la que estaba inmersa en ese momento. Porvenir sin embargo arranca con un audio en que una niña pregunta qué es eso que se oye y el padre responde explicándole que es la llamada a la oración. Es una forma de introducir algo que me obsesiona: mi conexión con raíces del norte de África y de Oriente, que considero tan o incluso más importantes que las occidentales. Y el otro sampleo que conecta otras dos canciones son unas voces que ni siquiera sé lo que están diciendo, pero que saqué de un documental sobre las milicias kurdas formadas por mujeres. Al verlas no podía más que pensar: “Si esto hubiera pasado aquí yo y mis amigas estaríamos como ellas empuñando un kaláshnikov”. Aunque no entiendo lo que cuentan, tenía la sensación de que ayudaban a trazar la historia que estaba haciendo con el disco.

Me consta que eres una persona muy política, y además es algo que haces evidente todo el rato. Pero ¿a ti personalmente no te causan bochorno ciertos acercamientos a la política que se han hecho desde el pop en los últimos años? Mas allá de que puedan ser bienintencionados.
Para empezar, a mí no me parece que las letras sean las que tienen la principal carga política. Es algo que me gusta subrayar siempre, porque es un debate que está muy presente, por ejemplo cuando se habla del reggaetón y sus letras machistas: bueno sí, la letra está ahí y obviamente dice cosas, pero obviamente en la música hay muchísimos otros factores a tener en cuenta. Al final la letra ¿qué es? ¿el diez por ciento de lo que te llega de una canción? Fíjate que nos encantan discos en los que ni siquiera sabemos lo que nos están diciendo… Un buen ejemplo es el último disco de Low, que me parece brutal, me traspasó, y yo me lo escuché sin tener ni idea de lo que hablaba. Y luego leyendo entrevistas ya me enteré que tenía un alto contenido político, que hablaba de Trump… pero a mí me llegó por la música.
Yo escucho a artistas españoles que están lanzando consignas políticas sobre una música completamente convencional y… No sé, también es que estoy intentando hablar de esto de forma general sin entrar a dar nombres, porque no es bonito… Pero hablando en positivo se me ocurre el disco de María Arnal, que me llega de una forma como no me llegan las consignas panfletarias. El recurso que hacen al folklore, la forma en que utilizan una palabra como “civilización”, incluso lo que hacen directo… Es que es imposible no creértelos.

Hace cinco años definías tu música como “folklore del 15M”.
Guau. Bueno, es que ya ha pasado mucho desde el 15M, madre mía. En ese momento yo, como toda la gente que estuvo ahí con el pedo este, sentía mucha unión, pero todo se ha atomizado. Yo sé donde está mi gente porque he hecho mucho grupo y mucha familia en Madrid, pero ahora mismo no te creas que tengo claro para quien estoy cantando. En los discos anteriores sí que me sentía formando parte de algo pero ahora siento un aislamiento que creo que es general.

De hecho te iba a preguntar si crees que tu música representa a algún tipo de colectivo o grupo social…
Sé a qué gente le llega, pero no sabría definirlo como grupo social. Sí que tengo una relación cercana con la gente que me escucha, porque me escribo con muchos, pero me cuesta definirlos desde dentro. No sé, yo te diría que es gente “normal”, pero luego cuando viene mi familia a verme y se refiere a mis amigos les dicen “los artistas”. Así que igual represento al colectivo social de los artistas (risas). Yo desde dentro no lo sé, la verdad.

¿Crees que tu música tiene (o debería tener) algún tipo de utilidad social?
No. Pero no porque lo rechace, sino porque no creo que la tenga. No creo al menos que tenga una utilidad en el sentido que suele dársele para enardecer a las masas y propiciar una revolución, o en el sentido contrario, que pueda ser una influencia perniciosa para la sociedad. Sí que la música, y yo lo he vivido, da pie a transformaciones personales. A mí al menos hay discos que me traspasan y me convierten en otra persona. Y eso que me interesan más las “escenas” que los discos. En mi caso he vivido fiestas techno que después de bailar durante 20 horas seguidas he salido convertida en otra persona. Y sí, claro, yo espero que mi música pueda provocar algo así y le pueda servir a alguien para… algo.

