“Escribir canciones es una forma de explicar el caos”
EntrevistasSanti Campos

“Escribir canciones es una forma de explicar el caos”

Eduardo Izquierdo — 23-04-2026
Fotografía — Archivo

Santi Campos celebra treinta años en la música con “Ruinas de Interior” (Rock Indiana, 26), un disco recopilatorio que revisita su trayectoria desde una mirada íntima y honesta, con la incorporación de alguna canción inédita.

Canciones que han crecido con el tiempo, cargadas de emoción, melodía y una sensibilidad muy personal. “Ruinas de Interior” es tanto un mapa de su camino artístico como un reencuentro con las ruinas y la belleza de lo vivido. Una celebración serena y profunda de tres décadas creando canciones.

Treinta años haciendo canciones. ¿En qué momento sientes que empezó realmente todo?
Por ser preciso, son treinta años publicando discos. Creo que llevo haciendo canciones desde mucho antes. Tengo un recuerdo muy vívido de hacer mi primera canción cuando solo sabía tocar dos acordes, intentando acoplarlos a un poema de Manuel Machado que salía en un libro de EGB. Creo que ahí empezó todo, lo que me hace pensar que posiblemente la primera canción que aprendí a tocar era mía.

“Ruinas de Interior” no es solo un recopilatorio al uso. ¿Por qué ahora y por qué así?
La idea de hacer un recopilatorio fue de Pablo Carrero, pero la de meter tantas inéditas fue mía. Creo que (todavía) tengo un montón de canciones bonitas que no han sido publicadas, esto solo es una muestra. ¿Por qué ahora? Treinta años es una cifra muy redonda, digna de celebrar.

"Si hubiera pretendido hacer algo a la moda, me habría salido un buen churro"

Al revisar tres décadas de canciones, ¿te has reconocido en todas o alguna te ha sorprendido?
Siempre he sido muy autobiográfico, lo cual hace que sí que me reconozca en todas, aunque en algunas no me identifique ya con el que cuenta las cosas ni desde dónde las cuenta. Digamos que, en algunas canciones, reconozco al que soy y en otras, recuerdo al que fui.

Dices que las canciones te salen solas. ¿Siguen naciendo igual hoy que hace treinta años?
He tenido algunas rachas de sequía durante estos años, pero cuando vuelve la inspiración siempre soy muy rápido en el proceso. Tanto la música como la letra salen como si ya estuvieran escritas. La única diferencia es que ahora soy más exigente en el control de calidad posterior, sobre todo con las letras.

Has pasado por varias bandas y formatos. ¿Qué te ha dado cada etapa que no te daban las otras?
Me gusta compararlo con etapas educativas. Malconsejo fue algo así como el instituto; Amigos Imaginarios la universidad y las etapas posteriores la, digamos, vida laboral. El hecho de que los cambios de formación siempre hayan sido resultado de mis mudanzas hace que nunca haya habido mal rollo, por lo que en todos los casos mantengo la amistad (y las ganas de volver a hacer cosas juntos, cuando proceda) intacta.

Muchas de tus canciones hablan desde dentro. ¿Escribir sigue siendo una forma de ordenar el caos?
Es más bien una forma de contar el caos, que es indomable, pero provee de mucho material. El caos es la vida misma.

El título “Ruinas de Interior” es muy elocuente ¿Qué tipo de ruinas te interesaba mostrar?
Quería usar la palabra “ruinas” en el título del disco, usado como antónimo de éxitos. Me parecía menos explícito y más poético que “fracasos”. El “interior” al que se refiere el título puede aludir a mi origen mesetario o al hecho de que mis canciones, como has apuntado antes, siempre hablan desde dentro.

¿Hay canciones que hoy entiendes mejor que cuando las escribiste?
Como suelo ser poco metafórico, la verdad es que la mayoría de las veces no dejo dudas de qué estoy hablando en mis canciones. Eso no quita que haya alguna frase que no pille ni yo, pero seguramente la entiendo tan poco como la entendía cuando la escribí, e intuyo que solo la puse porque me parecía bonita. Lo que sí que provoca el tiempo es el hecho de ahora no estoy de acuerdo con la visión de la vida que mostraba en algunas de las canciones antiguas, pero eso tiene todo el sentido: no ve la vida un chico de veintitantos en los noventa igual que un señor de casi sesenta en la actualidad.

Nunca has sido un músico de modas. ¿Eso ha sido una decisión consciente o pura intuición?
Ha sido incapacidad, ya que no sé hacer nada aparte de lo que sé hacer. Además, creo que, si hubiera pretendido hacer algo a la moda, me habría salido un buen churro que, aparte de no gustarme, no habría conseguido llegar a más gente. También pasa que, como consumidor de música, soy fan de los artistas pequeñitos, esos a los que les cuesta meter gente en las salas y a los que no llaman de festivales. Supongo que mi música es reflejo de lo que admiro en otros.

¿Qué has perdido y qué has ganado en estos treinta años en la música?
Perder, solo he perdido dinero, mucho dinero. He ganado el respeto de buena parte del gremio, un pequeño y entregado grupo de seguidores y un puñado de discos de los que me siento muy orgulloso y que están envejeciendo muy bien. Ah, también he conocido a la mayoría de mis amigos gracias a hacer música.

En directo sueles cambiar el repertorio según el lugar. ¿Necesitas sentir al público para que las canciones cobren sentido?
En esta gira, sí. Más que otra cosa, estos conciertos son un regalo para ese pequeño grupo de seguidores. Hay canciones que hace décadas que no toco, incluso algunas que nunca han sonado en directo, y esta es una de las pocas ocasiones en las que hay ocasión de escucharlas. También hay otra razón, y es que el hecho de llevar tantos años haciendo música hace que el favorito de mis discos sea diferente para cada persona, dependiendo de la época que haya descubierto mi música. Hay personas que solo me piden canciones de Malconsejo, otras que solo quieren de “Muñecas Rusas” y algunas me piden cinco o seis canciones de “La Alegría” en el mismo concierto.

Mirando atrás, con perspectiva. ¿De qué te sientes más orgulloso de todo este camino?
Musicalmente estoy muy orgulloso de mis discos, creo que son un buen legado, y un muy buen reflejo de una búsqueda constante, de un empeño en evitar el estancamiento. En lo personal, de todos los buenos amigos que he hecho.

 

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