“Pensé que en esta vida no iba a poder lograr mi sueño”
EntrevistasLa Yegros

“Pensé que en esta vida no iba a poder lograr mi sueño”

Víctor Terrazas — 27-07-2026
Fotografía — Archivo

Han pasado dos años desde que La Yegros publicase “Haz” (X-Ray/Canta La Selva, 24), pero la argentina tiene ya listo un álbum que verá la luz el próximo año.

(Puedes consultar sus fechas dentro de las Iberoexperia Sessions al final de esta entrevista).

La historia de La Yegros podría contarse como la de una artista que llevó el chamamé y otros ritmos del litoral argentino hasta los festivales europeos. O como la de una de las voces fundamentales de la folktrónica latinoamericana de la última década. Pero quizá la verdadera historia sea otra: la de una chica de Morón que soñaba con salir en la televisión, pasó quince años buscando su lugar en la música, terminó alejándose de ella y, cuando ya había asumido que nunca cumpliría aquel sueño, encontró el camino de vuelta a los escenarios pasada la treintena.

En la actualidad, mientras hace malabares entre la maternidad y la música, la cantante argentina sigue aferrada a una idea que atraviesa toda su trayectoria: hay muchas vidas dentro de una sola. “Fueron los dos grandes planes de mi vida: ser cantante y ser madre”, explica. “Ahora estoy en un momento muy lindo, despidiéndonos de nuestro último disco y, al mismo tiempo, disfrutando de mi maternidad. Encontrando el equilibrio, aprendiendo a seguir siendo mujer, madre y artista”. Un encaje de bolillos que, por ahora, le concede un respiro en la carretera. “Por suerte, desde que nació, mi hija duerme todas las noches. Si no lo hiciera, sería imposible seguir haciendo conciertos. A los tres meses ya arranqué la gira y viene conmigo siempre”.

"Hay que aprender a bailar con las tristezas. Eso me enseñó el chamamé”

Ese instinto también se ha colado de lleno en un próximo álbum que promete romper sus propios esquemas. “El nuevo disco va a marcar un antes y un después en mi carrera. Es completamente diferente. Vamos a dejarlo en suspenso. Pero está pensado de otra manera, viste; lo empecé a hacer durante el embarazo. Está hecho desde otro lugar”, anticipa.

Para este nuevo ciclo, Mariana [Alejandra Yegros] no ha necesitado dinamitar sus cimientos. En el centro del estudio sigue estando Gaby Kerpel, productor, amigo y escudero desde hace casi tres décadas. Su alianza es un pequeño acto de resistencia: sobrevivió a más de una década de matrimonio y también a una separación que, lejos de desgastar el proyecto, terminó fortaleciéndolo. “Somos familia; es incluso el padrino de mi hija. Fue él quien inventó mi nombre artístico y quien me dio la primera oportunidad. Ahora presentamos un nuevo formato de trío eléctrico. Cuando vamos con la otra banda somos como diez, pero ahora volvemos a viajar en camioneta, en tren... Es como revivir el pasado. Me encanta porque me recuerda de dónde vengo”.

Y todo empezó en Morón, en el extrarradio bonaerense. Un código postal en el que dedicarse a la música no parecía el destino más probable. "Mi padre era electricista y mi madre maestra. La realidad es que no había muchas opciones para entrar en este mundo. Creo que el primer recital de mi vida lo vi con casi veinte años". Antes de eso, la música solo existía al otro lado de la pantalla. "Los veía por la tele y por eso mi sueño era estar ahí. En Argentina existía un programa al que iban los chicos que terminaban la escuela a ver si ganaban un viaje. Mi meta no era el viaje: era ver cómo se hacía la tele, conocer artistas. Y lo conseguimos; fuimos como cuatro veces a participar".

A los dieciocho años se marchó de casa y comenzó un recorrido que la llevó a estudiar en el conservatorio y a buscarse la vida entre Barcelona, Los Ángeles o Nueva York. Años de intentos, de movimiento constante, pero sin encontrar todavía un lugar propio. "Mi primer disco salió cuando tenía treinta y siete años. Llevaba ya como quince en el mundo de la música buscando caminos y sentía que no encontraba el mío". Fue entonces cuando tomó una decisión radical. "Decidí dejar la música. Volví a Argentina y empecé a estudiar diseño de moda. Para mí fue un duelo. Pensé: ‘Bueno, en esta vida no voy a poder lograr mi sueño’”. Pero el guion decidió escribir otro desenlace. Un día conoció a Kevin Johansen, que le descubrió la música de Dick el Demasiado. Tiempo después, el azar quiso que ambos se cruzaran. Ella le confesó que años atrás había sido cantante y el artista holandés la invitó a participar en un festival en Argentina. "Subí a cantar y fue un furor. Ahí volvió la chispa". A partir de ese momento, el proyecto empezó a tomar forma junto a una escena emergente impulsada por colectivos como ZZK y artistas como Chancha Vía Circuito, Axel Krygier o El Remolón: una electrónica atravesada por el folclore que abría un espacio que años antes ni siquiera existía en Buenos Aires.

El debut llegó finalmente en 2012, cuatro años después de que canciones como “Trocitos de madera” o “Cariño” se hubieran convertido en piezas habituales del repertorio de King Koya, la banda de Gaby Kerpel. Y entonces volvió a pasar. Esta vez desde el lugar más inesperado: Francia. “No sé muy bien por qué, pero en enero de 2013 empezó a sonar muchísimo mi álbum debut allí gracias a una emisora llamada Radio Nova. Empezaron a salir tantos conciertos que mi mánager me recomendó quedarme a vivir. Y ya hace casi quince años de esto”. Lo más curioso de esa conexión es que sobrevivió incluso a la barrera del idioma. “La gente no entiende lo que canto ni tengo raíces francesas, pero creo que parte del éxito fue el vestuario y todo lo que aprendí estudiando diseño de moda: transmitir no solo con la música, sino también con la ropa y los colores”.

Desde entonces, su carrera ha crecido bajo una etiqueta que todavía la acompaña: “la reina de la nueva cumbia". Ella le resta importancia. "En toda mi carrera solo he hecho una cumbia, 'Viene de mí', que fue un éxito. Chamamés o carnavalitos hay muchos más". Porque, en realidad, su raíz está en Misiones, la provincia de la que proceden sus padres. "De niña bebía mucho del chamamé, crecí con eso. Las canciones suelen ser melancólicas, pero con mucho ritmo. 'Trocitos de madera' es una canción tristísima, pero la gente baila y salta. Hay que aprender a bailar con las tristezas. Eso me enseñó el chamamé”. Hoy, con cuatro discos a sus espaldas, un quinto asomando en el horizonte y una hija acompañándola en la ruta, Mariana sigue haciendo exactamente eso. Aprender a bailar. Y, de paso, hacernos bailar a los demás.

Agenda de conciertos:

19.30h Des de 31,50 €
19.30h Des de 31,45 €

 

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