Con su pinta de intelectual, algo desaliñado y con aire despistado, Elvis Perkins parece jugar en otra liga. El término cantautor se le queda corto y con “Ash Wednesday” (Xl/Popstock!) nos ha regalado un álbum aleccionador, misterioso y reconfortante. Estará tocando en España este mes de octubre dentro del Rockdelux Weekend (19 Barcelona, 20 Valencia, 21 Madrid).

“Ash Wednesday” es un disco más variado de lo que pueda parecer. De la melodía festiva de “May Day” al aroma jazzy de “Sleep Sandwich”, pasando por canciones con historias hermosas como “Emile’s Vietnam In The Sky” o “It’s A Sad World After All”, con dos féminas haciendo unos bonitos coros. Elvis Perkins nos recibe algo contrariado en un hotel barcelonés que mira al mar. Le han perdido los instrumentos en París y, por tanto, su concierto dentro del festival Primavera Sound se quedó algo cojo. “Me ha sorprendido la magnitud del evento. Me quedé a última hora a ver a The White Stripes. No les había visto antes y me sorprendió la capacidad de Jack White de llenar un escenario con su simple presencia. Me acosté tarde y aún estoy un poco bloqueado”.

“Aprender, ese es mi objetivo, el único”

Ni siquiera me planteo preguntarle por la trágica desaparición de su madre (viajaba en uno de los aviones del 11-S), ni tampoco por la enfermedad y posterior muerte de su padre, el actor Anthony Perkins, así que mejor entrar en materia y centrarnos en su disco, un trabajo que se grabó en dos partes, una antes de la fatídica fecha de los atentados de Nueva York y otra después. “Lógicamente, el estado anímico te varía según sean las circunstancias que te rodeen, pero creo que no es fácil adivinar a qué parte pertenece cada canción. Ni siquiera yo soy capaz de recordarlo. Me gusta explorar ambas caras”. Elvis Perkins no entiende de limitaciones ni barreras. De ahí que navegue del pop metódico a la tradición folk, del jazz y la experimentación a la vertiente más sentida y pasional del soul. “Aprender, ese es mi objetivo, el único. Nunca me han gustado los músicos que siguen una sola línea argumental. Es incomprensible para mí el ceñirme a un único estilo. A mí me inspiran un abanico de artistas que va de Nina Simone a Leonard Cohen”. Me cuenta también que está obsesionado con una obra tan descomunal e influyente como es “Astral Weeks” de Van Morrison, aunque al final consiguió contar con los servicios de Gary Mallagher, batería del no menos inspirado “Moondance”, también del irlandés. “Es mi disco favorito de todos los tiempos. Es mágico y poderoso. No pretendo hacer un disco como aquel, creo que eso no está al alcance de nadie, pero la ayuda de Mallagher fue fundamental para encarrilar el proceso de un disco que se había alargado mucho. Su experiencia ha sido básica. Ethan Gold, mi productor, también ha sido una figura muy importante para mí. Me gustó porque fue simple y natural. A nivel de ingenieros el proceso fue un poco complejo. Él canalizó unas ideas que se tenían y debían poner en orden”. Dada su condición, no es una osadía relacionarle con esa nueva generación de cantautores relativamente populares con nombres estelares como los de Damien Rice, Rufus Wainwright o Ray Lamontagne, aunque como todos ellos también prefiere ir por libre. Sin embargo, despista porque tan pronto puede abrir para My Morning Jacket como para Dr. Dog. “Es un buen momento para los cantautores, pero no creo que haya una escena o que se trate de un movimiento del que se hable en el futuro. Siempre ha habido buenos compositores, pero hay momentos en los que se les presta más atención. Ahora se da la casualidad de que varios artistas interesantes han coincidido en el mismo lapso de tiempo, lo cual me parece que ha sido totalmente fortuito. Piensa que hay incluso quien me ha comparado a Wilco, que aunque puede ser un gran honor, no tiene mucho sentido. Ellos están en otra galaxia musical”.