“La música negra ha hecho de lo cursi algo cool, toda la vida”
Entrevistas / Fundación Tony Manero

“La música negra ha hecho de lo cursi algo cool, toda la vida”

Carlos Pérez de Ziriza — 31-05-2018
Fotógrafo — Archivo

Acaba de nacer el festival Telefèric, que se llevará a cabo del 8 al 23 de junio entre Sarau y La Donzella (Badalona) y Panoràmic (Montgat). Entre los participantes están Fundación Tony Manero, que presentan “Lugares comunes” (Buenritmo, 18), y grupos como Sidonie, Mishima o The New Raemon.

Se nos han hecho mayores, es ley de vida. Fundación Tony Manero llevan más de veinte años en el tajo, siete álbumes y cientos de conciertos. Y con el bagaje que da el tiempo, editan ahora su álbum más nostálgico, sosegado y – a la vez – abiertamente sentimental, sin aquella incitación explícita al baile que les caracterizaba. “Lugares comunes” (Buenritmo, 2018), que así se llama, lidia con temas como el paso del tiempo, la paternidad o la ausencia de los seres queridos. Empezarán junio presentándolo en el Kutxa Kultur Kluba (Donosti, 1 junio) y lo despedirán siendo el colofón del Telefèric Fest (Badalona, 23 junio), un ciclo que se extiende durante todo el mes en salas de la costa barcelonesa. Hablamos con Lalo López, su emblemático guitarrista y miembro fundador, acerca de este nuevo álbum.

“Sin la música disco no podríamos entender el italo, que es algo que está en la base de mucha música techno de hoy en día”.

“Lugars comunes” es vuestro disco más reposado, el que menos invita al baile. Todo suena más relajado, y supongo que eso romperá con la imagen que muchos tienen formada sobre vosotros, ¿no?
Es cierto. Cuando pensamos en nuestro siguiente paso, en qué queríamos hacer, nos encontramos que en el momento vital en el que estábamos no era de un contexto tan nocturno. Tres de nosotros hemos tenido críos, y eso –quieras o no– te cambia un poco el paradigma vital. Digamos que no salimos tanto a la discoteca y estamos más en el parque o en la puerta de la guardería. Y era coherente que eso se reflejase en el disco. Por otro lado, también supongo que esa seudomadurez que te da el tener un hijo y verte a ti mismo como padre, de alguna manera te hace valorar lo que han hecho tus padres por ti, o tener esa sensación de que el paso del tiempo es algo inexorable. Eso también hizo que, de golpe, el disco se convirtiese en motivo de gratitud y celebración. De la familia, de los amigos. Y eso a nivel musical pedía un toque más emotivo, seguramente aquella raíz de la música negra más de emoción, en el sentido de un Marvin Gaye o un Curtis Mayfield cantando sobre sus hijos, o sobre su comunidad o su familia. Y como nosotros siempre bebemos de esas fuentes, nos apetecía hacer un disco así. Ese tipo de discos que han plasmado esos artistas, hacerlo nosotros también.

¿Y por qué un título como “Lugares comunes”? ¿Es una forma de mostrar que los temas de los que habláis en este disco –el paso del tiempo, la paternidad, la nostalgia, la cotidianidad– son eso, cuestiones comunes que cualquiera ha vivido y cualquiera puede entender?
Sí, totalmente, buscábamos un disco que hablase sobre cosas que la gente pudiese entender perfectamente. De hecho, el tono de las letras es muy sencillo, es un tipo de lírica que no pretende ser muy rebuscada ni metafórica, sino bastante literal, porque pretendemos conectar con esos sentimientos bastante básicos y primarios. Y queríamos que fuese un disco que llegase también a la gente de nuestra generación, y al mismo tiempo que pudiese llegarle a gente que no nos oye habitualmente, en un contexto más de música popular que de música negra de género.

¿Se puede decir que es un disco que refleja esos detalles cotidianos, que no tienen nada de épicos y sí de prosaicos, que a veces nos pasan un poco inadvertidos y acaban siendo el jugo de la vida?
Totalmente. Buscamos una proximidad. Mientras que en otros discos nos basábamos más en situaciones, con un halo de nocturnidad y un contexto de fiesta, de discoteca y de baile, más hedonista, Lugares comunes representa una bajada a la tierra. Es un hablar en primera persona de cosas que te pasan día a día. Hablar sobre tus hijos y la inseguridad que te puede llegar a causar el saber que tú no eres ni mileurista y que tienes que sacarlos adelante, y este tipo de miedos. Poder hablar de una manera llana, aunque parezca poco musical eso de despedirte de tu abuela, que ha tenido Alzheimer. Esa sensación de tengo que convertir esto en una canción, pues ¿cómo puedo hacerlo? Tengo que hacerlo como si estuviese hablándole a ella. No estoy tanto hablándole a mi público sino a aquellas personas a las que me dirijo. Tratar de reflejar las cosas y las relaciones personales de una manera muy próxima.

