Lo nuevo de Telaraña se titula “Volando en pedazos” y sale con Crazy Bat Factory Records. Se ve cierta distancia con su primer trabajo, allá por 2023, al que titularon “Angustia”, pero más cercanía con el epé que compartieron el año pasado, “Huesos y dientes”.
Para empezar, ahora son trío. Txarly Usher sigue encargándose de las voces y le acompañan Peibol, con quien también mantuvo el proyecto Opium Team, y Orkatz Ira, con quien también estuvo en Soma 101. El primero se encarga de la percusión, incluyendo sintetizadores y cajas de ritmos, y el segundo de la guitarra.
El trabajo, que recoge trece canciones, viene engalanado por una portada de aire distópico, casi apocalíptico. Una niña parece conversar con un ciclópeo robot. Todo esto en monocromía y enmarcado. Dentro, las letras se mueven entre lo crudo y espontáneo y la introspección más íntima, a menudo envueltas en la imaginería habitual que caracteriza el universo creativo de Txarly Usher. Destaca que, en ocasiones, se aprecia una vinculación indirecta pero palpable con la actualidad más urgente. En otras, como en “Sin ti”, triunfa lo directo y despojado, una letra explícita y sin aditamentos que destaca en comparación con otras del lote.
En cuanto a la música, se mantienen dentro de sus intereses habituales: en el espacio interregno entre el post-punk y el darkwave, aunque ellos son más suculentos en el uso de los sintetizadores y prueban varias gamas. Bandas que, a menudo, se han asociado con todos los proyectos de Txarly Usher, como The Chamaleons o The Lords of the New Church, podrían volver a ser invocados aquí. Sobre todo, The Cure, pero tienen matices con peso en el resultado final que también les alejan de estas referencias. En alguna canción, el eco de la guitarra me ha llevado a googlear otra vez el nombre de Tuxedomoon, a ver si lo estaba escribiendo bien.
Las trece canciones se mueven en torno a los tres minutos, a veces rebajando ese límite y en alguna ocasión alcanzando los cuatro. Todas tienen estructuras firmes, que, generalmente, comienzan con un prólogo a modo de ambientación que dura en torno a 13-15 segundos, o puede que, en algún corte, expandiéndose hasta el medio minuto. Algunas de esas intros, siempre sin voz, son luminosas (“Sin ti”), pero también las hay inquietantes (“Ciencia ficción”), acuciantes (“Sigo perdido”), abigarradas (“Cristal”), atmosféricas (“Volando en pedazos”) o aceleradas (“Tragando crisis”). Nunca entra la voz sin uno de estos prolegómenos que parecen asentar el tono de lo que vendrá luego.
En general, el disco desvela un acierto constante tanto en melodías como en armonías. Las composiciones juegan eficientemente con los contrastes de luz y oscuridad. Teclados y sintetizadores engarzan perfectamente con las líneas vocales y la composición general. Los sintes marcan gran parte del albor de las canciones, pero también destacan las guitarras, muy versátiles. Hay momentos en los que incluso hipnotizan, como en “Me muero de frío”, uno de los grandes logros de la colección, desde el punto de vista subjetivo del que escribe. El ritmo percusivo, a pesar de su naturaleza, suena, en ocasiones, orgánico y está muy bien incrustado en todas las capas de sonido que sostienen estas canciones. Es, en general, de nuevo, un disco dinámico y repleto de matices, con cavidades inhóspitas pero con salida a planicies radiantes y oreadas.
Con pasos cortos pero firmes, dentro de un compendio tan prolífico como ha sido la carrera musical de Txarly Usher, Telaraña sigue abriéndose camino y celebrando la sugerente mixtura artística de todos los involucrados en el proyecto. Esperemos que el fatídico título del álbum no sea el anuncio de un final.
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