Esta nueva cita con las Fiestas Demoscópicas en Madrid sirvió para demostrar, en primer lugar, lo variado e inquieto de nuestra escena, con tres propuestas bien distintas sobre el escenario de la Joy Eslava. El complicado papel de abrir fuego lo asumieron Niño Burbuja, con un pop electrónico que ha ido creciendo hasta consolidarse ya como una realidad en firme; prueba de ello es que comenzaron el pasado año con un maqueta y lo cerraron con un primer disco autoeditado, “Calpico”. En directo, pese a perder matices, sí lograron dar cuenta de sus posibilidades, tomando el relevo de lo que el año pasado por estas mismas fechas y en este mismo espacio hizo Bravo Fisher!, aunque en el caso que nos ocupa ahora las referencias anden más cerca de Dorian. Un sonido orgánico y bailable, con más fuerza de lo que podría parecer a priori, que iba escalando posiciones hasta que la tecnología les jugó una mala pasada, fallando las programaciones y obligándoles a dar por terminado su concierto de forma prematura.

 

Después, Trajano! firmaron la actuación más compacta del lote, muy enchufados desde el primer momento, con Lois Brea como frontman oscuro y arrebatado, incluso con un punto de bienvenida teatralidad, en temas como “Mono” e “Iker Jiménez”. Hay en su after-punk resbaladizo y urgente un evidente eco de la Movida (Derribos Arias, Parálisis Permanente), como también la influencia más cercana de Triángulo de Amor de Bizarro o The Horrors, pero lo que debe quedar tras estos 35 minutos es la constatación de que estamos ante una banda que promete grandes momentos a poco que su personalidad, ya muy definida en el apartado lírico, se perfile todavía más.

 

El capítulo demoscópico se cerró con Le Parody, autora de “Párala vértigo”, mejor demo de 2012 en Madrid para MondoSonoro. El ritmo de los acontecimientos ha hecho que, como en el caso de Niño Burbuja, terminase el año con un autoditado debut en largo (“Cásala”) que es una de las pequeñas joyas que ha dado nuestra escena en los últimos meses. Precisamente por eso, la sensación final tras su concierto es de ligera decepción, y eso que empezó más que bien con “Tip toe (punta tacón)”. Sin embargo, la frescura de sus temas no acabó de despuntar, yendo de más a menos. Hubo momentos de baile y también de folktrónica juguetona, pero demasiado dispersos dentro de un conjunto sin el encanto del álbum. Tampoco jugó a su favor, todo hay que decirlo, el ya habitual murmullo del público, que sepultó voz, sampler y ukelele. Lo mejor, “Pity party”, con la trompeta de Frank Santiuste como estupendo contrapunto, en donde sí se aproximó a la mejor versión de sí misma.

 

Llegó luego el turno de Hola A Todo El Mundo, en su momento también demoscópicos y autores del mejor disco del pasado año para MondoSonoro. Tanto ha cambiado el sonido del grupo madrileño que no tiene sentido establecer comparaciones entre su debut y el reciente “Ultraviolet Catastrophe”. Tampoco entre los directos. Pertenecen a momentos distintos, por lo que, desde ese punto de vista, lo mejor fue poder disfrutar de una actuación tremendamente viva, en permanente crecimiento y logrando conectar desde el principio con los muchos seguidores de la banda que se congregaron en Joy Eslava. Sin embargo, lo que no cambia es su facilidad para la expansión, ahora con una épica amortiguada por sonidos chillwave (con bastante más enjundia que la puesta en vivo de Washed Out, sin ir más lejos), realzada por los visuales de Kamchatka y el VJ Héctor de la Puente y momentos tan celebrados como “Oh Lord, Tell Them Wind Blows Far From Me”, “They Took Me To The Top Of A Mountain “ o la pletórica “The Won’t Let Me Grow”, rubricando los nuevos valores de esta aventura que, visto lo visto, parecen afrontar con absoluta confianza, entre capas de sintetizadores, guitarras distorsionadas y atmósferas entre el estallido y la bruma. Mención aparte merece el sorprendente cameo de C. Tangana, que rapeó su “I’ll Be Moving Music” sobre la música de HATEM, en una breve pero certera aparición que sirvió para mostrar lo luminoso, abierto y elegante de su hip hop, también con un punto de nostálgica evasión.