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Utilizar la palabra originalidad para describir una creación artística actual puede suponer una cierta osadía, pero no así referirse a esa capacidad para tomando diferentes elementos procedentes de otros tantos ámbitos lograr un producto peculiarmente atractivo. Algo de eso parece guiar a Purple Vellocet, cuarteto bilbaíno surgido del núcleo que formaba The Hooks y empeñados con esta nueva nomenclatura en dificultar notoriamente la opción de definir su contenido musical. Sentenciar que lo suyo es hard-rock clásico, con conexiones contemporáneas, sería acertar pero solo parcialmente, porque nada hay aquí que estrictamente remita a un ejercicio monolítico de estilo. Igualmente destacar la psicodelia o el rock progresivo como géneros definitorios de la banda sería exagerado, a pesar de que son expresiones básicas en el sentido global alcanzado por este debut homónimo.

Compuesto por solo siete canciones, se trata una decisión que dada la estructura que presentan cada una de ellas se muestra de lo más acertada. Su forma, sometida a diferentes cambios de ritmo y prácticamente integrada por estructuras diferenciadas, resulta lo suficientemente compleja en sí misma como para pretender apilar una tras otra sin el riesgo que eso comportaría en cuanto a una posible saturación. En esa adecuada proporción, cada uno de los temas asume la suficiente enjundia particular, ensalzando su personalidad, y al mismo tiempo se integra como una de las diversas caras que definen este conjunto poliédrico pero de ambientación común.

Los sonidos casi arabescos de hipnótica fuerza que abren la primera pieza del disco, “Acid Temple”, se identifican, junto a una voz cantante con espíritu predicador, como el acento por el que irán transitando riffs de la vieja escuela del hard-rock -la asociada a Led Zeppelin o Black Sabbath- , elemento éste más visible y menos alterado en la sólida “Blood Priest”. “Saturn Rings” igualmente cuenta con una obertura intensa y misteriosa que se irá consolidando bajo paso firme. En ese desarrollo destacará la aportación del saxofón, instrumento tan habitual en este álbum como llamativo por norma común en estos ambientes, además de uno de los diversos puntos que señalan el influjo de King Crimson.

En lo que los vizcaínos constituyen casi como una manera común de enfrentarse a cada tema, el primer tramo de “Void” se sostendrá en este caso por un valor más melódico -aunque igual de enigmático- que en su transcurrir irá enrabietándose. La “bukowskiana” “Chinaski” viene dirigida por un tenso bucolismo, con similitudes a las atmósferas de Explosions In The Sky, que desemboca en una elaboración retorcida y desquiciante, parámetros que se repiten en “Mother Porno”, destacada por su apoteosis eléctrica final.

Poseer un ánimo por alambicar y retorcer el concepto tradicional de “canción pop” es siempre un reto estimulante y arriesgado. Para salir bien parado de ello se necesita, cuanto menos,una notable calidad técnica y una mente creativa, cualidades que estos bilbaínos con su disco debut evidencian con claridad. Con esos mimbres, todavía más destacables correspondiendo a un paso iniciático, es lógico que el resultado sea un subyugante álbum que camina estable entre la potencia y lo sugerente.

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