El 2022 fue un año de muerte y resurrección para M.I.A. Un año en el que Maya abrazó el giro definitivo hacia el cristianismo y lo corroboró dando vida a “MATA” (Island Records, 22) como álbum. Durante ese mismo año la artista se sumergió en una gira de conciertos, casi a modo de ritual, en los que una enorme cruz alada presidía el show mientras que esta se arrodilla frente a ella mostrando su absoluta devoción. Desde entonces, Maya se prometió una única cosa a sí misma: dirigir todo su esfuerzo y visión creativa a construir una nueva comunidad de fieles que representara su nueva postura ante el mundo. Abandonaría así su posición crítica y crecería hacia la protección refugiándose en lo espiritual por encima de cualquier cosa. Y es ahí donde aparece Ohmni como marca personal, a través de la que firma la completa independencia e inicia libremente su proceso de evangelización. “M.I.7” llega a nuestras manos, por lo tanto, como una herramienta divina de todo lo expuesto. Un séptimo álbum en forma de pieza sagrada en la que volcar el motivo de su desconexión con la realidad para priorizar la fe.
Apoyada en una narrativa apocalíptica, M.I.A. va atravesando las siete trompetas del apocalipsis hasta alcanzar la plenitud. “When you think M.I.A is done and Satan puts a full stop. God puts a comma and says to be continued", narra en “Jesus” bajo la producción de Swick, con el que colaboró en "MATA”, y la participación de Sunday Service Choir, aquel coro góspel al que dio vida Kanye West cuando lanzó su “Jesus Is King”. “M.I.7” funciona casi como uno de esos folletos que te reparten por la calle para llevarte a cualquier celebración religiosa que ocurra en el momento. Pese a tratarse de una obra muy personal para Maya, es cierto que la literatura y las reflexiones que residen en ella se quedan bastante pobres. La totalidad del discurso se centra en el refuerzo de la importancia de la palabra de Dios, referencias bíblicas, la búsqueda de la salvación… Jugando todo el tiempo al héroe y al antagonista. Y es que pocos son los momentos en los que Maya expone realmente su viaje interno y su crecimiento espiritual de una forma cercana, realista y humana (“My mind, body, spirit is calm”).
Pese a que la producción no es la mejor que hemos escuchado a M.I.A y que hay un reciclaje de temas pasados (a pesar de la corta duración del disco si eliminamos los interludios) ya que “Sacred Heart” es una revisión de “Un Nenju” de 2023 y “Prayer 777” de “Armour”. La verdad es que el juego de beats pesados junto a coros e instrumentación celestial a veces funciona y tiene su aquel. Canciones como “Circle” nos hace pensar que otro álbum habría sido posible, “Money” nos coloca en una M.I.A. más clásica y el bloque en tamil de “Sacred Heart” narrado por su madre nos enamoró. Kala aparece brevemente para cantar “Ellaam Yesuvae”, un himno cristiano tradicional tamil que significa “Jesús es todo”. Además, sí que hay algo de crítica político-social en el disco cuando en “Money” se cuestiona aquello de “Does money make you happy? Does money kill poverty?” o cuando compara Ohmni como marca a Nike en “Ride The Sky”: “Yeah, Ohmni for the satellite, we ain't like Nike. I'm not polite, I gon' kill a parasite”.
El álbum se ha grabado en Etiopía, Egipto, India, UK, Grecia y Australia. Pero parece ser que al final lo que más ha marcado el resultado definitivo ha sido su paso por el estudio de Rick Rubin en Malibú, tristemente. La verdad es que nos habría gustado que “M.I.7” no se quedara solo en un disco de lucha del bien contra el mal. Habría sido interesante conocer mucho mejor el viaje iniciático de Maya y que, además, se hubiera reflejado en el disco la pluralidad cultural con el que tanto lo vende. Así que invitamos a M.I.A. a aprovechar los treinta minutos de silencio de cierre de la obra para pensar y meditar sobre ello.
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.