Supongo que conforme uno se hace mayor es más fácil perder ese pudor a tratar esas cosas en una canción, ¿no?
Sí, es verdad. También te puedo decir que para nosotros, a lo mejor el paso al castellano amplificó esa sensación de, hostia, no meternos en demasiados jardines por el hecho de que de golpe no te tilden de ñoño. Pero la realidad es que la música negra ha hecho de lo cursi algo cool, toda la vida. Desde Isaac Hayes, Barry White… seguramente la que se aleja más de la raíz canallesca y rythmandbluesera de Chuck Berry y del rock and roll, enseguida se pone cursi. Sam Cooke, por ejemplo. Y quizá lo que a nosotros más nos cuesta es escuchar nuestra propia lengua, porque seguramente la canción romántica en castellano ya ha monopolizado todas esas temáticas y les ha dado ese componente más cursilón. Pero la música negra te permite afrontar esas temáticas, y encima con un background lleno de groove y arreglos intensos, y hasta si quieres, malotes. Puedes meter un wah wah de bajo, o un fuzz, y por encima estar diciéndole a tu chica que la quieres y que le llamas turroncillo o baby en las canciones.

Comentabas antes lo de los discos más confesionales de Marvin Gaye y Curtis Mayfield, que son de principios y mitad de los setenta, y que os han servido como referentes. Es como si hubierais retrocedido más que nunca en vuestro arco temporal de referencias, porque habitualmente se os ha asociado a la música disco de finales de los setenta e incluso en otras ocasiones al acid jazz de finales de los ochenta y primeros noventa o a otros sonidos ochenteros como los que explorasteis después en un álbum como “Superficial” (Music Bus, 14), ¿no?
Sí, yo creo que lo que hemos intentado siempre con nuestras influencias es ventilarlas para, al final, sonar a nosotros mismos. Nuestra intención siempre ha sido hacer ese homenaje a todos nuestros referentes pero tratar de sonar contemporáneos, aunque siempre se nos pueda tildar de setenteros u ochenteros, yo creo que desde “Looking For La Fiesta” (Drac/Virgin, 01) hasta hoy en día, no hemos buscado el grabar los discos como hacen muchas bandas de soul de ahora, en analógico y con un micro tal y un instrumento tal. Nosotros nunca hemos sido así porque nos gustaba el hecho de sonar modernos. Es una cosa que me parece encomiable de bandas que puedan hacer rythm and blues ahora, como Dani Nel·lo, o de Los Tiki Phantoms o hasta Los Coronas, que tienen referentes muy claros pero suenan muy potentes y contemporáneos. Así que en nuestro caso, de acuerdo en que esas influencias están ahí, pero nuestra producción en el fondo tiene que sonar potente. El hip hop, por ejemplo, en su faceta más funk, es una influencia súper fuerte para nosotros a la hora de producir. Es una mezcla de las dos cosas, del pasado y del presente de la música.

¿Crees que grabar de forma muy analógica, con equipos antiguos y tratando de imitar los sonidos de otras décadas muy lejanas, sería mero revivalismo?
Bueno, eso también es algo muy lícito y hay gente que lo hace maravillosamente bien, pero no nos ha salido nunca así. Nosotros somos mucho más bastardos. Lo afrontamos todo de una forma mucho más inmediata. Como muy italianos. La canción se mueve con este beat, y tenemos que poner esta serie de elementos, pero no hace falta que les demos muchas vueltas: hagamos la canción ya, inmediatamente. En ese sentido, nada está muy premeditado.

