"Siempre necesito un proyecto que esté por llegar"
Entrevistas / C. Tangana

"Siempre necesito un proyecto que esté por llegar"

Yeray S Iborra — 22-03-2021
Fotógrafo — Archivo

Pudiera parecer que tras El Madrileño hay un nuevo ‘yo’. Pero el alias es un cúmulo: Crema, C. Tangana y Antón Álvarez. Y las fiestas con familia y amigos y sus músicas. El Madrileño(Sony, 21) es una licuación, pero también una disolución, más colaboradores que nunca, con un objetivo: un renacimiento artístico definitivo.

Jueves de ciencia y música en Mondo Sonoro. Mancillo sección a La Vida Moderna para aclarar en una frase qué ha pasado con Antón Álvarez (Madrid, 1990): C. Tangana no ha matado a C. Tangana. Lo ha fusionado. Con Crema, con Pucho y, claro, con El Madrileño. Lo dice Wikipedia: la fusión nuclear es el proceso por el cual “varios núcleos atómicos de carga similar se unen y forman uno más pesado”.

El yo de C. Tangana se ha fortalecido y a la vez –paradoja– se ha dispersado; en tantas y tantas colaboraciones de calado, casi todas masculinas, pero de géneros (musicales) variados. Con El Madrileño ha bajado al fango para probarse, para generar un renacimiento –y un reconocimiento– artístico que conecte presente y pasado y desdibuje lo urbano y lo popular. Un mural que escape a lo provincial.

La vida va rápido. ¿Cuántas veces os comisteis el toque de queda? Pero con Álvarez lo va más. En unos pocos años, ha pasado del underground más absoluto al mainstream, y de ahí a El Madrileño. Sin duda, todo pasa más rápido con Pucho; más aún si hay que destripar un regreso tan esperado en veinte minutos vía Zoom.

¿Se puede conectar de veinte a veinte minutos con la gente?
Son estados mentales. Es como el día de partido o la pretemporada, ¿sabes? Vas entrando en distintos estados... Hay que saber llevarlo y tampoco rayarse mucho.

"Siento que Madrid es muy abierta y que siempre ha sido la casa de la gente que pensaba un poco distinto y que en sus pueblos no podía estar porque no se les entendía".

¿Pero es grato este frenesí?
Hablar con gente sobre tu trabajo es mucho más llevadero que otro tipo de promo. Estoy súper chill con prensa especializada. Mejor que ir a hacer el imbécil a según qué sitios. Ahí es más jodido.

Voy a ser el más educado: ¿Antón, Pucho, C. Tangana o El Madrileño?
Como quieras, Pucho está bien. Es como me conoce todo el mundo.

Para alguien que sea de Barcelona o Teruel, y no haya pasado más que por Atocha una vez o ninguna... ¿Qué es ser El Madrileño?
[Se sonríe]

¿La forma más extremada de tus identidades? ¿La más diluida?
Precisamente. Si queremos hablar en términos políticos, este El Madrileño no se basa en los nacionalismos, en la frontera hacia dentro, sino que se basa en la frontera hacia fuera; no creo en las fronteras. El nombre viene porque una vez en México se pensaban que yo tenía que hablar como esos españoles de los dobladores de los dibujos animados: con la z y que dize las cozaz azí...

¿Madriz?
Me decían que no hablaba así, pero que me notaban el ejque. Era más joven y hablaba peor probablemente [ríe], tenía más acento madrileño y yo les decía “claro, que yo, yo soy madrileño, no soy de Córdoba”. A partir de ahí me acuerdo surgió una broma: “Ah, claro que no es español, que es madrileño”. Un vacile. Y yo me lo tomé como algo bueno, como una forma de estar en el mundo. O sea, yo cuando estoy en Colombia, soy madrileño y cuando estoy en España también soy madrileño. Una personalidad que me define desde la variedad. Madrid es un lugar que está hecho por gente que no es de Madrid. O sea, lo de ser “gato, gato”...

¿Madrid es una zona de paso amable o es depredadora de culturas?
Siento que Madrid es muy abierta y que siempre ha sido la casa de la gente que pensaba un poco distinto y que en sus pueblos no podía estar porque no se les entendía. Historias muy típicas. Igual políticamente no se ha entendido así y que haya un personaje como yo que piensa distinto de lo que es la idea que se tiene de Madrid, pues también es reivindicable: los madrileños no estamos obligados a ser lo que ha vendido el PP ni lo que ha vendido TV3. Los madrileños podemos reivindicarnos a nosotros mismos como otras cosas.

Decías en un clip para Spotify que siempre estabas intentando huir del personaje artístico que habías creado anteriormente. ¿Disfrutas en algún momento del presente?
Mi gente me dice que no soy capaz de disfrutar del presente. Y todos sabemos que la felicidad es el presente y es estar en el momento, ¿no? Todo el mundo lo dice. Y es verdad que es un modus operandi, el mío, un poco cansado para la gente de mi entorno; bueno, para mis amigos, porque son con los que trabajo. Una insatisfacción constante y una huida constante, un renegar todo el rato. Pero para mí eso funciona de motor. Es la gasolina principal.

