Este guiño entre colegas se va convirtiendo en cosa seria. Decíamos en 2016 que “Monolith of Phobos” el debut de este dúo (no tan) impensado entre Sean Ono Lennon y Les Claypool era el mejor disco que el líder de Primus había lanzado desde “Brown Album”, bicho raro en la discografía de la banda principal de Claypool, lanzado en 1997. “South of Reality” de 2019 confirmó sospechas –¡Qué temazo era “Blood & Rockets”!– y en este nuevo lanzamiento de nombre tan inabarcable como el imaginario lisérgico del dúo, los muchachos incluso mejoran conceptos y logran que su emprendimiento tenga a cada escucha algo más de identidad sonora.
The Claypool Lennon Delirium es un verdadero monstruo de dos cabezas: las ideas de ambos músicos se retroalimentan tal como sus personalidades, por cierto, a menudo la voz que se oye puede ser de cualquiera de los dos. Claypool va poco a poco “escondiendo” su característico sonido de bajo que, aunque sea cero camuflable, tiene a cada disco más visos de sonoridad comunitaria, lo que en un músico revolucionario como él se valora como un esfuerzo extra en favor de la canción.
El álbum transcurre con sus temas funcionando como actos de una obra teatral en la que el drama lo guía todo y lo tiñe de los colores del sentir: hay reflexión, puntos de vista e interrogantes en las letras y hay una música que se hermana a estas temáticas como cemento de contacto a una superficie lijada a la perfección. Las sonoridades, al igual que en los discos anteriores, traen de nuevo el misticismo hippie y los valores del progresivo, logrando dar a estas letras delirantemente existenciales, su vestido ideal.
La hora y pico que el disco dura se pasa con facilidad a pesar del peso de sus composiciones porque la dinámica que aporta el abanico de intenciones es de agradecer. Por ejemplo “Troll Bait” tiene una melodía muy Black Sabbath, pero la carencia de guitarras, las graciosas percusiones y la voz circense de Claypool la dejan en un apartado juguetón y alucinógeno. “Heart of Chrome” se mete en la profundidad de la emoción (“Cómo puedo ser real cuando no siento nada?”) que vibra entre el arpegio de la guitarra y el pulsar cortante del bajo.
“The Golden Egg of Sympathy” (feat. WILLOW) será posiblemente el que más disfruten los fans de Primus por su base funk, pero incluso así suena fresca y novedosa. En el cierre con “It’s a Wrap”, el Rhodes insistente de Lennon se hermana con el bajo con flanger de Claypool en un entorno de melancolía melódica para luego caer en una jam de interferencias con voces en idiomas indescifrables para volver con una nana diabólica en plan Oompa Loompas con pupilas dilatadas, atravesar el histrionismo de Captain Beefheart y finalizar luego del caos con el viejo truco del arpegio de guitarra y el bajo percusivo que nos despide del álbum como sacerdote de misa: podemos irnos en paz.
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