Al margen de vuestras canciones originales, ¿se podría decir que siempre habéis propagado una especie de apostolado de la música negra, una corriente de géneros que nunca han sido suficientemente comprendidos en nuestro país, incluso abiertamente denostados por el rockerío más recalcitrante? Lo digo porque reivindicasteis la escena disco española de finales de los setenta, poco conocida, en el “Very Important Discotecas” (16), y ya habíais interpretado versiones de clásicos de la escena internacional en vuestros inicios…
Tienes toda la razón. Nosotros empezamos haciendo versiones, como dices, y seguramente la gente se nos enganchaba por las más populares o populacheras, o por el rollo más comercial, como pudiera ser por alguna versión de Village People, pero enseguida metíamos el “Superfly” de Curtis Mayfield o el” Do Your Thing” de Isaac Hayes, porque creíamos que era fundamental reivindicar todo un legado. Y lo que nos ha pasado con los años, es que nosotros somos unos diggers totales, ratas de tiendas de discos. Y de golpe te encuentras con los discos de Susana Estrada, de rollo disco erótico, producidos por un tío que se llama Josep Maria Jovell, que es de aquí de Barcelona, algo así como el padre del sonido de discoteca de aquí en los setenta, o los discos de Juan Carlos Calderón, y piensas que todo esto es increíble. Todo eso se hacía aquí en los setenta y está olvidado. Quizá por esa mala fama o ese prejuicio que ha recaído siempre sobre la música disco, a nivel global –no solamente de aquí–, como si hubiera sepultado la herencia del funk o del soul y eso la convirtiera en una lacra para la música negra. Nosotros reivindicamos que eso no es así, que todo fue una evolución, también industrial y sociocultural, y que sirvió para expandir muchas cosas. Sin la música disco no podríamos entender el italo, que es algo que está en la base de mucha música techno de hoy en día. Giorgio Moroder es otro de los padres. Hay que hacer una labor de reivindicar a todas esas figuras que, de alguna manera, son los padres de todo lo que se escucha hoy en día en las discotecas.

¿Y cómo recordáis con el paso del tiempo el pelotazo de “Super Sexy Girl”, que además cobró popularidad por aparecer en un spot televisivo? ¿Tenéis aún buena relación con aquella canción o estáis hartos de que la gente os la siga pidiendo en los conciertos?
La verdad es que no tenemos esa sensación, porque siempre hemos sido muy conscientes de que nuestra posición en la industria era un poco anómala. Éramos plenamente conscientes cuando petó todo eso de que nuestro sino no era estar en la gala ¡Murcia, qué hermosa eres!, sino en el Marula Café (ahora) o en el Bikini (entonces). Y que todo aquello era como un fogonazo de un día. Pero, claro, seguramente gracias a ese fogonazo, servimos para salir en una serie de medios que habitualmente no frecuentan grupos de nuestro estilo, y eso precisamente fue lo que sirvió para que otra gente se diera cuenta de que era posible hacer este tipo de música aquí, aunque algunos después no nos hayan seguido. Pero entiéndeme: es como cuando Dr. Dre ve en la televisión a Herbie Hancock o a Run DMC haciendo scratch, tras lo que se dice a sí mismo, yo quiero hacer eso. No podemos renegar de nada de lo que pasó porque forma parte de nuestra vida y de mucha gente que a lo mejor quiso ser músico en el momento en que nos vio por televisión. “Super Sexy Girl”, que la compusimos fumando unos porros en nuestro barrio de Vallcarca, es súper entrañable, y que haya gente que todavía nos diga tocadme California Girl, que luego nosotros nos quedamos como diciendo, ¿qué tema es California Girl?, hasta que nos la tararean, pues es como muy grande (risas). Estamos muy agradecidos de que ese señor que nos pide California Girl se acuerde de nosotros.

Bendito Shazam para toda esa gente, ¿no?
Totalmente (risas).

¿Qué puedes avanzarnos sobre las presentaciones en directo?
Será una gira distinta, y ese es el reto, porque no vamos con sección de vientos. Hacemos una presentación del disco a sexteto, y eso hace que las sensaciones en el escenario sean diferentes, que tengas que trabajar de otra manera los arreglos, que tengas que dar otro tipo de energía, y eso es muy importante para una banda que lleva más de veinte años. Pero lo bueno es que recuperamos canciones antiguas, hacemos versiones diferentes de clásicos y el show no se resiente, en el sentido de que nuestra vocación ha sido siempre hacerlos muy a la americana, que sean muy lúdicos y en los que siempre estén pasando cosas. Y el hecho de que hayamos hecho un disco tranqui no significa que el bolo acabe siendo para estar sentado. Los temas tranquilos también se van a tocar para ser bailados en concierto.

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