¿Gasolina, para?
O sea, el respeto artístico... Todos estamos obsesionados con que nos lo den... Mi principal motor es de alguna forma renegar y querer actualizar quién soy realmente como artista. Y decir: “Esto yo ya no lo soy. Esto está patrás. Esto no es, ¿sabes?”. No estoy enamorado de esto, no lo hago. Lo necesito para vivir. Siempre necesito un proyecto que esté por llegar. De hecho, los días de lanzamiento, que normalmente deberían ser una fiesta, yo me repliego sobre mí mismo: siento que ya no tengo algo creíble que el mundo no conoce y que me va a cambiar la vida. Es lo que pienso siempre. Esa es como mi adicción.

Se habla mucho de tus acciones comerciales. ¿Aciertas tanto porque no descansas de buscar en lo que estás hoy?
Empecé a hablar del mercado, como han hecho muchísimos... De la necesidad de los artistas de sobrevivir, que parece una locura y debería ser lo más normal del mundo. Reivindicar nuestro puesto, de que la música urbana pasase, como finalmente ha pasado, a otro lugar. Como yo vine con ese discurso y como utilicé la comunicación no sólo para sacar canciones, pareció como que todo tenía que ver con eso. Y eso solo ha sido una parte: una cosa es eso y luego otra es el estudio, intentar que todo me lleve a estar en el estudio el más mayor tiempo posible. Si hago una canción voy a tratar que esa canción me dé otros seis meses de estudio.

"Para mí ha sido un ejercicio de salirse de la zona de confort y no ser yo el que tomase todas las decisiones, sino meterse con artistas de gran veladura con los que tuviese que lidiar".

¿De eso se trata?
De eso se trata. Hay un discurso emborronado de mi yo como creador, que hasta este disco no me he sacado de encima: soy mucho mejor compositor que director de marketing. De lo otro sé un par de trucos, pero son trucos rollo como el de “te quito la nariz” [se anuda el pulgar entre los dedos y lo acerca a la nariz]. No me he podido quitar el Sambenito hasta ahora. Ahora ha sido como “ah, vale, esto definitivamente va más allá de la mercadotecnia, es algo que tiene que ver con emociones y un conocimiento cultural”. Lo he dejado patente. Y luego, por otro lado, sí que hay un estar presente en mi vida: componer. Eso está radicalmente presente.

Aquello de no meterte a escribir cualquier cosa por mantenerse...
Me lo decía Drexler, una cosa entre otras muchas, porque yo a todos estos lo que hago es escucharles y darme cuenta de cómo soy yo gracias a ellos. Se sentía muy conectado a mí en el compromiso tan radical que tenía con lo que escribía. Yo no sabía qué significaba eso, y lo que significa es que no puedo escribir tonterías, cosas que emocionalmente no me conecten, ¿sabes? No puedo.

"Yo antes quería que me dieran mucho crédito artístico, pero nunca me había echado realmente al barro".

¿Lo mismo con la gente?
Yo no estaba metido en un grupo de artistas o he empezado a contactar con gente... No, yo con el único con el que contacté al principio fue con Paco [Niño de Elche] y el resto han sido artistas que se han ido adhiriendo, pero todo lo que hago viene de mi entorno, de mis amigos, que son con los que trabajo, de mi equipo creativo y de mi familia, por decirlo así. Desde las canciones que me ponía mi padre hace mucho tiempo, a la visión de Santos Bacana [Little Spain], gente a la que amo.

La apertura de tu yo hacia esos otros artistas es clave para el disco. ¿Cómo te sientes cuando estás con ellos?
Desde luego para mí ha sido un ejercicio de salirse de la zona de confort y no ser yo el que tomase todas las decisiones, sino meterse con artistas de gran veladura con los que tuviese que lidiar. Y también sobre todo de los que pudiese aprender.

¿Te sentías pequeño con ellos?
Este ha sido un movimiento muy egoísta. En el sentido de que no es lo mismo estar en el estudio con un músico de sesión que lleva dos años que con un tío que ha cantado con lo más grande y que ha tocado con lo más grande. Ahí hay una intención egoísta de aprender; siempre la he tenido. Nunca me he creído que yo... Lo que no tengo son recursos. Tengo buena intuición, pero yo ni soy intérprete, ni tengo conocimientos técnicos, ni de producción, ni de solfeo...

Cantas mucho más en este disco.
Ha habido un esfuerzo. Ha sido algo muy paulatino y lo que he hecho es ir yéndome lo más lejos de mí posible. Subir al ring. Para mí hubo un cambio con Elíades Ochoa, que fue el que viendo mi forma de trabajar, que es una puta locura, y acostumbrado a que la gente le llegara al estudio con partituras escritas... Me miró a los ojos y se quitó el sombrero y me dijo que “sí, que podía”. Ahí fue cuando empecé a atreverme en el estudio con cualquiera. Ese ha sido para mí el proceso del disco más heavy. Me ha hecho humilde, porque me ha hecho ver que yo antes quería que me dieran mucho crédito artístico, pero nunca me había echado realmente al barro. “Yo soy la polla, yo soy la polla”. Pero no lo he demostrado hasta ahora.

