LP4
DiscosAmerican Football

LP4

7 / 10
Luis Benavides — 13-05-2026
Empresa — Polyvinyl Records
Género — emocore

Se cumple una década de la reaparición de American Football con “LP2” (16), la ansiada continuación de un disco debut —el homónimo con la mítica casita en la portada— convertido con el paso del tiempo en una obra de culto para los seguidores del “midwest emo”.  A su ritmo, sin prisas y sin nostalgia, la banda encabezada por el ilustre Mike Kinsella (Cap’n Jazz, Owls, Owen) sigue avanzando y presenta ahora “LP4”, su tercer elepé en diez años.

Grabado en Los Ángeles con el productor Sonny DiPerri (My Bloody Valentine, Trent Reznor), este es un disco profundo e intrincado, lleno de capas y con un mayor protagonismo de elementos como el vibráfono y los sintetizadores. Dicho de otra manera, la banda expande su sonido hacia el post-rock y el ambient, más allá del twinkle emo de sus inicios.

Si nos centramos en las letras, “LP4” es el disco más descarnado de American Football, el más duro, sin duda. Empieza con la tensión de “Man Overboard”, una canción opresiva con baterías complejas cuyas metáforas marineras nos hablan de culpa y resignación (“God never taught me how to swim / Just how to sink”), y continúa con la vaporosa “No Feeling”, una pieza que ahonda en el dolor de las despedidas necesarias (“No pain / No one to blame”) y en la que colabora discretamente Brendan Yates, cantante de Turnstile.

Caithlin de Marrais, la vocalista y bajista de Rainer Maria, veteranos del emo y compañeros de sello, también participa en este disco acompañando a Kinsella en unas estrofas de “Blood on My Blood”. Esta composición confesional está escrita desde el arrepentimiento, el de una persona movida por impulsos (“I believed she could save me but my passions betrayed me again”). La culpa también atraviesa “Bad Moons”, ocho minutos sobre mentiras, alcohol y vergüenza que mutan gradualmente del emo sombrío al post-rock instrumental.

Basándose en pensamientos recurrentes y vivencias reales, dibujan escenas como la de “Patron Saint Of Pale”, en la que Kinsella propone a la que entonces era su mujer jugar al clásico piedra-papel-tijera para acabar con años de malestar y apatía (“If I win I’ll never have to dance again”). Justo antes, la icónica trompeta de American Football, una de las señas de identidad de su laureado debut, aparece en el interludio “The One with the Piano”, y vuelve a tener protagonismo en “Lullabye”, otro pasaje instrumental, y la luminosa “Wake Her Up”. Conviene detenerse en esta última, por las partes vocales ensoñadoras de la jovencísima Natalie Lu, más conocida musicalmente como Wisp; y también en la fantasmagórica “Desdemona”, inspirada en el personaje de la obra de Shakespeare “Otelo”. 

Aun prefiriendo los derroteros algo más livianos y cercanos al dream pop del anterior “LP3”, la extraña belleza de este nuevo trabajo de American Football termina atrapando y podría acabar dejando una huella más profunda. Tiempo al tiempo.

 

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