Hay algo en la figura de Raimon que conecta con https://www.mondosonoro.com/artistas-musica/bob-dylan: su renuencia a verse fagocitado por su propio mito, su querencia por escapar de los clichés contraculturales, esa transversalidad intergeneracional de la que ambos prácticamente reniegan, siempre autoexigiéndose creativamente en carreras de larguísimo recorrido que no han querido quedar obsoletas, pagar incómodos peajes ni asumir ninguna deuda que no fuera con ellos mismos. De hecho, un servidor ni siquiera sabía que Ramon Pelegero había trabado una amistad tan sincera con el mismísimo Pete Seeger. Lo refleja excepcionalmente el periodista valenciano Miquel Alberola (veterano ex de El País, donde estuvo casi treinta años tras otros diez en El Temps) en un libro que se antoja el definitivo sobre el cantautor de Xàtiva: se nota que la confidencia entre biógrafo y biografiado es intensa, porque sus casi 400 páginas se leen como si fuera un autorretrato en tercera persona del propio Raimon, sin menoscabar las agudísimas reflexiones contextuales del autor sobre el clima cultural y político de la época, desde la oscura noche de la posguerra y el franquismo hasta la retirada del músico en 2017, pasando por nuestra descafeinada transición democrática, que alumbró purulencias aún tan enquistadas – está por ver que deje de ser electoralmente rentable – como el pueril anticatalanismo a la valenciana.
Desde ese punto de vista, se agradece que Alberola sea periodista de amplio espectro y currículo contrastadísimo, porque más allá de la disección de la obra, impera el cúmulo de relaciones personales y profesionales: su relación con Joan Miró, Jorge Semprún, Joan Fuster o Salvador Espriu (su intensa implicación en la recuperación de la obra de poetas como Ausiàs March es notoria), el papel pivotal que tuvieron las ciudades de Barcelona (primero) y París (después) en la proyección estatal e internacional de su corpus creativo ante la siempre contradictoria relación con Valencia (donde en tiempos del PP actuó menos aún que en plena dictadura), sus fascinantes giras por el Japón, sus discordancias con algunas discográficas (empezando por Edigsa) y el indispensable apoyo brindado siempre por su pareja y manager, Annalisa Corti (alucinante el episodio de la visita de Ricardo Muñoz Suay y Rafael Azcona para disuadirle al inicio de su relación), son aspectos abordados por el autor en un relato que no da puntada sin hilo, y que desentraña el irrepetible perfil de un artista pionero y mucho más poliédrico de lo que a simple vista parece.

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