Autor de clásicos de la ciencia ficción como “El hombre que cayó a la tierra”, “Sinsonte” y “Las huellas del sol”, a lo largo de su vida, Walter Tevis nos regaló una colección de novelas que también abarcaron otras temáticas, tal como en logros tan sobresalientes de trasfondo deportivo como “Gambito de dama” o “El buscavidas”. Precisamente, esta última fue llevada al cine de forma prodigiosa por Robert Rossen en “El buscavidas”, inolvidable por su personaje icónico personaje central, Eddie Felson “El rápido”, interpretado por Paul Newman.
Felson vuelve a cobrar vida entre los cuentos aquí incluidos, los cuales representan un sueño hecho realidad: tener acceso a las habilidades de Tevis en las distancias cortas del relato. Así, a lo largo de estas trescientas cincuenta y seis páginas de oro refinado, “El rey ha muerto” se perfila como una fuente inagotable de intensidad al respecto de temas centrales en la trayectoria del autor, donde su descripción de la soledad sigue sin poder ser igualada.
Seguramente, no haya existido jamás nadie que en el mundo de las letras consiguiera hacernos empatizar de tal manera con seres abocados a vidas marcadas por el auto aislamiento y la condición de perdedor. Así se vuelve a dar en estos cuentos, en los que somos partícipes de una ampliación exquisita del universo Tevis a través de historias demarcadas por su patente en modo sci-fi, pero también con relatos con el ajedrez y el billar e, incluso, invocaciones demoníacas como contexto general de una narraciones siempre crudas y amartilladas a golpe de humor negrísimo.
Con estos ingredientes, lo que siempre asoma a la vuelta de la página es una verbalización totalmente asumida del absurdo como forma de comportamiento normalizado. O cómo sería un cruce imposible entre el grotesco toporiano, la tensión invisible de Raymond Carver y el Roald Dahl de “Relatos de lo inesperado”. Lo que se entiende bajo lo excepcional de lo inaudito. Tanto como estos veintiséis cuentos, que subrayan la excelencia de uno de los entomólogos más audaces del comportamiento humano que nos brindó el cada vez más lejano siglo XX.

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