Con el auge del discurso feminista, ¿te planteaste en algún momento si ese tema debía o no estar presente de forma explícita en las letras del disco?
Me encuentro en un momento en el que para mí es importante no instrumentalizar la causa feminista, que es algo que está ocurriendo demasiado. Para mí es una causa abierta, y lo que intento es que cada vez más las tías metamos la cabeza en la música y normalizarlo del todo. Por ejemplo, si la prensa va a hablar de mi música basta ya de comparar la música de mujeres con la que hacen otras mujeres. De mí por ejemplo han dicho “entre Björk y Julieta Venegas”. Vale, me parecen guay los referentes, pero ¿por qué no…?

¿…entre Niño de Elche y Regis? Bien, lo entiendo. Pero por la parte que nos toca a los periodistas musicales me parece que nunca haremos estas cosas al gusto de la lucha feminista. Quien opte por hacer esa comparación posiblemente sea atacado con el argumento de si no hay suficientes artistas mujeres como para que haya que hacer referencia a hombres.
Sí, tienes razón, totalmente. Yo me refería más a la necesidad de normalizar, creo que podemos permitirnos empezar a salir un poco de la discriminación positiva. Pero bueno, que no sé como me he metido un poco en todo este lío (risas). A mí en realidad lo que me gustaría sería poder salir de una vez del binarismo. Que a sabiendas de que la situación es la que es, la Historia es la que es, y que siguen muriendo muchas mujeres, mi posición ahora mismo es abogar por esa no separación en un universo de hombres o mujeres. El “conflicto” entre hombres y mujeres se me hizo presente hace unos años, y no es que ahora me parezca menos importante, pero lo tengo tan integrado en mí que considero que mi voz ya lo lleva de serie. Es algo que tengo muy presente, pero en mi caso es algo que es más explícito a nivel de la imagen que yo proyecto, la imagen de mujer cis, que de discurso. Por ejemplo, creo que yo no caso mucho con la femineidad que se vende ahora, e intento pensar mucho de qué forma me presento ante el mundo. Por ejemplo, en directo voy con mis máquinas y no me planteo que un músico las toque mientras yo canto. Creo que eso ya dice muchas cosas sin necesidad de escribir una letra que diga: “Viva la lucha de las mujeres”.

“El disco de María Arnal me llega de una forma como no me llegan las consignas panfletarias. El recurso que hacen al folklore, la forma en que utilizan una palabra como ‘civilización’, incluso lo que hacen directo… Es imposible no creértelos”

Sobre tu actitud proactiva y decidida, tener un equipo pequeño de personas trabajando contigo no ha impedido que hayas tocado en un montón de lugares en Europa y América en estos años…
Sí, he tocado en Londres, Liverpool, Berlín, Ucrania, Bolivia, Paraguay, Chile, Argentina, EEUU, Filipinas, Portugal… Portugal es lo más, no sé por qué no estamos todo el día tocando por allí… Hay una red mundial underground y no es complicado conseguir bolos, tal vez no con las mejores condiciones, porque son sitios pequeños, pero si tienes curiosidad no es difícil dar con gente de la escena local y tocar para ellos. Y como desde siempre he tenido el planteamiento de hacer cosas portátiles, que pueda montarme un bolo con lo que llevo en la maleta… En España yo creo que estamos acostumbrados a un circuito más tradicional y los grupos para salir a tocar necesitan más garantías. A muchos esto les sonará raro, pero no necesitas estar en los festivales para poder vivir de esto, también puedes salir fuera. Es algo que yo descubrí con muchos artistas de fuera a los que teloneé en la época de Cásala en salas del circuito alternativo como La Faena: Matana Roberts, por ejemplo, que fue allí a tocar antes de hacerse más popular.