"Siempre hemos tenido un espíritu de autogestión. Y se sigue manteniendo".

Hemos vivido un momento rarísimo. Además, lo ejemplificaste muy bien con tus videos en Youtube en pleno encierro. ¿Te preguntaste si se podía ir a tomar por culo todo el proyecto de vida que habías construido?
No pienso que por circunstancias que no sean yo, mi papel como artista, vaya a cambiar nada. Siempre me tendré que adaptar. Creo que eso también es intuición: la adaptabilidad a los tiempos. Yo vengo de rapear con chavales en parques y he pasado a tocar en Sónar, ser tendencia, que me pongan en la radio. Ser renovador, ser main total, ser underground. He hecho todas esas cosas y me he adaptado a la situación que ya había. Esa adaptabilidad siempre me ha hecho pensar que yo tendré la culpa y la responsabilidad de seguir siendo un artista. Ser un artista es un juego que tú tienes con el sistema, de tal forma que tú no tienes que trabajar. Nunca. Es otra forma de trabajar, es otra forma de estar en el mundo. Nunca he pensado que las condiciones me iban a joder eso, porque siempre he ido a buscar el truco. Desde la excitación. ¡Salto de mi zona de confort y algo tiene que suceder! Y de hecho eso hizo que sacase “Bien:(“(20) y ahora “El Madrileño”.

Dices que las cosas tienen que cambiar desde la cultura, que los chavales tienen que tener referentes para poder hacer “lo que quieran”. ¿Pero cómo se vehicula eso a lo colectivo?
Tener ejemplos de nuevos paradigmas, de gente que cambia cosas... Es un discurso que he tenido siempre. Y creo que no he hecho un disco más colectivo nunca en mi vida. Creo que es el momento en el que más he reivindicado que yo curro con mis colegas y que todo mi beneficio en todos los sentidos: beneficio social, político, capacidad de influencia, dinero, capacidad de poder expandirte e intereses... Es para ellos. Puedes dejar una estela en el mundo, puede generar cambios en el mundo. Empieza por tu entorno, despacito. El mayor mensaje es que las condiciones de fuera dan igual.

¿Sí?
Nunca dan igual, siempre son relevantes y hay gente que vive sin el privilegio suficiente como para que las condiciones de fuera sean prescindibles y no pueden cambiar las cosas, pero en un 95% de los casos existen posibilidades. Este disco, mira cómo se ha hecho... Se ha hecho con personas de todo el mundo. Y yo con mis colegas. Yo compongo, Christian [Alizzz] produce, Victor [Martínez] produce y arregla. Nosotros mezclamos. Y a nosotros nos dan la pasta y elegimos dónde va... Siempre hemos tenido un espíritu de autogestión. Y se sigue manteniendo. Lo puedes llevar hasta “El Hormiguero”, ese espíritu. Creo que es un espíritu que los chavales en la música urbana lo han entendido y lo están ejecutando.

Ese espíritu vocacional acaba cayendo en derivados oscuros: la autoexplotación. ¿Qué le dirías a un chaval de veinte años para evitarlo?
Le diría que viajase y que ese término es de blanco con privilegios, porque una persona cuya familia ha vivido siempre en el campo y él vive explotado realmente, eso de la autoexplotación probablemente le haga gracia. Es un problema intelectual que surge en la izquierda. La autoexplotación es lo mejor que te puede pasar en la vida: que no te venga otro a explotar. Otra cosa es que no tengamos la inteligencia suficiente y que el sistema esté hecho para que tu audacia no lo supere. Vale, ahí buscaremos herramientas. Estoy de acuerdo con que hay que espabilar respecto al sistema, pero también estoy a favor de autoexplotarnos un poco si eso conlleva que nos hagamos más libres frente a otros.

Si todo sigue como parece, lo del directo va a estar jodido. Tendrás plan.
Veo dos formas.

¿Cuáles?
Mi tío Jesús Rico tocaba la guitarra y su hija Carola cantaba en las reuniones familiares... Era habitual que la fiesta fuese sentados en sillas y cantando a la gente. Pasaba en Nochebuena, en el cumpleaños de mi madre... Hemos construido las canciones con Víctor mamando de eso; él es el multi instrumentista que me lleva acompañando desde que compusimos "Un veneno", y ese plan se puede hacer en un formato muy pequeño y que se parezca a una sobremesa. Algo muy poco pro, pero con una calidez que me gusta. Cantar con mis amigos canciones que me gustan, no solo mías. Entre medias de una juerga y un campamento. Y luego la otra forma de hacerlo es esperar a que se puedan llenar estadios: un Wizink hasta arriba. O pequeño o gigante. Lo intermedio, no.

[Nos cortan la conexión] Al final fueron treinta minutos para entender “El Madrileño”.
Pues sí, la próxima que sea cara a cara y que tengamos más rato, ¿no? [Se sonríe]

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