Al margen de las relaciones de amistad que has desarrollado en esos viajes, ¿hay una suerte de Internacional Transmusical, artistas que comparten una voz común con la tuya, con lo que tú haces?
En Argentina conocí a Dat García, una tipa que hace electrónica con elementos andinos. Fue en 2014, yo estaba todavía en la era Cásala y me sentí muy identificada. En México a Algodón Egipcio. Vino a verme a un conciertito en el DF. No es exactamente mi estilo pero hay algo que me conecta en lo colorido de sus bases. En Filipinas hice un intercambio musical con BP Valenzuela. Hizo una versión de Hondo agujero y yo otra de una canción suya. Es mucho más pop que yo, pero su set en directo, ella sola rodeada de máquinas analógicas, me representa totalmente. En Dinamarca hice una residencia con un montón de músicos de Latinoamérica, Inglaterra y Dinamarca. Entre ellos Axel Krygier, Diosque o Mariana Päraway. Son gente que lo peta mucho en la escena independiente argentina. Y de verdad que siento yo una conexión loca con esa escena… Loca porque no tengo nada que ver con Argentina, pero es como si fueran primos musicales. En Liverpool conocí a Antropoloops, aunque él es de Sevilla (risas) y el trabajo de sampleo que hace es muy similar al que hice yo en Hondo. Y luego, como te decía, he conocido a Matana Roberts y a Neneh Cherry, a quienes teloneé, y a Julieta Venegas, que puso una canción mía en una playlist y nos estuvimos escribiendo y me invitó a su conci en Madrid hace un par de años, todas ellas artistazas alucinantes con las que igual no me identifico tanto musicalmente pero sí en cierta vibra personal.

En la entrevista que te hizo Alan Queipo en 2015 para Mondo Sonoro a propósito de Hondo comentabas: “Muchas veces parece como si lo que viniera al sur del sur es algo con lo que la gente no quiere relacionarse”. ¿No te parece que eso es algo que también ha dado un giro brusco en los últimos años?
Sí, es cierto. Fíjate por ejemplo en el boom que está habiendo de un tiempo a esta parte con el andalucismo.

También el éxito del rap de origen argelino en Francia que poco a poco va traspasando fronteras. Y muchos productores de electrónica del norte de África que están publicando sus discos en algunos de los sellos europeos más guays, y otros como Acid Arab q aprovechan esa ola para aproximarse a ese tipo de sonidos…
Sí, creo que sí, pero también es cierto que yo estoy un poco fuera de lo que se supone que es tendencia y no te puedo decir. Veo cosas como lo de Dellafuente que me hacen pensar que efectivamente es así, pero tampoco soy la persona más fiable en ese sentido. También te digo que pese a que eso que dices puede ser verdad, sigue habiendo una suerte de telón de acero que separa ambos mundos. Y este disco va un poco de eso. Lo que te comentaba antes: yo he tenido facilidad para tocar en Londres o en EEUU, y sin embargo en Marruecos no he tocado. O en Irán, en Siria antes de la guerra, en Beirut…. Sé que existen escenas también en esos países, llegan noticias de ello, pero totalmente pasadas por el filtro occidental. En Beirut hay una escena electrónica brutal, y me pregunto por qué no estamos rulando para allá.

Leyendo las entradas de tu tumblr de hace unos cuantos años era constante la referencia a grupos del momento con los que compartías escenario: Hazte Lapón, Difunta Calva, Experimental Little Monkey,… no sé, mil más. ¿Aquello tenía algo de escena o simplemente teníais una buena relación personal?
Yo creo que sí, que había escena, pero también es cierto que las cosas se transforman. Con esos grupos yo compartía el momento y también el escenario, pero es cierto que musicalmente no teníamos mucho que ver entre nosotros. Pero tras un tiempo más desconectada ahora me siento muy cerca de lo que hacen gente como Ojo Último, Ruiseñora -que están a punto de sacar disco y hacen un feat. en mi tema La Puerta, Elia cantando y Atilio en los arreglos-, Cruhda, Avel, que vive en Londres y ha currado con Cruhda y está detrás del sello que me publicó hace unos meses un tema, Dime. También Slvj, que es muy amiga y consejera en temas de producción. Con Ajuar también he coincidido mucho y me inspiran totalmente en la parte folclórica: su filosofía tradi-punk-feminista y su forma de hacer letras… Somos gente que a parte de coexistir en el mismo espacio intercambiamos música, pareceres y vivencias.

Un poco por cerrar la entrevista, ¿qué expectativas tienes con Porvenir?
Pufff, no tengo ni idea. Pero ojalá vaya bien porque ha sido una enorme inversión, de todo: emocional, económica, de tiempo… Pero bueno, yo siempre soy un poco acojonada con estas cosas: considero que he hecho mi trabajo y si no funciona… me voy al campo.

Y ¿cómo te ves dentro de diez años?
Tendré 44 años entonces. Y a partir de los cuarenta me veo, no sé por qué, en la flor de la vida (risas). Las veces que he estado en Berlín recuerdo ver a tipas de cuarenta o cincuenta pinchandose su technazo y haciendo el circuito. Pues más o menos me veo ahí, metida de lleno en el oficio de la música de club.